Géza Cséth es su autor, que haciendo honor a su propio tiulo, y a su propio final (también acaba mal), puede considerarse un autor maldito. Blas Parra, en la introducción a dicho libro, dice que "los escritores malditos no suelen ser gente positiva, es cierto". Y pienso que debo leer más sobre Alejandro Sawa y que tengo que intentar ser más positivo (o no, no sé).

El despertar, ¿verdad?, produce sentimientos insoportables que perduran durante mucho tiempo. Por la mañana, la luz del día retumba por la calle con acordes ensordecedores. Ni siquiera los vidrios opalinos ni las cortinas coloreadas nos resguardan de ella, porque con su ruido molesto, crujiente y rítmico lo atraviesa todo y nos reclama con insistencia. Hya que ir. Hay que mezclarse con seres humanos simples con malas caras que creen que esta infame y despiadada música es la Ley de la Vida, y que lo que ellos viven, es el vivir mismo.
Géza Cséth. Cuentos que acaban mal. El Nadir Ediciones, 2007.














