Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

29 noviembre 2009

cine de barrio

En meses sucesivos advertiría, o acaso alguien me lo revelara, que ese cuartito acogedor y alumbrado por una única bombilla desnuda era el picadero en el que mi padre y su difunto hermano se habían escondido con sus novias auspiciados por el rumiar de las máquinas de proyección; los imaginaba en su refugio, protegidos por aquellos cientos de pares de ojos de todos los tamaños, que los obsevaban mientras hacían sus amores durante las sesiones, porque un cine de barrio facilitaba cierta intimidad de la que otros locales carecian, debido al maullido de las maderas, el polvo de las esquinas y la programación erótica, que estimulaban los instintos bajos mejor que en la actualidad, en los complejos de multicines, donde toda la sordidez se ha sustituido por adornos, novedades técnicas, pulcritus, películas toleradas y el espacio justo para moverse, sin esos rincones umbríos que solíamos recorrer.
José Ángel Barrueco. Recuerdos de un cine de barrio. Baile del Sol, 2009