Raymond Queneau le decía a Marguerite Duras, en los inicios de la carrera de esta última, descorazonada ella y posiblemente perdida:
- Escriba usted, Marguerite, y no haga nada más.
Escribir y no hacer nada más, sí, he ahí la felicidad del condenado.
Diego Medrano. El clítoris de Camille. Seix Barral, 2006.
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