Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

27 diciembre 2011

27dediciembre

10de2011

Ya que ningún suplemento cultural me pregunta cuales son las mejores lecturas de este año que acaba, tomo la iniciativa y os la cuento por riguroso orden alfabético de autor:

José Ángel Barrueco. Vivir y morir en Lavapiés. Escalera. 2011.

Dan Fante. Chump change. Sajalin editores. 2011.

Patricia Highsmith. Carol. Anagrama. 1991.

Patricia Highsmith. La casa negra. Alianza Editorial, 1994.

José Infante. El dardo en la llaga (Poemas porno satíricos). Ediciones Vitruvio, 2011.

Antonio Jiménez Paz. Zoo sin fauna (poemas escogidos). 23 escalones e-ditores independientes, 2011.

Pedro Lemebel. Loco afán. Anagrama/La Página. 2009.

Horace McCoy. ¿Acaso no matan a los caballos? El País serie negra, 2004

Diego Moya. Mañana, otra vez. El quid ediciones. 2010

Raymond Queneau. Zazie en el metro. Marbot. 2011.

20 diciembre 2011

20dediciembre

No tengo remedio. El otro día inauguré mi bibliotecaHigsmith y la coloqué en un sitio predominante de mi salón. Y sólo estoy a ocho libros (8) de completar mi bibliotecaHighsmith. A saber: Las dos caras de enero, El grito de la lechuza, El diario de Edith, Gente que llama a la puerta, A merced del viento, Los cadáveres exquisitos, Una afición peligrosa y Miranda the panda is on the veranda (ese libro infantil que se cotiza a 300 euros y que cualquier buena persona puede regalarme con amor).


En breve, noticias sobre mi bibliotecaBurgess.

13 diciembre 2011

13dediciembre

en el metro



Suelo leer en el metro. Uno de los últimos libros que he leído ha sido Zazie en el metro de Raymond Queneau (Marbot, 2011). Llevaba detrás de esta novela mucho tiempo. Tanto que ya ni recuerdo que libro me había llevado a ella. Porque así es como elijo los libros. De uno sale otro, de otro sale otro más, y el camino es infinito. Busqué esta novela por todos los lados, incluso por librerías de segunda mano, pero no tuve suerte. Hasta que vi una foto de la librería Tipos infames la novela que tanto he buscado, junto con la reinterpretación de Demipage de sus Cien mil millones de poemas.
He seguido los pasos de Zazie en busca del metro mientras viajaba, en metro, por las entrañas de Madrid. Es curioso. Me monto todos los días en el metro, voy, vengo, y a veces voy y vengo otra vez. Y Zazie va a París, esa ciudad que hay que revisitar, y su ilusión es viajar en el metro. Pero hay huelga, y Zazie se enreda en la ciudad, persigue, escapa, se esconde, camina por París, y no puede entrar en el metro. (Lo cierto es que hay un par de capítulos inéditos en los que Zazie entra al metro, pero a mi me gusta que no pueda entrar).
La novela es, desda la primera palabra (peroquienapestasí), deliciosa, ágil, llena de vitalidad, delirante. Queneau juega con el lenguaje como nadie. Y la traducción de Fernando Sánchez Dragó (sí, Sánchez Dragó) mantiene el nivel en castellano.
Ha valido la pena encontrar esta novela, descubrirla, tener la certeza de que se puede escribir de otra manera, saber que se puede disfrutar de una novela como si fuera de la vida misma. Lean Zazie en el metro, y después vayan a París e imaginen que son Zazie. Si no es posible disfruten de la película, basada en la novela que hizo Louis Malle.

09 diciembre 2011

9dediciembre

Noches

Pensaba relatar, en este blog, la tristeza de mis vueltas a casa. Mi salida del trabajo. El pequeño paseo por las calles, atestadas de gente, del centro. Como me veo reflejado en los serios y tristes rostros de la gente del anden de enfrente. Como me afecta el silencio de los vagones de metro repletos de cuerpos humanos. Quería mostrar la oscuridad y el vacío en la que se sume mi barrio (que no mi calle) a esas horas de la noche.
Pero justo la noche que iba a escribir sobre ello decidí cambiar el habito. Después del pequeño paseo por el centro me pasé por Tipos Infames, esa librería que no deja de aparecer en la prensa. El lugar estaba lleno (para variar), así que pedí mi copa y me senté en una mesa. Esta decidiendo si iba a leer El temblor de la falsificación de Patricia Highsmith o a escribir un poco (en plan escritor bohemio que se inspira ante una copa de vino) cuando apareció Margarita y le invité/se invitó a sentarse conmigo. Siempre es un placer encontrarte con alguien por sorpresa y tomar una copa mientras se habla de esto, de lo otro y de lo de más allá. Bueno, primero una copa (en la mesa) y después otra (en la barra, cuando la librería ya había cerrado en compañía del infame número uno y del infame número tres), hablando de Zazie en el metro de Raymond Queneau, de Boris Izaguirre, de la editorial libros del k. o., de la vida en general, de nuestra vida en particular y de alguna vida ajena. Después fuimos a tomar unas cañas a uno de esos sitios que no son modernos, pero están llenos de nosotros. Mientras hablábamos y bebíamos cañas la voz se me fue apagando y el queso fundido del sandwich que estaba comiendo se abrazaban a los hierros que tengo junto al cielo de mi boca (qué bonito suena el cielo de mi boca y qué fácil es tocarlo con los dedos). Después cada uno nos fuimos por nuestro lado. Caminé junto con el infame número tres, que llevaba una de las novedades de Periferica en el bolsillo del chaquetón, hasta el metro de Tribunal. La gente no había cambiado de una noche a otra; la tristeza estaba en sus ojos, en sus caras. Ni siquiera en las caras levemente alcohólicas se disipaba de todo ese sentimiento. Ni siquiera a mi mirada, levemente distorsionada por el alcohol, se le escapaban los rasgos tristes que la vida acumula en nuestros rostros. La teoría del espejo sigue funcionando a pesar de todo.
Cuando salí del metro en mi barrio lo descubrí invadido por la niebla. Estaba oscuro, pero la niebla, profunda y blanca, daba a la escena una sensación diurna y misteriosa. Esa noche era diferente. Quizás esa era la señal de que la vida, a partir de ese momento, podría ser diferente. Un signo de que puedo tomar las riendas para que todo cambie. El jueves, de alguna manera, se confirmó este hecho; el cambio es posible (si yo quiero).

06 diciembre 2011

6dediciembre

hermano



Cuando José Luis Serrano (aka elputojacktwist) me mando su nueva novela Hermano (Egales, 2011) la cogí entre mis manos y leí la contraportada. Me entró un poco de miedo; me hice mis coordenadas mentales y pensé que no me iba a gustar. Pensé que iba a leer una novela de descubrimiento sexual con un nativo asiático, birmano en este caso. Había leído por ahí que el libro no tenía ninguna escena sexual, pero no las tenía todas conmigo. Hace unos meses ya leí una novela con mucho sexo ambientada en el sudoeste asiático; Un ángel disfrazado de fantasma (bubok, 2011) de Jesse Gray y ya me había quedado satisfecho con la experiencia. No me apetecia repetir.
Así que comence a leer Hermano con cierto temor, con miedo a encontrarme una escena de sexo en la primera página, en el baño del aeropuerto. Pero, para mi sorpresa, me encuentro con un libro totalmente diferente al imaginado. Hermano es un libro escrito con delicadeza, que habla del amor con letras mayúsculas, que explora ese sentimiento entre el turista y el nativo que es superior al amor y el deseo. Ambos sentimientos están ahí, entre los protagonistas, pero también están la amistad, la complicidad, y las necesidades de los personajes; el turista necesita un guía, un protector y el nativo necesita un benefactor, una fuente de ingresos. Y todo esto junto puede ser un coctel tremendo. Con todo esto se puede construir una novela obvia, ramplona, llena de lugares comunes o se puede escribir una novela bella, llena de detalles, una novela sensible, digna de esas películas clásicas donde la actriz de Hollywood vivía aventuras en tierras africanas. Hermano es como estas películas, mejor que estas peliculas.
Hay un par de pasajes en esta novela realmente increíbles. Uno lo protagoniza un recepcionista de un hotel que intenta hacer lo que el turista espera de él, y se queda con las ganas. El otro lo protagoniza una gota de sudor a lo largo del cuerpo de un nativo; la escena más sexual de una relación en la que los protagonistas a penas se tocan.
Sin duda es una de esas novelas que hay que leer este año, y releer el año que viene.

28 noviembre 2011

29denoviembre

tres autores en busca de editor

¡Qué bonito es ser escritor en busca de editor en la España del siglo XXI! No hay nada más agotador y decepcionante. ¿Quién puede querer mi novela, mis cuentos o mis poemas?, se pregunta el autor en cuestión. ¿Dónde puedo hablar con un editor cara a cara sobre lo que le he enviado? A veces la búsqueda es exasperante; tantos editores y ninguno para mi.

Ha dado la casualidad de que tres escritores se han encontrado en la misma situación en el mismo momento. Y uno de ellos(este que habla) ha decidido unir esas tres voces en una voz. Así que, atención amigos editores y lectores también, aquí van las propuestas (una novela, un libro de cuentos y un poemario) de este trio de escritores.
La novela la ha escrito Marina Sanmartín (aka conocida como la Fallera Cósmica). Se titula El principio del desierto. Podéis encontrar información sobre la novela en un blog que ha abierto para su difusión y más datos de la autora en su blog la Fallera Cósmica. Sólo recordar que su blog la Fallera Cósmica, recibió el premio Revista de Letras a Mejor Blog Nacional de Creación Literaria 2010 y que después se publico en la editorial Baile del Sol.
He tenido la oportunidad de leer la novela durante un viaje en El expreso de la Robla (no pudo haber mejor lugar). Es una novela al mas puro estilo de la novela negra con influencias de Patricia Highsmith, una novela misteriosa, llena de claves que se van desvelando página a página. Es una novela que roza la perfección tanto estilísticamente como estructuralmente. Y además es una novela delicada con la que se puede disfrutar página a página. No sé que le pasa a los editores que ya han leído la novela que no se deciden a publicarla. Es posible que después se arrepientan. De momento el primer capítulo se puede leer aquí.

Los cuentos los ha escrito Raúl Portero. El libro se titula Animales heridos. Y tiene una portada, estupenda y clarificadora. Podéis encontrar aquí un fragmento de sus cuentos y más información sobre el autor. Sólo recordar que con su primera novela La vida que soñamos, que se esta traduciendo al italiano, ganó el premio Terenci Moix de Novela 2008.




He seguido la transformación del libro a la largo de los últimos meses, Raúl nunca deja de darles vueltas a sus libros, y el resultado es un análisis desolador de la realidad de los jóvenes de nuestro tiempo. Desolador y triste, se puede resumir así, pero con un lenguaje tan real y tan cercano que abruma. Muchos de esos cuentos me gustaría firmarlos a mi. Y tiene mucho sexo, mucha frustración y mucho dolor. Un coctel perfecto
Aquí hay un pequeño ejemplo, atentos amigos editores, de lo que se puede encontrar entre sus páginas:

Estás cansado de las mentiras que se esconden detrás de unos besos y de unos abrazos, de que después de soltar una buena corrida en el vientre de cualquiera a todo el mundo se le vaya las ganas de conocerte. Estás cansado del si nos liamos vamos a estropear una amistad para toda la vida, del vives demasiado lejos o es que trabajas los fines de semana, de eso de que eres demasiado bueno para mí y yo simplemente no estoy a la altura; cansado del tienes todo lo que busco en un tío pero no estoy preparado para tener una relación, más cansado aún de es que tengo novia, del no soy marica aunque me encanta comerte la polla; estás cansado de escuchar eso de no he notado ese click que me haga sentir que es importante que tengamos una segunda cinta y más cansado aún, agotado, del te has imaginado cosas que no son.


Luís. Animales Heridos.

Los poemas los ha escrito Iñaki Echarte Vidarte (conocido en este blog como unextrañoenmd, o sea yo). No he ganado ningún premio, pero manejo un blog personal y este blog que estáis leyendo. Mi último poemario se llama optimístico, y, en la linea del anterior Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco (Vitruvio, 2011), ataco a todo lo que se me pone por delante; en este caso al concepto del amor y de la felicidad. Tal como suena, pero optimístico, si es que eso pude ser. En mi linea, nunca mejor dicho. Aquí les dejo, a los editores y a los lectores un poema inédito como muestra:

tu tristeza es una leve

renuncia a la realidad

inmerso en ella te

sientes seguro lejos de las

tentaciones posmodernas de

enemigos (tristes también)

zero pasión nula implicación

aislado solo (y un poco menos feliz de lo permitido)

estás triste (y muy solo sí) no

tienes nada más allá de ti

estás tú y lo que puedes tocar

rey de tu reino imaginario

no deseas nada más que lo que tienes

adoras tu tristeza (tan tuya) porque te da miedo todo lo demás


Para todos aquellos editores, lectores y demás interesados en nuestra obra y en nuestra persona los tres autores ponemos a vuestra disposición nuestros correos o perfiles en redes sociales, que de todo tenemos. ¡Gracias por leernos!

22 noviembre 2011

22denoviembre




El Sr. Mijangos me dice, siempre que le cuento lo que estoy leyendo, que me gustan los depravados. Esto pasa cuando leo a Burgess, a Highsmith, a Genet, a Bowles (ella y él) o a Spender. Pero se olvida que también me gusta esa literatura tan triste que te devasta y te vacia de cualquier sensación/sentimiento. Esto ocurre cuando leo a Gómez Arcos, a Cernuda, a Carver o a Arenas. Es cierto que a veces algunos de estos autores son ambas cosas: deparavados y tristes. Y también es verdad que alguno de ellos no dejaba de pelearse con esos tres dientes que se le caían tres veces por semana.
El otro día termine de leer uno de esos libros tristes y extraños que te dejan un sabor entre dulce y amargo en la boca. Y no es de ninguno de los autores antes mencionados. Es un libro que poca gente habrá leído, pero que esta lleno de tristeza y de un enigma que nunca se soluciona. Así son los grandes libros; te dejan una gran pregunta en la cabeza de la que nunca te vas a poder esconder y a la que nunca vas a poder responder.
El libro se llama Mañana otra vez, y el autor es un almeriense del 74 llamado Diego Moya. De los 14 cuentos el más inquietante es el titulado Plaza Urquinaona, un lugar en el que el protagonista encuentra un grupo de soldados de plomo que "querían venirse al país de la realidad, que estaban atrapados en los cuerpos prometidos y en las mentes que les regaló el hombre del parking", una plaza de una ciudad, Barcelona, "que ya no está en los mapas".
Por los cuentos de Moya desfilan, silenciosos y flotando, personajes cotidianos e insatisfechos que deambulan por un mundo que no está hecho a su medida. Uno de sus cuentos se llama Soledad y en el desgrana a esa gente sola, "...tanta gente sola".
El Sr. Mijangos me miraría con cierta cara de desaprobación si dijera que he disfrutado de este libro. Y yo, para cambiar de tema le diría que tengo ganas de leer su próxima novela. ¿Cuando podré hacerlo, Sr. Mijangos?

17 noviembre 2011

17denoviembre

No he vivido en Lavapiés, pero he vivido Lavapiés.




Entre las múltiples mudanzas que he tenido desde que vine a Madrid hace (tantos) años no he tenido casa en Lavapiés, excepto aquella vez que pasé dos semanas en casa de mi amiga Mónica, en la calle Salitre, mientras esperaba entrar a vivir a un piso al que al final no pude entrar. Pero esa es otra historia. Si que viví en la plaza Tirso de Molina, en aquel minúsculo piso, con Jose Miguel, que ha sido tantas cosas en los últimos años que se hace imposible una definición precisa. Él ha ilustrado la portada de dos de los tres libros que he publicado, y eso es mucho decir, por lo bonitas que han quedado y por las molestias que siempre se ha tomado para hacer un trabajo perfecto. Cuando vivía en ese piso tenia una vista magnifica de la plaza, de sus obras y de su gente y me gustaba entrar en Lavapiés e ir bajando hasta la plaza como si fuera un turista (nunca he dejado de ser turista en Madri, un extrañoenmd). También viví una temporada en la calle de La Ruda, que es la Latina, lo sé. Pero cuando vivía allí y me quede sin trabajo encontré en Lavapiés la solución a mi inactividad (y un poco a mi economía también, aunque no mucho). Estuve trabajando durante una temporada en el café Barbieri. Me acuerdo de Dora; ella era la mujer más maravillosa de Lavapiés, pero acabo desapareciendo de Lavapiés (y de Madrid). Me acuerdo de ese alemán lleno de músculos que tanto me imponía al principio y con el que tan buenas migas hice después. Me acuerdo de las leyendas acerca de los sótano y las señoritas que llevaba allí Alfonso XII (¿O era Alfonso XIII, no sé). Recuerdo que se murió el dueño y que el Barbieri siguió con las puertas abiertas como si nada. Recuerdo que trabajé con un actor que tenía un personaje episódico en El internado. Me acuerdo que una vez al alemán le robaron nada más cobrar la paga semanal. Recuerdo que la calle Primavera olía a pis y que aquello me parecía lagranparadoja. Recuerdo que atendí a Luis Antonio de Villena en la terraza. Recuerdo el sabor de sus tartas. Y sé que ese tiempo no volverá. Que ahora que vivo en un barrio más alejado apenas pongo el pie en Lavapiés. A no ser que mi amiga Aida me arrastre a tomar un gintonic una noche entre semana.
Y tengo que volver a Lavapiés, a visitar a amigosnoolvidados, a ver a mi exgato, que trasladó su domicilio allí. Tengo que volver a la calle de La Rosa. Tengo que volver.

Cuento todo esto, vuelvo a estos recuerdo, a causa de un libro que acaba de publicar José Ángel Barrueco, Vivir y morir en Lavapiés (Escalera, 2011). Jab me ha convertido en un personaje del barrio como si conociera todas estas historias que acabo de contar. Pero no las sabe, nunca se las he contado. Por esa me asombra la autenticidad de esas seis lineas que protagonizo.


Y es que ser protagonista, aunque sea episódico, de esta novela es un honor. Vivir y morir en Lavapiés es una novela trepidante y, sobre todo, muy real. Tan real que algunos de los episodios se parecen asombrosamente a algunos de los que viví yo mientras caminaba por Lavapiés. Esas mujeres asomadas al balcón, esos moritos que te ofrecen droga en las esquinas. Esos indios que te invitan a comer en sus restaurantes. Esos borrachos sentados en la plaza. La calle Argumosa. Vivir y morir en Lavapiés tiene todo eso y más. Hay que leerla, sentirse (de nuevo, por primera vez o por siempre) en el barrio. Meterse en la piel del vecino Jab y disfrutar. Sobre todo disfrutar.

Y recuerdo, más recuerdos, que en algún momento escribí un cuento sobre el barrio, Hugo y Amed en Lavapiés, que alguna vez dejé mi propia visión de ese barrio que siempre echaré de menos y que ese cuento es uno de mis preferidos.

10 noviembre 2011

10denoviembre

No siempre las cosas salen bien.

La ficción (y la realidad ficcionada) me ha hecho mucho daño. Siempre he deseado que en mi vida ocurriera lo que ocurre en los libros que leo. Ser de repente esa inocente Carol (Carol de Patricia Highsmith) que inicia una aventura que le lleva al éxito y dolor, porque lo que le ocurre es vida y en eso consiste. O ser Elsie (El hechizo de Elsie de Patricia Highsmith) encantar, enloquecer a la gente que te rodea y morir a sus manos. O estar al lado de Elsie, conocerla, enloquecer por ella, disfrutarla y continuar viviendo a pesar de todo. Ser Paul Bowles y viajar por Marruecos grabando canciones tradicionales (Cabezas verdes, manos azules), conocer a Jane, vivir con ella sin comprenderla, verla enloquecer sin cambiar el gesto, sobrevivirla, tener un loro y escribir El color púrpura. Ser la propia Patricia Highsmith y escribir novelas perversas, parecerse a un gato al envejecer y vivir-escribir Venecia. Ser Jane Bowles, no saber vivir, escribir una gran novela única y morir en Málaga. O ser Anthony Burgess, vivir siempre pendiente de tres dientes, escribir Poderes terrenales y Enderby por dentro, dos novelas imprescindibles y necesarias, y ser un hombre feo y desastroso en la vejez.
Ser, de repente, otro y que todo salga bien. Incluso cuando todo parece ser un desastre, una tragedia griega, pero en realidad todo es emocionante (para el que no lo vive, para el que lo observa desde el exterior, para el que no lo vive pero lo desea -el eterno dilema entre realidad y deseo del gran Cernuda-).
Es inquietante eso de querer ser otro, de no conformarse con ser uno mismo. A veces, como escritor, sueño con ser periférico, o maldito, o minoritario, con ser un autor diferente a los demás, que es de lo que se trata. Un autor debe jugar a ser él mismo. Y ganar. Sólo puede ser así. Escribir (aunque a veces no se escriba una palabra durante meses), publicar (aunque a veces no merezca la pena), leer lo que se escribe en actos públicos (aunque el público sea muy reducido), encontrarse por la calle o por recitales y presentaciones (aunque siempre es preferible encontrárselos por las calles) con sus compañeros de fatigas.
Nuestra vida es así, transcurre entre la pantalla del ordenador, los encuentros casuales entre iguales, la traducción simultanea de la realidad a pura ficción, las lecturas (entre emocionantes y decepcionantes) de los compañeros de generación y los maestros y la mirada curiosa a nuestro alrededor. Imagino que la vida del escritor es así porque mi vida es así.
Pero existen otras vidas, e intento imaginarlas. Vidas de personas con las que he cruzado mis pasos por las calles de Madrid. Escritores a los que miro con una mezcla de estupor y deseo, envidia y desolación (oscilando entre estos sentimientos según mi estado de ánimo).
Imagino como puede uno sentirse siendo una marca y dedicandose a, entre otras cosas, diseñar zapatos (Espido Freire), haciendo una gira por EEUU, dando conferencias y cenando con premiosnobeles (Eugenia Rico), teniendo 20 años y teniendo una columna en un periódico y un texto en un libro de la ESO (Luna Miguel), escribiendo tantos prólogos al año que podrían ocupar 500 páginas (Luis Antonio de Villena) o cuando tu nombre es citado en una serie de Tele5 y encima no es para bien (Lucia Etxebarria).
Me pregunto como puede sentirse uno así, pero, curiosamente no suelo refugiarme en sus libros, en sus ficciones. Los libros en los que me pierdo son de otros autores cuyos caminos vitales fueron más complicados, autores a los que las cosas no les salieron del todo bien y que, a pesar de todo, sobrevivieron.
A mi las cosas no me salen mal, pero tampoco puedo decir que me salgan bien, así que cuando me preguntan, aunque siempre me tienta decir que me va mal siempre digo que me va bien.
Me va bien, estoy atrapado en los túneles del metro de Madrid, de Bilbao a Puente de Vallecas una y otra vez, y viceversa, escribo son mi mirada (a veces sin necesidad de bolígrafo o teclado), me refugio en las palabras de Highsmith, Burgess y los Bowles como si con esa obsesión, con sus aventuras y desventuras, tanto ficticias como reales (siendo las reales igualmente de ficticias), pudiera salvarme de la vida, a veces tan absurda y tan miserable, me autodenomino como huérfano de cernuda (así, en minúscula) con la intención de sentirme parte de algo, porque, al fin y al cabo quiero parecerme a alguien, aunque sea un reflejo impreciso, levemente ficticio, pero real al fin y al cabo.

06 noviembre 2011

6denoviembre

Tiendo a la tristeza.
La acumulo con paciencia en mi interior, la mastico y, por las mañanas, la escupo sobre mis manos.
Tiendo a la tristeza en mis brazos.
Y salgo a la calle con los brazos extendidos, mostrándola sin pudor.
La gente me mira, lo sé. No me importa.
Pero el paseo siempre se acaba pronto.
Vuelvo a casa, me quito la tristeza de encima sacudiendo los brazos, escribo un poema (siempre el mismo) y vuelvo a fabricar tristeza.
tiendo a la tristeza. No puedo evitarlo.

18 agosto 2011

madrid, agosto 2011

Siempre suelo ser precavido. Prefiero no pronunciarme sobre un tema a hacerlo. Pero a lo largo de esta semana mi paciencia se ha acabado.
De alguna manera mi relación con Madrid es extraña. Por un lado me gusta y por otra la detesto. Hoy no tengo palabras para expresar mi relación con la ciudad durante estos días. Pero voy a intentar verbalizarlo en este blog que estaba desierto desde hace unos meses.
He visto mi espacio de agosto invadido por una marea de personas vestidas con camisetas amarillas.
He sufrido el calor, el olor y el sonido de los cánticos en el metro (47, 50 euros al mes, por mi parte) al ir y volver de trabajar. En cierto momento he sentido cierto temor por la cantidad de personas que había en el anden de la zona centro de la ciudad.
He tenido que cambiar mi ruta de viaje. Ayer el autobús urbano, que suele pasar por Paseo del Prado y Paseo de la Castellana pudo pasar por Alfonso XII, pero hoy ha tenido que ir a Atocha, dar marcha atrás, rodear el Retiro, adentrarse en el Barrio de Salamanca y volver, otra vez Sobre sus pasos para retomar su trayectoria original.
No me gustan las aglomeraciones y hasta hoy he podido evitar (en mayor o menor medida) huelgas salvajes de metro, celebraciones del orgullo gay, manifestaciones multitudinarias, celebraciones futbolisticas y acampadas en sol.
(Incluso puedo disfrutar de Pamplona, la ciudad en la que nací, en Sanfermines, llenas de extranjeros borrachos al limite y cánticos por todas partes.)
He visto una marcha laica obstaculizada por peregrinos rezando de rodillas.
He visto como alguien le arrancaba de las manos de Shangay Lili una bandera gay y la tiraba al suelo.
He visto como gente de la marcha se quedaba en Sol azuzando a la policía mientras el resto terminaba la marcha en Tirso de Molina.
He visto como no dejaban besarse a parejas ante el paso del Papa.
He visto como se ha besado una pareja y no ha pasado nada.
He visto como los medios tergiversan las noticias a su antojo.
He escuchado decir que desean que los que se han alejado de la iglesia se vuelvan a acercar a ellos, pero no escucho una razón convincente ni veo un cambio en los preceptos morales que me hicieron alejarme.
He visto a todo la clase política agarrar la misma mano sin rechistar.
He visto tantas cosas... que me dan ganas de gritar. Quiero que llegue el lunes y vuelva esa Madrid que se ha ido, aunque me temo que no volverá, que ya sólo podremos escribirlo en pasado. Algo ha cambiado y estas jornadas con visita papal han sido el punto de inflexión de la caída al abismo.

18 mayo 2011

18demayo

Después de salir de trabajar hacia tanto fresco que nos hemos tenido que poner un jersey. El mío era negro.
Al llegar a casa me siento ante el ordenador y decido convertir, desde este momento, este blog en un desierto. Así sea.

09 mayo 2011

9demayo

quiero contar mucho pero la vida real me va poniendo impedimentos/me empeño en aventuras que no necesito y no me queda tiempo para lo realmente importante/¿qué es lo realmente importante?/he leído algunos libros que ya he olvidado. así que he vuelto a patricia highsmith. leo suspense (mosaico bolsillo, 2010) y me doy cuenta de lo importante que es la disciplina/por mi parte yo estoy algo disperso y así es imposible pasar del capítulo dos/prometí no comprarme más libros, pero he descubierto en berkana una edición argentina de loco afán de pedro lemebel (anagrama/la página, 2009)/y además jesse gray me ha mandado su novela un ángel disfrazado de fantasma (bubok, 2011), una novela llena de "romances fugaces, sexo casual y mucho tiempo para reflexionar" que transcurre en el sudeste asiático/la realidad se está convirtiendo en una pesadilla. cada día confió más en la ficción, incluso en padre de familia/voy a hacer caso a a patricia y voy a aislarme para escribir

01 mayo 2011

1demayo

primera visión

sueño con barcos
que atraviesan el horizonte,
pero nunca voy
en los barcos,
sino en la estela
que deja tu mirada
tras los barcos que cruzan
el horizonte.
josé gutiérrez román. los pies del horizonte (premio adonaís 2010). ediciones rialp, 2011.

/

¿cuántas camas tendría que abrir en la ciudad hasta encontrarte?

así puesto en faena
digamos por cama tres minutos
cincuenta si ofrece por fin un cigarrillo
pongamos media vida si acepto y me equivoco

pongamos que no pasa y paso un poco
el tiempo de besarla y disculparme
y salir si es lo que debo y quedarme si es que puedo

un dilema con otro encadenado
que dan en cualquier caso muchas vidas
en todas las ciudades que me quedan

tú mientras a tus libros abrazada por la acera del sol en otra acera.
rafael soler. maneras de volver. ediciones vitrubio, 2010.

/

[..]

hueles a desorden, y en tu sudor está la luz.
esta noche hemos hecho el amor.
he estado pensando en otra manera menos usada de decirlo,
pero la verdad: esta noche hemos hecho el amor.
hueles a desorden, y en tu sudor está la luz.
princesa inca. la mujer-precipicio. libros del silencio, 2011.

27 abril 2011

28deabril

me levanto todos los día con la intención de reconciliarme con el resto, pero con el transcurso de las horas me doy cuenta de que es imposible. ni siquiera puedo reconciliarme conmigo mismo/leo a mis compañeros de al otro lado del espejo. escribiendo contracorriente (ediciones escalera, 2011). estoy en muy uena compañia y ya he encontrado algunos cuentos que querría haber escrito yo/- no sé como desatascarme - el único error es no hacer nada