Dos mujeres y una guitarra se enfrentaban a la segunda edición de Doña Antonia escucha a… Una guitarra en las manos de una Olaia Pazos que nos sorprendió con su voz rota, con su fuerza y con la complicidad con la que conversaba en verso con Déborah Vukusic. Eso es lo que fue, una conversación poética entre dos mujeres. Fueron Déborah y Olaia, pero sus palabras se pueden poner en boca de esas mujeres que te encuentras por la calle.
Recitaron, conversaron, gritaron, estuvieron a punto de llorar, se subieron a las mesas, emocionaron al público. Consiguieron que el público vibrara, que sintiera que estaban asistiendo a algo único. Porque esos cuarenta minutos que nos brindaron son únicos e irrepetibles, llenos de magia, de verdad, de emoción. Y sólo podrán permanecer en nuestro recuerdo.
Déborah Vukusic venía con la segunda edición de su Guerra de identidad bajo el brazo. 161 páginas llenas de una lucha personal. Es su Guerra de identidad de siempre a la que ha sumado un Cuaderno de batallas que comienza así: “me llamo déborah vukusic / y mi nombre es una cruz / cada vez que pregón tan de dónde vengo /se rompe el armisticio // cada paso que doy / puede activar la guerra // cada persona que conozco puede herirme” Lo edita Baile del sol y lo leen hasta en los institutos.
Recitaron, conversaron, gritaron, estuvieron a punto de llorar, se subieron a las mesas, emocionaron al público. Consiguieron que el público vibrara, que sintiera que estaban asistiendo a algo único. Porque esos cuarenta minutos que nos brindaron son únicos e irrepetibles, llenos de magia, de verdad, de emoción. Y sólo podrán permanecer en nuestro recuerdo.
Déborah Vukusic venía con la segunda edición de su Guerra de identidad bajo el brazo. 161 páginas llenas de una lucha personal. Es su Guerra de identidad de siempre a la que ha sumado un Cuaderno de batallas que comienza así: “me llamo déborah vukusic / y mi nombre es una cruz / cada vez que pregón tan de dónde vengo /se rompe el armisticio // cada paso que doy / puede activar la guerra // cada persona que conozco puede herirme” Lo edita Baile del sol y lo leen hasta en los institutos.

Olaia Pazos, a la que desconocía, con origenes gallegos, al igual que Déborah, que canto (cantaron), entre otras cosas dos poemas de su compatriota. Con la canción final, “Quiero que me toquen mis cositas” creo recordar que se llamaba, se metieron al publico en el bolsillos y ellas se quedaron para siempre en esa parte de nuestro cuerpo que almacena las cosas bellas.
Ya saben que si alguna vez ven coincidir en un mismo cartel a Déborah y Olaia lo que no tienen que hacer es perdérselo.
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