Hay dos oficios, ya perdidos, que siempre me han fascinado. El primero de ellos lo conocí gracias a Tasio, la película de Montxo Armendariz que cumplé ahora 25 años: lo mío con las peliculas de Armendariz es, practicamente, pasión. Con Tasio, que la vi de muy pequeño, descubrí que mi (la) tierra escondía secretos y tradiciones que no podemos permitirnos olvidar. Apenas sabría nada de los carboneros si Armenzdariz no hubiera dirigido esa pelicula y si no hubiera rodado el documental Carboneros de Navarra como estudio previo. Después ha hecho muy pocas películas, pero todas han sido exquisitas. 27 horas, Las cartas de Alou, Historias del Kronen, Secretos del corazón (rodada, en parte en Pamplona y en la que casi participo como extra), Silencio Roto y Obaba. Ahora el Gobierno de Navarra ha editado un libro con el guión, fotografías, el storyboard, la película y el documental que le dio origen. Es un pequeño tesoro que guardo en mi casa y que me recordará uno de esos oficios casi olvidados.
El otro oficio es el de los cordeleros, que en Pamplona trabajaban en el Redin. Siempre he querido escribir una historia en la que un adolescente de un pueblo de Navarra iba a Pamplona a trabajar como cordelero, un oficio duro y poco gratificante. pero de momento es apenas una idea. De momento cuando paseo por el Redin no puedo evitar pensar que lo que hoy es una zona de paseo, ayer era el lugar de trabajo de los cordeleros.
El otro oficio es el de los cordeleros, que en Pamplona trabajaban en el Redin. Siempre he querido escribir una historia en la que un adolescente de un pueblo de Navarra iba a Pamplona a trabajar como cordelero, un oficio duro y poco gratificante. pero de momento es apenas una idea. De momento cuando paseo por el Redin no puedo evitar pensar que lo que hoy es una zona de paseo, ayer era el lugar de trabajo de los cordeleros.

(Creo que estoy un poco nostalgico estos días.)



