Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

26 septiembre 2009

retrato de burgess (y un nuevo libro)

Al terminar de firmar, Burgess se levantó y se estiró y se pasó la mano por el pelo, y le dio la espalda a Lettfish y al resto de sus lectores.
- Tengo algo de hambre -les confesó mientras ellos lo rodeaban-. Sabrán disculparme, ¿no es cierto?
- Sabes, el último tipo, con todos aquellos libros, es un auténtico coleccionista tuyo -le conte a Burgess en el almuerzo-. Posee el mayor archivo privado de Burgess.
- ¿Qué tipo?
- Lettfish. Te cree el más elocuente de los novelistas modernos.
- Gilipolleces.
(...)
Los hombres de Burgess vivían con un constante malestar físico, eran unos románticos, tendían a ser cultos, la dentadura postiza siempre se les movía. Se sentían fuera de lugar en las grandes ciudades, en particular en las ciudades americanas. Les asustaba la delincuencia, los gamberros; viajaban mucho, pero lo odiaban. Eran moralmente fuertes, a menudo se sentían indignados, pero físicamente eran unos cobardes. Acababan in válidos y arruinados en lugar de dramáticamente muertos. Incluso los más lerdos hablaban varios idiomas.
Todos eran, en suma, Anthony Burgess´


Paul Theroux. Mi otra vida. Seix Barral, 2003.




[y muchas gracias a José María Mijangos por ayudarme a descubrir, poco a poco, a Burgess]