
Llevaba mucho tiempo intentando hablar de este libro, pero no sé que me ocurría que no podía. Lo leí gracias a la recomendación de un gran amigo. Después, por azares de la vida conocía al autor y le organice una presentación en la librería en la que trabajo. Cuando fuí a Barcelona tuve el honor de que presentara mi libro. Comí y cené con él; pasé el suficiente tiempo con él como para expresarle mi opinión en persona. Pero no lo hice. El libro está, desde entonces, sobre mi mesa esperando que verbalice mi veredicto. Desde hace demasiado tiempo. Ha llegado la hora. Después de lo que he contadohabrán adivinado que poco malo puedo decir. pero es que apenas hay nada malo que contar.
El libro es La vida que soñamos (Egales, 2008), premio Terenci Moix, Fundación Arena. El autor es Raúl Portero.
La vida que soñamos es una novela desnuda, sin artificios, sin adornos, dura, sin mayúsculas; podría ser (parecer) una novela triste, pesimista. Al menos esa es la sensación que tuve al leer los primeros capítulos, dónde apenas se esconde el argumento. Desde ese inicio pareces saber que es lo que esconde el libro, parece que está todo dicho, que no te va a sorprender. Pero no todo está dicho de antemano. Hay un giro sorprendente en la novela, que obviamente no voy a desvelar. Ese giro convierte la novela en algo delicioso, en esperanzadora; convierte la tristeza, en la que nos había sumergido, en belleza. Y todo esto, en minúsculas, con una economía en las palabras verdaderamente admirable. Un libro que no se parece a ningún otro que hayas leído.
La vida que soñamos es la primera novela de Raúl Portero, un autor que, poco a poco nos va a sorprender con delicias literarias. Un autor que me alegro de haber conocido. Un autor al que agradezco que escriba.
se sienta en un banco a descansar. siente calor y unas gotas de sudor se le condensan en la frente. se las seca con la manga. el fragor del tráfico lo envuelve con su jauría histérica y sabe que la ciudad sigue ajena a él, y que seguirá estándolo cuando se haya muerto porque no ha dejado huella.
Raúl Portero. La vida que soñamos. Egales, 2008.
La vida que soñamos es una novela desnuda, sin artificios, sin adornos, dura, sin mayúsculas; podría ser (parecer) una novela triste, pesimista. Al menos esa es la sensación que tuve al leer los primeros capítulos, dónde apenas se esconde el argumento. Desde ese inicio pareces saber que es lo que esconde el libro, parece que está todo dicho, que no te va a sorprender. Pero no todo está dicho de antemano. Hay un giro sorprendente en la novela, que obviamente no voy a desvelar. Ese giro convierte la novela en algo delicioso, en esperanzadora; convierte la tristeza, en la que nos había sumergido, en belleza. Y todo esto, en minúsculas, con una economía en las palabras verdaderamente admirable. Un libro que no se parece a ningún otro que hayas leído.
La vida que soñamos es la primera novela de Raúl Portero, un autor que, poco a poco nos va a sorprender con delicias literarias. Un autor que me alegro de haber conocido. Un autor al que agradezco que escriba.
se sienta en un banco a descansar. siente calor y unas gotas de sudor se le condensan en la frente. se las seca con la manga. el fragor del tráfico lo envuelve con su jauría histérica y sabe que la ciudad sigue ajena a él, y que seguirá estándolo cuando se haya muerto porque no ha dejado huella.
Raúl Portero. La vida que soñamos. Egales, 2008.
[Ahora Raúl está preparando su segunda novela. sé poco de ella y no pregunto demasiado, prefiero que me sorprenda desde las librerías. Solo conozco el titulo: La piel gruesa, suficientemente sugerente como para estar deseando que se publique. Si quieres conocer más detalles el autor suelo contar algo, poco pero interesante, en su blog.]























ideas franquistas. Dejando a un lado este extraño giro es su biografía, leo La ciudad automática, un libro que escribió en 1934, en el que cuenta sus viajes por Estados Unidos. “Nueva York y las otras ciudades americanas son ciudades automáticas, donde el hombre va suprimiendo toda relación con el hombre para entenderse con las cosas directamente”. Pero esta visión que puede ser una critica tenue al estilo de vida americano se transforma cuando se leen cosas como estas: “tipo de vida americano, invención admirable para sacarle a la gente todo lo que gana “ o “ Nueva York es una ciudad que me irrita, pero que me atrae de un modo irresistible, y cuanto más me doy cuenta de lo que me atrae, a sabiendas de lo que me irrita, me irrita, naturalmente, muchísimo más todavía”. Queda claro, que al igual que a Gorki la visita a de Camba a Nueva York tampoco fue agradable. No creo recordar que la visión de Gracia Lorca de la Gran Manzana fuera en esta dirección, o al menos tan contundente. Tendré que releer el poemario. 





