
Nos encontramos a Cleofás Brown en un supermercado, trabajando de reponedor. Es otro tipo con mala suerte que no ha podido encontrar otro trabajo mejor. Un tipo cualquiera. Pero escondido en su pasado hay una historia que contar que resurge al escuchar en el hilo musical una canción titulada Soy distinto, un éxito de juventud del propio Cleofás.
Así comienza Soul Man (Lengua de trapo, 2009) la más reciente novela de José María Mijangos, un novelista que ya tiene un buen montón de nuevas novelas a sus espaldas (El rey de Prosperidad, Curso de asesinos por correspondencia, Braille para sordos). Lo que viene después no puedo desvelarlo, pero si puedo decir que son las andanzas, un poco quijotescas, por Memphis y Madrid, de Cleofás y familia, tocados, todos, por la mala suerte. No puede explicarse de otra manera que después de tocar el éxito con las puntas de los dedos, alguien lo puede perder todo; tiene que ser cuestión de mala suerte o de dejadez. Pero Mijangos lo cuenta muy bien (mejor que yo), con su característico humor salvaje, llevando las situaciones a límites insospechados. Y nos regala una novela que presenta la crueldad con la que caen los mitos, lo fácil que resulta abandonar abruptamente la cima sin motivos aparentes. Una novela que nos demuestra lo miserable y dura que puede ser la vida. Pero esto no la convierte en una novela triste; que podría serlo. No. Es una novela divertida, por surrealista, por exagerada, a veces por entrañable.
Creo que la frase que mejor resume la vida de Cleofás es el consejo que le regala su padre, ausente/presente, Mad Dog Rufus: Huye, huye siempre y niégalo todo. El problemas es que nadie sabe que ocurre cuando ya no puedes huir más, cuando estás atrapado entre una vieja psicópata quejándose de un tomate agusanado y las notas de tu éxito de juventud suenan hasta en los anuncios de desodorantes.
Desde entonces, ensayaba la vida de perdedor, con su mísero trabajo de reponedor de productos perecederos en un supermercado de Estrecho y su vagabundaje por pensiones, habitaciones baratas y copazos de licor con los que espantaba los fantasmas de su propio fracaso.
Así comienza Soul Man (Lengua de trapo, 2009) la más reciente novela de José María Mijangos, un novelista que ya tiene un buen montón de nuevas novelas a sus espaldas (El rey de Prosperidad, Curso de asesinos por correspondencia, Braille para sordos). Lo que viene después no puedo desvelarlo, pero si puedo decir que son las andanzas, un poco quijotescas, por Memphis y Madrid, de Cleofás y familia, tocados, todos, por la mala suerte. No puede explicarse de otra manera que después de tocar el éxito con las puntas de los dedos, alguien lo puede perder todo; tiene que ser cuestión de mala suerte o de dejadez. Pero Mijangos lo cuenta muy bien (mejor que yo), con su característico humor salvaje, llevando las situaciones a límites insospechados. Y nos regala una novela que presenta la crueldad con la que caen los mitos, lo fácil que resulta abandonar abruptamente la cima sin motivos aparentes. Una novela que nos demuestra lo miserable y dura que puede ser la vida. Pero esto no la convierte en una novela triste; que podría serlo. No. Es una novela divertida, por surrealista, por exagerada, a veces por entrañable.
Creo que la frase que mejor resume la vida de Cleofás es el consejo que le regala su padre, ausente/presente, Mad Dog Rufus: Huye, huye siempre y niégalo todo. El problemas es que nadie sabe que ocurre cuando ya no puedes huir más, cuando estás atrapado entre una vieja psicópata quejándose de un tomate agusanado y las notas de tu éxito de juventud suenan hasta en los anuncios de desodorantes.
Desde entonces, ensayaba la vida de perdedor, con su mísero trabajo de reponedor de productos perecederos en un supermercado de Estrecho y su vagabundaje por pensiones, habitaciones baratas y copazos de licor con los que espantaba los fantasmas de su propio fracaso.
José María Mijangos. Soul Man. Lengua de Trapo, 2009










