
Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
30 enero 2009
29 enero 2009
lo nuevo de jardiel poncela

Ha caído en mis manos, sin yo pretenderlo, una de las novedades de la editorial Rey Lear; Ventanilla de cuentos corrientes de Enrique Jardiel Poncela. Era uno de mis autores pendientes. Y este volumen incluye algunos de sus cuentos más conocidos: El Amor que no podía ocultarse y dos cuentos de pertenecientes a una serie de cinco (sin la E, sin la A, sin la O, sin la U y sin la I), los que excluyen las dos letras más usadas en el español; la E y la A. una buena excusa para redescubrir al maestro español del humor absurdo, que dejo como epitafio el famoso “Si queréis los mayores elogios, moríos”.
27 enero 2009
la luz la luz que invade
La luz la luz que invade
los jardines los mercados
el cielo de tu boca
luz mediterránea
risa rizo garabato de la luz
tu sonrisa de Gioconda
que invade mi cabeza de majadas
luz alta baja de las carreteras
luzombra sobre las piedras
de la ciudad encantada
de cuenca
Juan González. Pasión de la tribu. Libros de tierra firme, 1988.
los jardines los mercados
el cielo de tu boca
luz mediterránea
risa rizo garabato de la luz
tu sonrisa de Gioconda
que invade mi cabeza de majadas
luz alta baja de las carreteras
luzombra sobre las piedras
de la ciudad encantada
de cuenca
Juan González. Pasión de la tribu. Libros de tierra firme, 1988.
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Juan González
26 enero 2009
la entrevista perdida de salvador
Llevaba tiempo buscando la entrevista al Salvador de Cernuda, tras coonocer su existencia (de la entrevista) gracias a una columna de Luis Antonio de Villena. Hace unos días, mi amigo David me da la clave para encontrar la entrevista perdida; estaba tan cerca que casi me rozaba la nariz.
De todo lo que se cuenta y Salvador dice me quedo con ésta frase:
"Yo me ponía a hacer lagartijas en la alfombra mientras él me miraba, fumaba una pipa y hacía apuntes. Fui un tonto, pero creí que era una falta de educación ver lo que estaba haciendo".
De todo lo que se cuenta y Salvador dice me quedo con ésta frase:
"Yo me ponía a hacer lagartijas en la alfombra mientras él me miraba, fumaba una pipa y hacía apuntes. Fui un tonto, pero creí que era una falta de educación ver lo que estaba haciendo".
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Luis Cernuda
25 enero 2009
entre navarros

El pasado jueves acudí a la presentación del poemario Azken bala / La última bala del poeta navarro Hasier Larretxea. Era casi obligatorio apoyar a un amigo en su estreno en el mundo de las letras. Me impresionó la lectura-performance que montó, en compañía de algunos amigos. Fue, como lo es su poemario, una lectura-performance directa, limpia, escueta y, sobre todo, impactante, un mazazo en la conciencia política de los muchos navarros que allí nos reunimos. Larretxea dice lo que mucha gente piensa y calla. Larretxea no permite que el terror le silencie. El poemario, escrito en euskera y castellano, está publicado en la editorial sevillana Point de Lunettes. Merece la pena.
Entre los navarros que acudieron a la cita se encontraban dos pesos pesados de la literatura navarra. Germán Sánchez Espeso, ganador del Premio Eugenio Nadal en 1978,
y Jesús Munárriz, que aunque nació en San Sebastian, pasó su infancia y juventud en Pamplona, director actual de la editorial Hiperión, Premio Nacional a la mejor labor editorial cultural en 2004. Comentaba con algunos conocidos lo ocultos que están los autores navarros, que trabajan y publican, pero son apenas reconocidos en su lugar de origen y entre sus paisanos. Una pena, que intentaré solucionar investigando por librerías, internet y en contacto directo con dichos autores.
23 enero 2009
me pregunto a menudo si estos trenes

Me pregunto a menudo si estos trenes
no serán más verdad que los raíles
de todas las palabras,
si el tiempo compartido
en el andén del metro
no será hoy por hoy
la máxima ternura
que en este mundo en minúscula
puede darnos, si el futuro
pronunciado en abstracto
no estará acurrucado
sin horóscopos
detrás de esas historias
que jamás se alcanzan, las que tienen
la magia sin romper
de nacer y olvidarse
y volver a surgir en el trasiego
de nadas que son todo
porque no tienen nombre y sin embargo
lo pronuncias, día a día
al comienzo, cuando viajas
descendiendo a la cima
de tropezar con ellas,
ascendiendo hasta el pozo
de unos labios castaños
mirando al otro lado,
teléfonos fugaces y dos ojos mendigos
tocando su tristeza
en este acordeón de las mañanas
compartiéndolo todo,
decidiendo que vuelves
a vivir porque sabes
que alguien más que los tuyos
aún te están esperando.
Fernando Beltrán. Gran Vía. Libertarias, 1990.
no serán más verdad que los raíles
de todas las palabras,
si el tiempo compartido
en el andén del metro
no será hoy por hoy
la máxima ternura
que en este mundo en minúscula
puede darnos, si el futuro
pronunciado en abstracto
no estará acurrucado
sin horóscopos
detrás de esas historias
que jamás se alcanzan, las que tienen
la magia sin romper
de nacer y olvidarse
y volver a surgir en el trasiego
de nadas que son todo
porque no tienen nombre y sin embargo
lo pronuncias, día a día
al comienzo, cuando viajas
descendiendo a la cima
de tropezar con ellas,
ascendiendo hasta el pozo
de unos labios castaños
mirando al otro lado,
teléfonos fugaces y dos ojos mendigos
tocando su tristeza
en este acordeón de las mañanas
compartiéndolo todo,
decidiendo que vuelves
a vivir porque sabes
que alguien más que los tuyos
aún te están esperando.
Fernando Beltrán. Gran Vía. Libertarias, 1990.
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Fernando Beltrán
22 enero 2009
patrimonio

Un padre es siempre algo más que un padre. No puedo imaginar que puede significar su desaparición física. Sin embargo puedo leer Patrimonio. Una historia verdadera (Debolsillo, 2007) de Philip Roth. Y puedo entender un poco mejor cómo se va alargando, cortando, desapareciendo, ese hilo invisible que nos une a nuestro padre. Una relación que suele ser conflictiva por naturaleza, pero que suele relajarse con el paso del tiempo. Leyendo Patrimonio me encuentro más preparado ante la muerte y el miedo que nos acecha ante la desaparición de los que queremos. Y sólo con un libro. No puedo pedir más.
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Philiph Roth
20 enero 2009
19 enero 2009
profecías autocumplidas
Los psicólogos llaman a este tipo de comportamientos « profecías autocumplidas”, porque los individuos que, como Manuela, temen malos imaginarios y auguran que por ellos va a ocurrir algo terrible fuerzan con sus actos que ocurra realmente. El conductor que cree que va a morir en un accidente de tráfico tiene tanta ansiedad al sentarse al volante que yerra en alguna maniobra –a pesar de su pericia- y se estrella contra otro vehículo. El muchacho que desconfía de su atractivo y de sus habilidades sociales con las mujeres se aparta de ellas para no ser rechazado y se queda siempre solo, sin novia ni esposa. El trabajador que tiene la certeza de que muchos otros poseen más merecimientos que él para optar a un puesto vacante menosprecia su currículum y sus meritos en las entrevistas laborales y no logra obtener nunca ningún empleo. El miedo es la única causa de sus desgracias, pues el conductor sabe manejar el coche a la perfección, el muchacho ha sido agraciado con una belleza y una ternura admirables y el trabajador tiene tesón e inteligencia sobradas para desempeñar el trabajo para el que postula. El miedo les guía justo hasta el lugar al que no desean ir. Les obliga a empuñar un arma contra sí mismos y a usarla para destruirlo todo. Carpintero me repitió una frase de Montesquieu -quizás falsa- que resume a la perfección esas tierras movedizas sobre las que caminan las personas como Manuela Muñoz: “En este lugar, un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra”.
Luisgé Martín. Los amores confiados. Punto de lectura, 2006.
Luisgé Martín. Los amores confiados. Punto de lectura, 2006.
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Luisge Martin
18 enero 2009
a vueltas con la economia política

Slajov Zizek.
En defensa de la intolerancia.
Madrid, Ediciones sequitur, 2007, 123 pps.
“¡Henos aquí en plena España! Vamos a hablar de metafísica, al tiempo que discurrimos sobre economía política”. Allá por 1847, una frase similar a ésta servía a Marx como pistoletazo de salida en su análisis sobre las contradicciones de la economía política, a través de su crítica a Proudhon. La escena, evidentemente, ha cambiado. Sin embargo, el requerimiento marxista sigue respondiendo a una urgencia inevitable. La agudeza, a la vez que la preocupación extrema, se tornan necesarias ante lo que sigue inexorablemente igual: la lógica implacable del Capital. El último libro de Zizek, traducido al español por la editorial sequitur, En defensa de la intolerancia, nos señala la necesidad de volver a los caminos un tanto olvidados de la crítica de la economía política (“a una radical re-politización de la economía”, en palabras del autor), al mismo tiempo que se cuestiona la lógica hegemónica del capitalismo global: su metafísica más profunda, es decir, sus estrategias de dominación ideológica y de control social.
Desde estos dos ejes, Zizek analiza de forma lúcida, cínica y corrosiva las propuestas liberadoras de la izquierda postpolítica (o des-politizada). La crítica al neoliberalismo y al capitalismo globalizado, así como a sus “ficciones hegemónicas” (como son el multiculturalismo, la tolerancia por el Otro, el imperialismo de la democracia bajo la supuesta defensa de los derechos humanos), se pregunta al mismo tiempo por la condición de posibilidad de lo político en el actual sistema del mundo. Las reivindicaciones de la izquierda multiculturalizada se han limitado a lo simplemente cultural, reduciendo la lucha política a la reclamación de derechos particulares: desde el reconocimiento de las diferencias (étnicas, religiosas o sexuales), hasta el auge de las identidades múltiples y las subjetividades híbridas que reclaman su puesto en el entramado social. Por otra parte, la llamada postpolítica tiende cada vez más a alejarse de la crítica a la economía política, en una especie de compulsión obsesiva por evitar el esencialismo económico en el que habían caído ciertas tradiciones marxistas. Sin embargo, afirma Zizek, “politizar las distintas luchas particulares dejando intacto el proceso global del Capital, resulta insuficiente”. Si algo nos ha enseñado la historia del capitalismo es que no estamos ante un simple y neutro modo de producción (una mera “administración de las cosas”), sino ante un modo de producción social, un modo de existencia social que a la par que produce bienes materiales, da lugar, crea, genera relaciones sociales. Todo cabe en el reino del Capital. Todo lo fagocita, como si de un agujero negro se tratara; todo lo engulle y vuelve a vomitar teñido ya con sus propios jugos gástricos. Dispuesto a satisfacer las demandas de todos sus acólitos (desde madres solteras, parejas liberales o tradicionales, señoras adictas a dildos o a telenovelas, religiosos o sadomasoquistas, lesbianas o heterosexuales homófonos, etc.), cada uno encuentra su sitio en el basto mercado global. Allí donde se desterritorializa, afirmaban Deleuze y Guattari, se produce una consecuente reterritorialización. De ahí la necesidad de una nueva estrategia, de una reelaboración crítica de la praxis política.
“¿Cómo —entonces— reinventar el espacio político en las actuales condiciones de globalización?”. No podemos ignorar que el sueño o ideal del discurso filosófico-político ha sido siempre recrear la supuesta imperturbable armonía y neutralidad de un nomos universal. La antinomia, la des-armonía y el desacuerdo, siempre emergentes desde los márgenes excluidos, señalan, sin embargo, el acontecimiento de lo político. En una de sus últimas entrevistas, realizada en Madrid, Zizek afirmaba: “Toda revolución auténtica contiene ese aspecto «terrorista» –y no hablo de bombas– en el que la estructura es aniquilada y se atraviesa un nivel cero”. Cuestionar dicha estructura hasta resquebrajarla, señalando las contradicciones internas de la misma y las incoherencias del sistema global es, para Zizek, el verdadero gesto de izquierdas. “La verdadera política, por tanto, trae siempre consigo una suerte de cortocircuito”, de irrupción violenta, que introduce en el funcionamiento de la máquina la antinomia, la discordia, la ruina misma que desajusta a la par que reivindica un nuevo tipo de universalidad.
Madrid, Ediciones sequitur, 2007, 123 pps.
“¡Henos aquí en plena España! Vamos a hablar de metafísica, al tiempo que discurrimos sobre economía política”. Allá por 1847, una frase similar a ésta servía a Marx como pistoletazo de salida en su análisis sobre las contradicciones de la economía política, a través de su crítica a Proudhon. La escena, evidentemente, ha cambiado. Sin embargo, el requerimiento marxista sigue respondiendo a una urgencia inevitable. La agudeza, a la vez que la preocupación extrema, se tornan necesarias ante lo que sigue inexorablemente igual: la lógica implacable del Capital. El último libro de Zizek, traducido al español por la editorial sequitur, En defensa de la intolerancia, nos señala la necesidad de volver a los caminos un tanto olvidados de la crítica de la economía política (“a una radical re-politización de la economía”, en palabras del autor), al mismo tiempo que se cuestiona la lógica hegemónica del capitalismo global: su metafísica más profunda, es decir, sus estrategias de dominación ideológica y de control social.
Desde estos dos ejes, Zizek analiza de forma lúcida, cínica y corrosiva las propuestas liberadoras de la izquierda postpolítica (o des-politizada). La crítica al neoliberalismo y al capitalismo globalizado, así como a sus “ficciones hegemónicas” (como son el multiculturalismo, la tolerancia por el Otro, el imperialismo de la democracia bajo la supuesta defensa de los derechos humanos), se pregunta al mismo tiempo por la condición de posibilidad de lo político en el actual sistema del mundo. Las reivindicaciones de la izquierda multiculturalizada se han limitado a lo simplemente cultural, reduciendo la lucha política a la reclamación de derechos particulares: desde el reconocimiento de las diferencias (étnicas, religiosas o sexuales), hasta el auge de las identidades múltiples y las subjetividades híbridas que reclaman su puesto en el entramado social. Por otra parte, la llamada postpolítica tiende cada vez más a alejarse de la crítica a la economía política, en una especie de compulsión obsesiva por evitar el esencialismo económico en el que habían caído ciertas tradiciones marxistas. Sin embargo, afirma Zizek, “politizar las distintas luchas particulares dejando intacto el proceso global del Capital, resulta insuficiente”. Si algo nos ha enseñado la historia del capitalismo es que no estamos ante un simple y neutro modo de producción (una mera “administración de las cosas”), sino ante un modo de producción social, un modo de existencia social que a la par que produce bienes materiales, da lugar, crea, genera relaciones sociales. Todo cabe en el reino del Capital. Todo lo fagocita, como si de un agujero negro se tratara; todo lo engulle y vuelve a vomitar teñido ya con sus propios jugos gástricos. Dispuesto a satisfacer las demandas de todos sus acólitos (desde madres solteras, parejas liberales o tradicionales, señoras adictas a dildos o a telenovelas, religiosos o sadomasoquistas, lesbianas o heterosexuales homófonos, etc.), cada uno encuentra su sitio en el basto mercado global. Allí donde se desterritorializa, afirmaban Deleuze y Guattari, se produce una consecuente reterritorialización. De ahí la necesidad de una nueva estrategia, de una reelaboración crítica de la praxis política.
“¿Cómo —entonces— reinventar el espacio político en las actuales condiciones de globalización?”. No podemos ignorar que el sueño o ideal del discurso filosófico-político ha sido siempre recrear la supuesta imperturbable armonía y neutralidad de un nomos universal. La antinomia, la des-armonía y el desacuerdo, siempre emergentes desde los márgenes excluidos, señalan, sin embargo, el acontecimiento de lo político. En una de sus últimas entrevistas, realizada en Madrid, Zizek afirmaba: “Toda revolución auténtica contiene ese aspecto «terrorista» –y no hablo de bombas– en el que la estructura es aniquilada y se atraviesa un nivel cero”. Cuestionar dicha estructura hasta resquebrajarla, señalando las contradicciones internas de la misma y las incoherencias del sistema global es, para Zizek, el verdadero gesto de izquierdas. “La verdadera política, por tanto, trae siempre consigo una suerte de cortocircuito”, de irrupción violenta, que introduce en el funcionamiento de la máquina la antinomia, la discordia, la ruina misma que desajusta a la par que reivindica un nuevo tipo de universalidad.
Carolina Meloni.
los que se han quedado en el camino
En el balance de este año que ha terminado he dejado algunos libros a medias. Unos cuantos. Pero sólo han sido dos los que me han provocado un poco de insatisfacción y un poco de dolor por no poder leerlos. Uno es la biografía de Truman Capote, escrita por Gerald Clarke. La biografía definitiva (como la llaman) fue abandonada a principios de año en la página 274 (de 779). Reconozco que me interesan las novelas de Capote, e incluso su vida, pero la biografía es tan exhaustiva, con tantos detalles, que no puedo leerla. Sé que intentaré continuarla más adelante o que la usaré como manual de consulta, pero de momento está aparcado en las estanterías. 
Reconocer cual es el segundo me da un poco más de dolor. Es Alexis o el tratado del inútil combate de Marguerite Yourcenar. Abandonada en la página 42 (de 165). Lo hablaba con un amigo; es una novela demasiado reflexiva. Y creo que tengo el momento de novelas reflexivas. Un libro que también se queda aparcado para un momento mejor.
¡Y cuantos más se habrán quedado en el camino!

Reconocer cual es el segundo me da un poco más de dolor. Es Alexis o el tratado del inútil combate de Marguerite Yourcenar. Abandonada en la página 42 (de 165). Lo hablaba con un amigo; es una novela demasiado reflexiva. Y creo que tengo el momento de novelas reflexivas. Un libro que también se queda aparcado para un momento mejor.
¡Y cuantos más se habrán quedado en el camino!14 enero 2009
12 enero 2009
la ciudad

Y cuando a uno le ha gustado la ciudad, descubre que ya no le gusta. Si alguna vez salgo de esto, si alguna vez salimos de esto, juro que no volveré a poner un pie en el centro de Nueva York.
Hace mucho tiempo me gustaba, cuando papá nos llevaba a mí y a Sis a pasear por el centro, y mirábamos la gente y los edificios, y papá nos mostraba tantas cosas, y a veces nos parábamos en Battery Park y comíamos helados y salchichas. Aquella era una época maravillosa y siempre estábamos muy contentos: pero era a causa de nuestro padre, y no de la ciudad. Era porque sabíamos que nuestro padre nos quería. Ahora puedo decir, porque lo sé muy bien, que la ciudad nunca nos quiso. La gente nos miraba como si fuéramos cebras. Y ya saben ustedes: hay gente que les tiene simpatía a las cebras, y otras que no. Pero nadie trata a las cebras como personas.
Es cierto que no conozco muchas ciudades: apenas he visto Filadelfia y Albany. Pero juro que Nueva York tiene que ser la ciudad más fea y sucia del mundo. Tiene que ser la que tiene los edificios más feos y la gente más perversa. La que tiene los peores policías. Y si realmente existe un lugar más horrible que éste, ha de ser tan parecido al invierno que apestará a carne humana frita. Y, ahora que lo pienso, ése es el olor de Nueva York en verano.
Hace mucho tiempo me gustaba, cuando papá nos llevaba a mí y a Sis a pasear por el centro, y mirábamos la gente y los edificios, y papá nos mostraba tantas cosas, y a veces nos parábamos en Battery Park y comíamos helados y salchichas. Aquella era una época maravillosa y siempre estábamos muy contentos: pero era a causa de nuestro padre, y no de la ciudad. Era porque sabíamos que nuestro padre nos quería. Ahora puedo decir, porque lo sé muy bien, que la ciudad nunca nos quiso. La gente nos miraba como si fuéramos cebras. Y ya saben ustedes: hay gente que les tiene simpatía a las cebras, y otras que no. Pero nadie trata a las cebras como personas.
Es cierto que no conozco muchas ciudades: apenas he visto Filadelfia y Albany. Pero juro que Nueva York tiene que ser la ciudad más fea y sucia del mundo. Tiene que ser la que tiene los edificios más feos y la gente más perversa. La que tiene los peores policías. Y si realmente existe un lugar más horrible que éste, ha de ser tan parecido al invierno que apestará a carne humana frita. Y, ahora que lo pienso, ése es el olor de Nueva York en verano.
James Baldwin. Blues de la calle Beale. Edicions Versal, 1987
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James Baldwin
11 enero 2009
el ángel rojo
Le llamaban el "ángel rojo", por José Luis Barbería.
Un artículo sobre Melchor Rodríguez, una vida ejemplar.
Un artículo sobre Melchor Rodríguez, una vida ejemplar.
10 enero 2009
la buena vida según hemingway

Mis sentimientos hacia Ernest Hemingway siempre han sido encontrados. Desde mi más tierna niñez lo odiaba. Mi única razón era que había escrito Fiesta y, con ello, había atraído a Pamplona, mi ciudad, una horda de inconscientes alcoholizados. Así, sin ningún otro razonamiento. Con el tiempo he madurado, no demasiado, la verdad, y he podido ver todo con otra perspectiva. Así que me leí Fiesta, y la verdad es que no me desagrado, y recordé El gato sobre la lluvia uno de sus cuentos más famosos y perturbadores que se utiliza como material de estudio en casi todas las escuelas. Ahora Hemingway vuelve a mis manos. Enrique Vila-Matas inaugura la pequeña colección de Cuadernos Alfabia con Ella era Hemingway. No soy Auster, dos pequeños ensayos donde analiza el probable significado del enigmático cuento de Hemingway y sobre el misticismo que rodea la figura de Paul Auster. Además Belacqva ha publicado La buena vida según Hemingway, una recopilación de citas del insigne autor acerca de los temas que dominaron su vida: escribir, la guerra, los deportes, Hollywood, la caza, el resto de los escritores, las mujeres y la viday la muerte. Todo ello adornado con fotografías de los múltiples lados del escritor. Por otro lado Debolsillo ha publicado recientemente los Cuentos completos de Hemingway entre los que podemos encontrar el, ya tan famoso, El gato sobre la lluvia.

Ahora es cuando debería concluir con un breve análisis a favor o en contra de Hemingway. Creo que sólo puedo decir que le envidio como escritor y como hombre que disfruto de su propia vida, a su manera. Pero que en el fondo algo no debía ir bien en su interior para que su final fuera tan brusco. Así que sólo puedo concluir que admiro, cada día un poco más, la literatura de Hemingway. Respecto a su figura... aún tengo dudas.
08 enero 2009
alegato contra las guerras

Bambilandia.
Elfriede Jelinek,
Traducción de Claudia Baricco,
Ediciones Destino, Barcelona, 2006,
218 págs.
En “Estado de sitio”, la obra dramática de Albert Camus que se desarrolla en un Cádiz azotado por la peste, escuchamos: “Yo no desprecio más que a los verdugos”.Este podría ser el lema del alegato de Elfriede Jelinek titulado simplemente “Bambilandia”, que publica Ediciones Destino. Si es cierto que los escritos de la autora austriaca,Premio Nobel de Literatura 2004, presentan la dificultad de reclamar un detenimiento excesivo, en el caso de este ensayo hemos de decir que a Elfriede Jelinek se le entiende todo. A ello ayuda, lógicamente, la adecuada traducción de Claudia Baricco pero, además, se da la circunstancia de que se nos habla de un tema que a todas las gentes de bien entre las cuales no se encuentran quienes alientan guerras o propician el horror en cualquier lugar del mundo. A lo preconizado por el intelectual de ojos rasgadosen torno al “fin de la Historia” sucede algo más lineal y concreto. Es la globalización de los conflictos, no la determinación de la paz. Y, desde luego, si queremos ser un poquito mal intencionados parece que potencias como los Estados Unidos, o la Potencia, tienen un principal objetivo en su política exterior. Ese objetivo es el de imponer su política, incluso a quienes desean otra. De ahí que sus estrategas, también ávidos constructores y consumados capitalistas como Dick Cheney, se entretengan en confeccionar sus llamados “ejes del mal”, donde, por ahora, se encuentran Irán y Corea del Sur. Albania, con su comunismo de la pobreza heredero del gran líder Enver Hoxa, no parece preocupar a la Potencia y mucho menos el gran coloso chino, pese a su poco esclarecida política en materia de derechos humanos, pero que al idear ese especial denominación “un país, dos sistemas”, para acceder al poderoso capitalismo de Hong Kong o Sanghai y con la vista puesta en la isla de Formosa, pasa de ser el declarado enemigo de la época de Mao y su “huída hacia delante” a un hábil suministrador de tecnología que lo mismo vende barcos a los yanquis que locomotoras a Cuba, sin que nadie vea problemas en este doble rasero. En un precioso y esclarecedor prólogo a “Bambilandia” de Christoph Schlingensief dice que en este libro “La verdadera batalla la libra Elfriede Jelinek consigo misma. Su trabajo es extremismo subjetivo. Valiéndose del concepto de autenticidad , ella le abre camino a la verdad para que suba al escenario y al mismo tiempo expone *la mirada entre bastidores* . Todo es arte, porque pensar y reflexionar ya hace tiempo que es un arte, tanto en Mürzzuschlag/Steiermark como en Hilla/Babilonia o en Washington DC. Las diferencias entre las trincheras ocupadas de forma virtual y las fosas de las orquestas de virtuosas composiciones ya no existen, llana y lisamente se han borrado; ya no hay límites que separen el bazooka del trípode de la cámara, el ocaso de los dioses del ocaso de los ídolos”. Y es que Jelinek es parte de su tiempo y sufre con los sufrimientos a que determinados políticos, con escasa conciencia y buen sentido de la economía, nos conducen. Lógicamente nos estamos refiriendo, se está refiriendo la autora, a la denigrante familia Bush, ninguno de cuyos elementos jóvenes hemos visto todavía en ningún campo de batalla, aunque sí cómodamente instalados en una civilización del ocio y del alcohol. Alrededor de ese par de presidentes aparecen portentosos intelectuales, hábiles conductores de la guerra desde los despachos ovales, pero escasos negociadores para lograr la paz en tantos lugares del mundo donde, por desgracia, tienen intereses concretos. De ello habla Jelinek y lo hace con la valentía que caracterizan sus escritos, con el ánimo no de dar lecciones sino de arrancar rebeldías. Este libro toma su título del “parque de atracciones administrado por el hijo de Slobodan Milosevic, Mirko Milosevic, antes de la caída de Yugoeslavia. Un Disneylandia serbio, una realidad falsa para mostrar al exterior”.
Manuel Quiroga Clérigo.
05 enero 2009
alex_lootz 14: otro escalón más…
http://www.alexlootz.com/

En el número 14 de alex_lootz revista literaria:
- Bubblegum, un cuento de Raúl Portero, el último ganado del Premio Terenci Moix de literatura gay y lesbica, con la novela La vida que soñamos, de la que también ofrecemos una reseña.
- Intenciones ocultas de una burda polémica, la visión de Héctor Avellán, un implicado de forma directa en el escándalo acerca del poeta nicaragüense Martínez Rivas.
- Quasi flos, un pequeño adelanto del poemario El problema de la habitación. Algunos aspectos de Ruy Bello, que publicará en breve Sequitur.
- El postestructuralismo o la dificultad de encontrar unos zapatos a medida, un ensayo de Idoia Quintana.
- Perversos, dos pequeños cuentos de Santiago Eximeno.
- Poemas de Edgar E. Ramirez (Cinema Paraiso) y Emilio Picón (Hombres y espejos).
- Reseñas sobre Yuri Herrera, Alberto Mira, Estelle Talavera Baudet, Tennessee Williams y Benjamín Biolay.
- Una nueva entrega de África de Paloma Benavente.

En el número 14 de alex_lootz revista literaria:
- Bubblegum, un cuento de Raúl Portero, el último ganado del Premio Terenci Moix de literatura gay y lesbica, con la novela La vida que soñamos, de la que también ofrecemos una reseña.
- Intenciones ocultas de una burda polémica, la visión de Héctor Avellán, un implicado de forma directa en el escándalo acerca del poeta nicaragüense Martínez Rivas.
- Quasi flos, un pequeño adelanto del poemario El problema de la habitación. Algunos aspectos de Ruy Bello, que publicará en breve Sequitur.
- El postestructuralismo o la dificultad de encontrar unos zapatos a medida, un ensayo de Idoia Quintana.
- Perversos, dos pequeños cuentos de Santiago Eximeno.
- Poemas de Edgar E. Ramirez (Cinema Paraiso) y Emilio Picón (Hombres y espejos).
- Reseñas sobre Yuri Herrera, Alberto Mira, Estelle Talavera Baudet, Tennessee Williams y Benjamín Biolay.
- Una nueva entrega de África de Paloma Benavente.
comienzo de el derecho a una respuesta

Esta historia la cuento principalmente en mi propio beneficio. Quiero aclarar en mi mente la naturaleza de la podredumbre en la que tantas personas parecen inmersas hoy en día. No tengo los suficientes recursos mentales ni la preparación o la terminología precisa para afirmar si esa podredumbre es social, religiosa o moral, pero de lo que no cabe duda es de que realmente existe, evidentemente en Inglaterra, y probablemente e también en la periferia céltica y asimismo por toda Europa y las Américas. Para percibir el olor de esa podredumbre me encuentro en una situación más propicia que las personas que nunca se han visto alejadas de ella, esa buena gente que, con la televisión, las huelgas, las quinielas o el Daily Mirror, tiene todo lo que desea menos la muerte. Porque en la actualidad, como sólo paso en Inglaterra unos cuatro meses cada dos años, nada más poner el pie en tierra, y por espacio de unas seis semanas, el hedor me llega con fuerza a la nariz, dilatada por el aire tropical. Después la corrupción le va envolviendo a uno gradualmente, como la niebla envuelve el tren que me lleva del puerto a Londres y, bostezando ante el televisor en la sala de estar de la casa de mi padre, llegando a veces al pub cinco minutos antes de la hora de abrir, noto que me voy habituando a esa perdición como a un par de zapatos nuevos, convirtiéndome en una ciudadano más de la podredumbre. Lo único que me salva es tener que subir al avión de la BOAC en el aeropuerto de Londres o, cosa que acorta mi estancia, tomar en Southampton uno de los barcos de la compañía P. and O.: el Cantón, el Carthage o el Corfú.
En ese momento me da la sensación de tener un bocadillo en cada mano, sin saber cuál de los dos morder primero. Quiero hablarles algo más acerca de esta podredumbre, y al mismo tiempo quiero que sepan por qué llevo (pues eso me dicen con frecuencia) una existencia tan envidiable, pasando dos años al sol o, por lo menos, dos años de vida exótica y sin demasiado trabajo, seguidos de cuatro meses de civilización, con el suficiente apetito para hincarle el diente a ese grande y suntuoso pastel que, en los sueños del exiliado, representa el hogar. Ese pastel grande y suntuoso no es nada indigesto, es todo fruta sin nada de harina. Es la larga cartelera de espectáculos del Evening Standard, el viaje fluvial -con cerveza oscura y tibia en el bar del barco- desde Richmond a Westmonster, las copas de la tarde en clubs subterráneos del tamaño de unos lavabos de Singapur, el refulgir y tintinear de interminables rondas, mis propias rondas, bajo la luz fluorescente, las mujeres casadas bailando al son del tocadiscos, deseosas de juerga hasta el taxi de las seis (cuando el maridito vuelve a casa donde le aguarda la cena, preparada con la cocina eléctrica automática), y todo lo demás. Por cierto que a cualquier persona que me envidie esta envidiable doble vida, por lo menos a cualquier persona lo bastante joven, la invito de todo corazón a que la pruebe. Los funcionarios de administración colonial se están marchando de todas partes, pero las empresas comerciales aún tienen mucho interés en contratar a jóvenes inteligentes (una buena escuela no es imprescindible, aunque sí conviene tener un acento adecuado y, preferiblemente, pelo rubio) para vender brillantina, cigarros, escúteres, cemento, máquinas de coser, motores fuera-borda, instalaciones de aire acondicionado y wáteres en esos países soleados que acaban de conseguir un alegre independencia. Yo no soy ya un joven inteligente, pero sin duda a la compañía le resulto útil, sé leer y escribir, mis lecturas son bastante variadas, puedo halagar la gente cuando conviene, y tengo buen aguante para el alcohol. Cada dos años, cuando hago mi viaje de ida y vuelta, se me permite hacerlo en primera clase, incluso desde Tokyo. Ahora tengo más de cuarenta años y hago el “circuito de los viejos”. Dentro de unos pocos ya me jubilaré, aunque quién sabe dónde, con una pensión muy razonable. Por cierto, mi nombre es J. W. Denham.
Y ahora vamos con el otro bocadillo, aunque a esté resulte más difícil hincarle el diente. Lo mordisquearé por los bordes porque no tengo la dentadura muy sana. La podredumbre inglesa de la postguerra me ataca nada más llegar, en el humo del tren de la costa y en las risas del bar del aeropuerto. Esa podredumbre, ese caos, está creado por un exceso de libertad. Puede parecer tonto decir eso si se piensa en la poca libertad que nos queda en el mundo moderno, pero no estoy pensando en la libertad política, en el derecho de insultar al gobierno en la taberna del barrio. No creo que la libertad política sea muy importante (en cualquier caso, lo es sólo para un uno por ciento de la población, aproximadamente). En Oriente me ha hecho gracia ver a los ciudadanos de territorios recién llegados a la independencia salir disparados hacia lugares aún sometidos al pesado yugo británico. No quieren libertad: lo que quieren es estabilidad. Y no se pueden tener las dos cosas al mismo tiempo.
Anthony Burgess. El derecho a una respuesta. Ediciones B., 1988.
En ese momento me da la sensación de tener un bocadillo en cada mano, sin saber cuál de los dos morder primero. Quiero hablarles algo más acerca de esta podredumbre, y al mismo tiempo quiero que sepan por qué llevo (pues eso me dicen con frecuencia) una existencia tan envidiable, pasando dos años al sol o, por lo menos, dos años de vida exótica y sin demasiado trabajo, seguidos de cuatro meses de civilización, con el suficiente apetito para hincarle el diente a ese grande y suntuoso pastel que, en los sueños del exiliado, representa el hogar. Ese pastel grande y suntuoso no es nada indigesto, es todo fruta sin nada de harina. Es la larga cartelera de espectáculos del Evening Standard, el viaje fluvial -con cerveza oscura y tibia en el bar del barco- desde Richmond a Westmonster, las copas de la tarde en clubs subterráneos del tamaño de unos lavabos de Singapur, el refulgir y tintinear de interminables rondas, mis propias rondas, bajo la luz fluorescente, las mujeres casadas bailando al son del tocadiscos, deseosas de juerga hasta el taxi de las seis (cuando el maridito vuelve a casa donde le aguarda la cena, preparada con la cocina eléctrica automática), y todo lo demás. Por cierto que a cualquier persona que me envidie esta envidiable doble vida, por lo menos a cualquier persona lo bastante joven, la invito de todo corazón a que la pruebe. Los funcionarios de administración colonial se están marchando de todas partes, pero las empresas comerciales aún tienen mucho interés en contratar a jóvenes inteligentes (una buena escuela no es imprescindible, aunque sí conviene tener un acento adecuado y, preferiblemente, pelo rubio) para vender brillantina, cigarros, escúteres, cemento, máquinas de coser, motores fuera-borda, instalaciones de aire acondicionado y wáteres en esos países soleados que acaban de conseguir un alegre independencia. Yo no soy ya un joven inteligente, pero sin duda a la compañía le resulto útil, sé leer y escribir, mis lecturas son bastante variadas, puedo halagar la gente cuando conviene, y tengo buen aguante para el alcohol. Cada dos años, cuando hago mi viaje de ida y vuelta, se me permite hacerlo en primera clase, incluso desde Tokyo. Ahora tengo más de cuarenta años y hago el “circuito de los viejos”. Dentro de unos pocos ya me jubilaré, aunque quién sabe dónde, con una pensión muy razonable. Por cierto, mi nombre es J. W. Denham.
Y ahora vamos con el otro bocadillo, aunque a esté resulte más difícil hincarle el diente. Lo mordisquearé por los bordes porque no tengo la dentadura muy sana. La podredumbre inglesa de la postguerra me ataca nada más llegar, en el humo del tren de la costa y en las risas del bar del aeropuerto. Esa podredumbre, ese caos, está creado por un exceso de libertad. Puede parecer tonto decir eso si se piensa en la poca libertad que nos queda en el mundo moderno, pero no estoy pensando en la libertad política, en el derecho de insultar al gobierno en la taberna del barrio. No creo que la libertad política sea muy importante (en cualquier caso, lo es sólo para un uno por ciento de la población, aproximadamente). En Oriente me ha hecho gracia ver a los ciudadanos de territorios recién llegados a la independencia salir disparados hacia lugares aún sometidos al pesado yugo británico. No quieren libertad: lo que quieren es estabilidad. Y no se pueden tener las dos cosas al mismo tiempo.
Anthony Burgess. El derecho a una respuesta. Ediciones B., 1988.
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Anthony Burgess
04 enero 2009
dos antologias de mujeres en el 2009
Almudena Vidorreta, Lucía Boscá Gomez, Sofía Castañón, Eva Villavieja Medrano, Carmen Beltrán Falces, Déborah Vukušić, Carmen Ruíz Fleta, Safrika, Sonia San Román, Carmen Camacho, Brenda Ascoz, Miriam Reyes, María Eloy García, Eva Vaz, Silvia Rodríguez, Ana Pérez Cañamares, Inma Luna, Roxana Popelka, Begoña Paz, Isabel Pérez Montalbán, Belén Reyes, Isabel Bono, Mada Alderete. Se publicará en Baile del Sol y el último responsable es Vicente Muñoz Álvarez.
Silvia Oviedo, Ester García Camps, Gloria Gil Romera, Déborah Vukusic, Lucía Fraga, Ana Vega, Nuria Mezquita, Ana Pérez Cañamares, María Cristina Morano, Inmaculada Luna, Begoña Paz, Isabel Bono y Lola Lugo. se publicará en Bartleby y el último responsable es David González.
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