Esto tiene que acabar.
Es lunes (bueno, es martes, pero ha sido el lunes el día de mi reflexión), el día de la semana que más me gusta. Los lunes tengo ganas de hacer cosas nuevas, de cambiar, de volver a empezar. Casi siempre las iniciativas luneras se esfuman los miercoles, o los jueves. Algunas ni siquiera llegan a los martes. Pero esta vez es diferente.
Quiero cambiar, por enésima vez, la orientación de este blog (y no me refiero a la sexual). En los últimos meses se había convertido en una sucesión de citas de los libros que estaba leyendo y los carteles de las presentaciones a las que acudía (o pensaba asistir). Si bien era un reflejo de mi mismo a través de otros, también era una manera, muy vaga (de esfuerzo y de precisión) de mostrarme. Ahora intentaré mostrarme más, explicando que me lleva a poner esa cita o por qué acudo a aquella presentación. A veces incluso prescindiré de esas excusas.
bienvenidos a este (re)comienzo. Veremos cuanto me dura.
Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
30 noviembre 2009
29 noviembre 2009
cicatrices
no me hagas daño poco a poco
mátame ya
una
sola
es-tocada
la herida
siempre
limpia
soy un jarrón milenario
Déborah Vukušić. Perversiones y ternuras/Perversións e tenruras. Baile del sol, 2009.
mátame ya
una
sola
es-tocada
la herida
siempre
limpia
soy un jarrón milenario
Déborah Vukušić. Perversiones y ternuras/Perversións e tenruras. Baile del sol, 2009.
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Dévorah Vukušić
cine de barrio
En meses sucesivos advertiría, o acaso alguien me lo revelara, que ese cuartito acogedor y alumbrado por una única bombilla desnuda era el picadero en el que mi padre y su difunto hermano se habían escondido con sus novias auspiciados por el rumiar de las máquinas de proyección; los imaginaba en su refugio, protegidos por aquellos cientos de pares de ojos de todos los tamaños, que los obsevaban mientras hacían sus amores durante las sesiones, porque un cine de barrio facilitaba cierta intimidad de la que otros locales carecian, debido al maullido de las maderas, el polvo de las esquinas y la programación erótica, que estimulaban los instintos bajos mejor que en la actualidad, en los complejos de multicines, donde toda la sordidez se ha sustituido por adornos, novedades técnicas, pulcritus, películas toleradas y el espacio justo para moverse, sin esos rincones umbríos que solíamos recorrer.
José Ángel Barrueco. Recuerdos de un cine de barrio. Baile del Sol, 2009
José Ángel Barrueco. Recuerdos de un cine de barrio. Baile del Sol, 2009
23 noviembre 2009
20 noviembre 2009
javier gato en madrid
El viernes día 20 Javier Gato llegará a Madrid y, después de descubrir lo que es un metro y que existe gente que pronuncia la ese y la jota, presentará su libro Diario de un gato nocturno a las 19:30 en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, número 119. La presentación será llevada a cabo por Iñaki Echarte Vidarte, director de la revista Alex Lootz, autor de Blues y otros cuentos y en definitiva un niño un poquito alto. Durante la presentación se repartirán monguis y azúcar moreno.

El gato se acercó sumisamente,
con la cabeza gacha
y la resignación de quien espera ya la patada.
Arqueó tímidamente el lomo
y levantó un pequeño remolino entre mis tobillos,
suplicando una pizca de atención.
Acaricié su pelaje anhelante de cariño
y se aferró a mi regazo con sus fuertes garras,
desesperadamente.
Noté el pánico atroz del animal a perder aquella caricia
que alguien por fin le concedía
desde hacía mucho tiempo.
Apoyó su cabecita contra mi vientre
y se puso a lamerme el pecho.
Me sentí desolado al ver a este príncipe de la noche
despojado de su majestad,
maltratado,
humillado,
derrotado,
rogando amor de una forma tan lamentable.
Pensé: Que solo y herido debe sentirse este gato
para mendigar caricias
como el más miserable de los perros.
Javier Gato. Diario de un gato nocturno. Cangrejo Pistolero Ediciones, 2009.

El gato se acercó sumisamente,
con la cabeza gacha
y la resignación de quien espera ya la patada.
Arqueó tímidamente el lomo
y levantó un pequeño remolino entre mis tobillos,
suplicando una pizca de atención.
Acaricié su pelaje anhelante de cariño
y se aferró a mi regazo con sus fuertes garras,
desesperadamente.
Noté el pánico atroz del animal a perder aquella caricia
que alguien por fin le concedía
desde hacía mucho tiempo.
Apoyó su cabecita contra mi vientre
y se puso a lamerme el pecho.
Me sentí desolado al ver a este príncipe de la noche
despojado de su majestad,
maltratado,
humillado,
derrotado,
rogando amor de una forma tan lamentable.
Pensé: Que solo y herido debe sentirse este gato
para mendigar caricias
como el más miserable de los perros.
Javier Gato. Diario de un gato nocturno. Cangrejo Pistolero Ediciones, 2009.
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Javier Gato
18 noviembre 2009
yo puedo decir muchas cosas
Yo puedo decir muchas cosas,
y algunas no.
No puedo decir: Madrid es mi tierra,
tengo que decir mi cemento,
-y lo siento-.
Gloria Fuertes. Historia de Gloria. Amor , humor y desamor. Catedra, 2008.
y algunas no.
No puedo decir: Madrid es mi tierra,
tengo que decir mi cemento,
-y lo siento-.
Gloria Fuertes. Historia de Gloria. Amor , humor y desamor. Catedra, 2008.
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Gloria Fuertes
13 noviembre 2009
12 noviembre 2009
09 noviembre 2009
novedades de norberto luis romero

A modo de prólogo o justificación del silencio
Nací y crecí en un valle de las sierras cordobesas de Argentina. Mis primeros cuentos los escribí alrededor de los 17 años. La carrera universitaria de cinematografía y el posterior ingreso en la industria del cine me apartaron de la escritura, de la que sólo era un aficionado. Pero no me arrepiento, el cine me enseñó el valor de las pausas, la elocuencia del silencio y la creación de atmósferas, también la importancia de una estructura narrativa sólida, sin fisuras y, a ser posible, rica en matices.
Con veintiséis años llegué a Madrid, donde comencé a alternar mi trabajo como realizador de cine de animación y nuevamente la escritura de cuentos, pues algo extraordinario me faltaba. De la mano de mi amigo y maestro Daniel Moyano, a quien conocí en Madrid sobre principios de los ochenta y de inmediato del escritor norteamericano H.E.Francis, supe de mi verdadera vocación de narrador; tenía yo entonces poco más de treinta años. Soy, pues, un escritor tardío.
Mi primer libro de cuentos “Transgresiones” fue publicado en la Editorial Noega, de Asturias, de la que obtuvo el premio a la primera y única convocatoria, esto fue en el año 1983. En el año 1996, “Canción de cuna para una mosca doméstica ganaba el “Premio Tiflos” de la Organización Nacional de Ciegos. El destino de ese libro es para mí, hasta el día de hoy, un enigma: por entonces la propia organización lo editaba. Cuando Ediciones Nobel, de Oviedo, publicó “El momento del unicornio” a fines de 1995, habían transcurrido 13 años de silencio, silencio cuyo motivo muchos han querido saber sin que pudiera darles otra explicación salvo que, por entonces, en España el género de cuentos fantástico era casi sistemáticamente ignorado cuando no denostado. Conservo las numerosas cartas de editores y agentes de renombre en las que me rechazaban, con alabanzas y reconocimientos, por ser el cuento poco comercial y acto seguido me instaban a escribir una novela. Dejar de mendigar por editoriales fue gracias a que, no puedo asegurar si apostando por estos consejos o por necesidades creadoras, me volqué en la novela. Hoy puede resultar anecdótico, pero también lamentable, porque esos mismos cuentos estaban siendo publicados en Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Francia, Alemania, etc., en prestigiosas revistas literarias, antologías e incluso en un par de libros propios. No existía internet, ni blogs, ni redes sociales a los que pudiera acogerme para vincularme al mundo literario y darme a conocer.
Hoy, a pesar de estar de moda los cuentos, el género fantástico sigue aún estigmatizado, contando con un reducido, muy reducido, puñado de cultivadores si lo comparamos con el vigor característico del que ha gozado y goza en ambas Américas.
Del libro ganador del premio Tiflos, rescaté el cuento “Diario del Taxidermista” para incluirlo en la primitiva edición de “El momento del Unicornio” de Ediciones Nobel, volumen publicado luego en 2004 por Leaping Dog Press, de California, bajo el título de uno de sus cuentos “The Last Night of Carnival” y que ahora, gracias a Tropo, vuelve a ver la luz en España 19 años después, ampliado con un puñado de relatos más actuales.
De aquellos primeros y vacilantes cuentos escritos en el Valle de Punilla cordobés, persisten en los nuevos el destello de la infancia, la perturbada adolescencia, el clamor del paisaje y la resignada ausencia de mi gente. Lo demás es pura imaginación.
Norberto Luis Romero, en Llucmajor, Baleares, julio de 2009

Emma Roulotte is a somewhat old-fashioned young girl who is aware that she is a character whom the author denies an important role in the book. Fortuitous circumstances are such that the girl can finally write her own story with words that the author had foreseen in order to create his major work, and she assumes the protagonist’s roll after having played a secondary character in several stories, each one of which parodies a classic story form. Emma will end by directing the plot that has escaped the author’s hand.
Nací y crecí en un valle de las sierras cordobesas de Argentina. Mis primeros cuentos los escribí alrededor de los 17 años. La carrera universitaria de cinematografía y el posterior ingreso en la industria del cine me apartaron de la escritura, de la que sólo era un aficionado. Pero no me arrepiento, el cine me enseñó el valor de las pausas, la elocuencia del silencio y la creación de atmósferas, también la importancia de una estructura narrativa sólida, sin fisuras y, a ser posible, rica en matices.
Con veintiséis años llegué a Madrid, donde comencé a alternar mi trabajo como realizador de cine de animación y nuevamente la escritura de cuentos, pues algo extraordinario me faltaba. De la mano de mi amigo y maestro Daniel Moyano, a quien conocí en Madrid sobre principios de los ochenta y de inmediato del escritor norteamericano H.E.Francis, supe de mi verdadera vocación de narrador; tenía yo entonces poco más de treinta años. Soy, pues, un escritor tardío.
Mi primer libro de cuentos “Transgresiones” fue publicado en la Editorial Noega, de Asturias, de la que obtuvo el premio a la primera y única convocatoria, esto fue en el año 1983. En el año 1996, “Canción de cuna para una mosca doméstica ganaba el “Premio Tiflos” de la Organización Nacional de Ciegos. El destino de ese libro es para mí, hasta el día de hoy, un enigma: por entonces la propia organización lo editaba. Cuando Ediciones Nobel, de Oviedo, publicó “El momento del unicornio” a fines de 1995, habían transcurrido 13 años de silencio, silencio cuyo motivo muchos han querido saber sin que pudiera darles otra explicación salvo que, por entonces, en España el género de cuentos fantástico era casi sistemáticamente ignorado cuando no denostado. Conservo las numerosas cartas de editores y agentes de renombre en las que me rechazaban, con alabanzas y reconocimientos, por ser el cuento poco comercial y acto seguido me instaban a escribir una novela. Dejar de mendigar por editoriales fue gracias a que, no puedo asegurar si apostando por estos consejos o por necesidades creadoras, me volqué en la novela. Hoy puede resultar anecdótico, pero también lamentable, porque esos mismos cuentos estaban siendo publicados en Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Francia, Alemania, etc., en prestigiosas revistas literarias, antologías e incluso en un par de libros propios. No existía internet, ni blogs, ni redes sociales a los que pudiera acogerme para vincularme al mundo literario y darme a conocer.
Hoy, a pesar de estar de moda los cuentos, el género fantástico sigue aún estigmatizado, contando con un reducido, muy reducido, puñado de cultivadores si lo comparamos con el vigor característico del que ha gozado y goza en ambas Américas.
Del libro ganador del premio Tiflos, rescaté el cuento “Diario del Taxidermista” para incluirlo en la primitiva edición de “El momento del Unicornio” de Ediciones Nobel, volumen publicado luego en 2004 por Leaping Dog Press, de California, bajo el título de uno de sus cuentos “The Last Night of Carnival” y que ahora, gracias a Tropo, vuelve a ver la luz en España 19 años después, ampliado con un puñado de relatos más actuales.
De aquellos primeros y vacilantes cuentos escritos en el Valle de Punilla cordobés, persisten en los nuevos el destello de la infancia, la perturbada adolescencia, el clamor del paisaje y la resignada ausencia de mi gente. Lo demás es pura imaginación.
Norberto Luis Romero, en Llucmajor, Baleares, julio de 2009

Emma Roulotte, una joven algo chapada a la antigua, es consciente de ser un personaje al que el autor se niega a darle un papel importante. Circunstancias fortuitas hacen que la joven, por fin, pueda escribir su propia historia con las palabras previstas por el autor para hacer su obra cumbre, y asuma el rol de protagonista después de haber sido un personaje secundario en varias historias que parodian, cada una de ellas, un genero cuentístico clásico. Emma terminará guiando la trama que al autor se le escapó de las manos.
Emma Roulotte is a somewhat old-fashioned young girl who is aware that she is a character whom the author denies an important role in the book. Fortuitous circumstances are such that the girl can finally write her own story with words that the author had foreseen in order to create his major work, and she assumes the protagonist’s roll after having played a secondary character in several stories, each one of which parodies a classic story form. Emma will end by directing the plot that has escaped the author’s hand.
06 noviembre 2009
05 noviembre 2009
¿qué cuento, mañana? de sergio bellver
(...)
Se está escribiendo mucho cuento en España y, a veces, se está escribiendo incluso buen cuento, desde un punto de vista formal. Cuando se ha dicho, y lo hemos dicho muchos, que el cuento comienza a gozar de buena salud en este país, uno ha interpretado que ya va siendo hora de abandonar el discurso de la queja, que si el cuento no tiene más presencia en los medios tal vez sea porque los medios tradicionales están demasiado condicionados por las inercias habituales del mercado editorial, que al cuento no le hace falta parecerse a otra cosa, y que, si bien poco a poco va ganando su espacio, tal vez su hábitat natural sea siempre periférico, como, no nos engañemos, le sucede a menudo a toda buena literatura. Pretender ocupar el cauce principal con el cuento es nadar contra la corriente. Ahora bien, de un tiempo a esta parte observo con una tibia preocupación que esa buena salud del cuento español se está quedando en la superficie. Porque sí, se publican cada vez más libros de relatos, y algunos incluso ganan cierta visibilidad, a través de importantes premios, a veces en algunos medios y de vez en cuando en las mesas de las librerías. Pero he de retomar mis dudas, he de volver a preguntarme y a preguntaros en voz alta si no estamos desactivando entre todos el potencial socavador y vivo del cuento en aras de la literatura de entretenimiento, de las mismas estrategias de producción y consumo que algunos cuentistas dicen despreciar, del placebo para todos y ninguna herida por la que respire una literatura nueva.
(...)
Sergio Bellver.
Puedes leer el texto completo aquí.
Se está escribiendo mucho cuento en España y, a veces, se está escribiendo incluso buen cuento, desde un punto de vista formal. Cuando se ha dicho, y lo hemos dicho muchos, que el cuento comienza a gozar de buena salud en este país, uno ha interpretado que ya va siendo hora de abandonar el discurso de la queja, que si el cuento no tiene más presencia en los medios tal vez sea porque los medios tradicionales están demasiado condicionados por las inercias habituales del mercado editorial, que al cuento no le hace falta parecerse a otra cosa, y que, si bien poco a poco va ganando su espacio, tal vez su hábitat natural sea siempre periférico, como, no nos engañemos, le sucede a menudo a toda buena literatura. Pretender ocupar el cauce principal con el cuento es nadar contra la corriente. Ahora bien, de un tiempo a esta parte observo con una tibia preocupación que esa buena salud del cuento español se está quedando en la superficie. Porque sí, se publican cada vez más libros de relatos, y algunos incluso ganan cierta visibilidad, a través de importantes premios, a veces en algunos medios y de vez en cuando en las mesas de las librerías. Pero he de retomar mis dudas, he de volver a preguntarme y a preguntaros en voz alta si no estamos desactivando entre todos el potencial socavador y vivo del cuento en aras de la literatura de entretenimiento, de las mismas estrategias de producción y consumo que algunos cuentistas dicen despreciar, del placebo para todos y ninguna herida por la que respire una literatura nueva.
(...)
Sergio Bellver.
Puedes leer el texto completo aquí.
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