Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

26 diciembre 2009

carboneros y cordeleros

Hay dos oficios, ya perdidos, que siempre me han fascinado. El primero de ellos lo conocí gracias a Tasio, la película de Montxo Armendariz que cumplé ahora 25 años: lo mío con las peliculas de Armendariz es, practicamente, pasión. Con Tasio, que la vi de muy pequeño, descubrí que mi (la) tierra escondía secretos y tradiciones que no podemos permitirnos olvidar. Apenas sabría nada de los carboneros si Armenzdariz no hubiera dirigido esa pelicula y si no hubiera rodado el documental Carboneros de Navarra como estudio previo. Después ha hecho muy pocas películas, pero todas han sido exquisitas. 27 horas, Las cartas de Alou, Historias del Kronen, Secretos del corazón (rodada, en parte en Pamplona y en la que casi participo como extra), Silencio Roto y Obaba. Ahora el Gobierno de Navarra ha editado un libro con el guión, fotografías, el storyboard, la película y el documental que le dio origen. Es un pequeño tesoro que guardo en mi casa y que me recordará uno de esos oficios casi olvidados.





El otro oficio es el de los cordeleros, que en Pamplona trabajaban en el Redin. Siempre he querido escribir una historia en la que un adolescente de un pueblo de Navarra iba a Pamplona a trabajar como cordelero, un oficio duro y poco gratificante. pero de momento es apenas una idea. De momento cuando paseo por el Redin no puedo evitar pensar que lo que hoy es una zona de paseo, ayer era el lugar de trabajo de los cordeleros.



(Creo que estoy un poco nostalgico estos días.)

21 diciembre 2009

a vueltas con lorca

Sé poco de la guerra civil. Tengo que reconocerlo.
Recuerdo que mi abuela contaba como le llevaba comida a mi abuelo, que estaba escondido. Recuerdo también que se refería a un hermano que "murió en la guerra". Pero era demasiado pequeño para preguntar que había más alla de esas palabras. De modo que, aun hoy, desconozco el resto de la historia. Mi abuela ya no está para contarme la historia completa de esos años. Y tampoco es tan importante en que bando estuvieron, que al final es de lo que todos hablan. Después vino la posguerra y esos comentarios sobre el hambre y sobre el ahorro que siempre escuché de mis abuelas y sus hermanos/as. Y la dictadura, de la que mis padres hablan poco. A ellos si les puedo preguntar; algún día lo haré.
Tampoco recuerdo nada de lo que me enseñarón en el colegio y en el instituto sobre esa época de lahistoria de España. No vendría mal recuperar los libros y los apuntes y ver que es lo que me enseñaron (si me enseñaron algo) y la razón por la que lo olvidé tan pronto.
Sin embargo las librerias están llenas de libros de la guerra civil, de forma muy desproporcionada con respecto a otras épocas. Y culaquier novelista español, que sea digno de llamarse así, le dedica una novela (o una trilogia, los más atrevidos). Tengo que reconocer que no he leido ninguna, que nunca he sabido que libro me puede hacer entender la barbarie española de los años 30. Algún día me lanzaré y no tengo la menor duda de que me horrorizaré.
Cuento todo esto por la tumba vacía de Federico García Lorca, cuya historia es expuesta en miles de libros. Lorca no está dónde se esperaba. No es importante dónde esté, lo importante es la forma en la que lo han manejado desde su muerte, que todos lo hayan manejado para su beneficio. Lorca no estaba dónde lo buscarón, quizas porque está vivo. Al menos esa es una de las teorias (no tan extravagante como pueda parecer al principio) que manejó Fernando Marias para escribir la novela La luz prodigiosa, y que después fue llevada al cine, con el mismo nombre por Miguel Hermoso. He vuelto a ver la película, que me regaló mi amigo David (gracias David), y he descubierto que si esa tesis fuera cierta y Lorca hubiera sobrevivido a su fusilamiento, salvado por un pastor y perdido la memoria por completo, todo lo que ha estado pasando durante con respecto a los momentos de Lorca estos años habría perdido el sentido.
Y no puedo evitar compararlo con la historia del hermano de mi abuela, con la cara de pena que se le quedaba cuando lo contaba, con mi total desconocimiento sobre el lugar en el que está enterrado. Él está en la cara de mi abuela, en las fotos que mi familia conserva y en esa pequeña historia sin apenas detalles.
Y Lorca está en manos de demasida gente. O así me lo parece a mí.



Nana, niño, nana
del caballo grande
que no quiso el agua.
El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega el Puente
se detiene y canta.
¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?

Duermete, clavel
que el caballo no quiere beber
Duermete, rosal,
que el caballo se pone a llorar

20 diciembre 2009

fines del mundo, de burgess a chico y chica

Desde que descubrí Poderes terrenales no hay un autor que me haya obsesionado tanto. Recorro las librerias de segunda mano en busca de sus libros. Voy directamente a la B de Burgess y después, encuentre o no alguno de sus libros, camino desorientado por los lomos de los libros.
Acabo de terminar, en este domingo tan extraño en el que he pasado por demasiados estados anímicos Fin de las noticias del mundo (Ediciones B, 1988), la novela póstuma que llevo leyendo, practicamente, desde el verano (y que he disfrutado enormemente). Pero no es una novela normal. en realidad combina tres historias. Una narración, en forma de musical, sobre la visita de Trosky a Nueva York, los problemas de Freud con su mandibula y sus discipulos, y un relato fantástico (y fantástico) sobre el fin del mundo. Y todo mezclado como si de una televisión se tratara, cambiando de canal (de historia) en el momento más insospechado. Literatura fragmentada.
Obviando esos rumores que cuentan que dicho libro fue montado por los herederos de Burgess para sacar un poco (o un mucho) de dinero, conviene destacar la inagotable imaginación del autor y la sublime sabiduria (visionaria) de sus palabras:

Había habido un momento en que hubiese podido hablas en las cadenas de radio y televisión que aún seguían funcionando y haber dicho:
-El fin se acerca, y os he confortado con falsas esperanzas. He mentido en beneficio de vuestra felicidad efímera. No os he dado tiempo de ordenar vuestras casas, es decir, de satisfacer la necesidad que todos los hombres y mujeres tienen de preparar el alma para el fin. Pero yo era un político, no un clérigo. Mi deber era mantener el orden, aun si mantener el orden significaba manteneros en la oscuridad. Ahora sabeís que hay un final para todas las cosas que nos rodean, ¿y qué consuelo puedo ofreceros? Puedo decir: el mundo ya se estaba acabando, aunque intentamos engañarnos creyendo que no era así. Estaba acabando porquehabía demasiada gente en el mundo y no había suficiente que comer. Porque se avecinaba una guerra cuyo exclusivo resultado sería asegurar que nadie en el mundo tuviese en absoluto qué comer. Si Dios existiese, ha sido quizás misericordioso. No podemos reprocharnos que el final se acerque. Estamos obligados a recordar que la naturaleza es poderosa y el hombre débil. El salmista tenía razón: toda la carne es hierba. Y ahora esa hierba es arrojada al horno. Sé valiente, si puedes. Recuerda que la vida no es un derecho, es un don. Y ahora nos retiran ese don. Agradece el haber podido saborearlo. Camina hacia la oscuridad con la cebeza erguida y los ojos abiertos.
Paparruchas. Retórica barata.
No había nada que decir. Nunca había habido nada que decir.

Y he aquí otra manera de ver el fin del mundo:
[no es el video que quería poner (Fin del mundo de Chico y Chica) pero es también un poco findelmundo, apocalípticamente hablando]


14 diciembre 2009

desarraigo

Llevo queriendo escribir esta entrada demasiado tiempo. Bueno, otras que he dejado por el camino de mi memoria. Pero esta es la que me sale ahora. Y sé que me arrepentiré. Pero tengo que hacerlo.
Un día al llegar a la habitación que ocupo actualmente me di cuenta que no me gustaba. Ni la decoración, ni las cosas que la ocupaban. Eran mis cosas, las había comprado con mi dinero. Pero no las quería. No sé si antes o despues alguien me dio un beso y no sentí nada. Un día separé mis libros en tres grupos. Unos me los quedé, otro los guardé en el cuarto trastero (me gusta como suena cuarto trastero) y del resto me deshice impunemente. Un día que fui a ver a casa de mis padres, mi abuela dejó de reconocerme. Es cierto que está enferma, pero sólo así no pudo darse cuenta de que estaba olvidando a alguien que no existia tal y como ella creía que era.
Me publicarón un libro, eso sí. Ese día me sentí muy satisfecho, pero cierto miedo se me enganchó como un anzuelo en la frente.
Recuerdo que otro día, al salir del trabajo, fui a tomarme una cerveza solo. No lo pasé bien (ni mal) pero si mejor que en ciertos encuentros y reuniones donde el abatimiento me golpea, a veces, como a un boxeador derrotado.
No sé si me explico. Podría decirlo más claro, pero no es una de mis costumbres.
Mañana, quizás, encuentre algo/alguien que me entusiasme. Mientras seguiré fingiendo que este mundo me pertenece (o que yo pertenezco a este mundo).
Iré a pasar las navidades con mis padre, pasaré el año nuevo no sé con quien. Presentaré otro libro. Escribiré un novela. Perderé varias veces, da igual que sea la cartera, una buena oportunidad o el juicio. Saldré de trabajar y me iré a tomar una cerveza, contigo por ejemplo. Aunque después vuelva sólo a casa. Me mudaré de nuevo. Cantaré una canción y soñaré con conocer a ese tio que canta El influjo de la luna. Leeré otro libro de Burgess.
Me ocurriran miles de cosas, que, en vez hacerme echar raices, me harán volar más lejos. Y no ha peor cosa que alejarse del lugar en el que se encuentra uno. Pero es algo que uno no puede evitar cuando está en un lugar que no desea.


11 diciembre 2009

recordando barricada

Este último puente me invitaron, en Pamplona, a una de esas fiestas de las que apenas se puede contar nada sin revelar secretos de estado. Sin embargo lo que si puedo contar es que, después de tanto tiempo intentando olvidar mi pasado, empiezo ahora a reconstruirlo. Una de esas cosas que había olvidado es el tipo de canciones que ponen en los bares de Pamplona a altas horas de la noche. Una de esas que nunca faltan es No hay tregua del mitico grupo Barricada. Una canción que cantamos al piano. En Pamplona somos así.

08 diciembre 2009

señales se queda conmigo

Gonzalo me regaló, muy acertadamente, el último libro de Yuri Herrera. Señales que precederán al fin del mundo (Periférica, 2009) es un pequeño libro que forma parte de la colección Biblioteca Portátil.
El libro me gusta por diversas razones:
1.- Tiene una historia mínima pero muy sugerente que, además, está plagada de reflexiones muy afortunadas.
2.- Es un libro pequeño (de tamaño) perfecto para alguien que, como yo, tiene una "biblioteca portátil" repartida en varios espacios y que tiende a ser reducida pero selecta, como si fuera un arca de Noé literaria (Señales que precederán al fin del mundo queda dentro de la selección).
3.- Herrera posee una prosa estupenda: La ciudad era un arreglo nerviosos de partículas de cemento y pintura amarilla. carteles de prohibición hormigueban calle a calle inspirando a los nacionales a verse siempre protegidos, seguros, amables, inocentes, soberbios, intermitentemente azorados, livianos y desbordantes; sal de la única tierra que vale la pena conocer. Florecían en los supermercados, vergel donde se podía tener más que los demás, o algo diferente, o una marca más nueva o un pan menos chico que el de los demás. Makina nomás magulló latas y olió botellas y mejor jarchó de ahí, y fue al ver el gabacherío de las cajas registradoras que noto sus caras de malancolía ante la pantallita digital y cómo casi casi brincaban un poquito cada vez que la máquina hacia ¡tut! con cada producto. Y al jarchar a la calle volvían a compensar la fugaz diferencia aplacando el rostro para no ofender a nadie.
Sólo necesitan un ratito para leer este libro. Y deben hacerlo.

04 diciembre 2009

lecturas para el puente

Mañana saldré de viaje. Llevaré unos libros como compañia para leer en el tren y en casa. Estos son los elegidos:
- Señales que precederán el mundo (Periférica) de Yuri Herrera, una recomendación y un regalo de Gonzalo el tipo más infame que conozco.

- La piel gruesa (Egales) de Raúl Portero, por cortesía del autor. Muchas gracias Raúl.



- Fin de las noticias del mundo (Ediciones B) de Anthony Burgess, que lo llevo a la mitad y quiero acabarlo para continuar con la obra del autor (Las visperas de Santa Venus y Sinfonia napoleonica).



Nota: me acabo de dar cuenta de que estoy ligeramente apocaliptico... ¿será la proximidad del 2012?

03 diciembre 2009

americanos en sanfermines

Ando un poco cabreado, no sé con quién, pero estoy cabreado.
James Mangold ha traído a Cádiz a Tom Cruise y a Cameron Diaz para rodar la escena final de Wichita. Dicha escena consiste en un encierro de los Sanfermines en el que los protagonistas van delante de los toros subidos en una moto y son perseguidos por dos coches en perpetuo zig-zag. Muy creíble. Y después de haber visto un video del rodaje no me queda otra que echarme a llorar.

No entiendo cual es la razón por la que estos americanos se niegan a informarse un poco más o, como mínimo intentan ser un poco más creíbles. Nadie que conozca los Sanfermines y esté en su sano juicio puede idear las escenas que los americanos ruedan.
Aún recuerdo una serie de televisión en la que los personajes (incluso los toros) eran mexicanos, con sus andeles y sus sombreros. En Carnaval de ladrones, una película también norteamericana de los años 60 un grupo de ladrones van a Pamplona a robar el Banco de España. No se les ocurre mejor idea que fabricar un noveno gigante, para colocarlo al lado de la ventana del banco y rellenar su cabeza con el botín, y sacarlo con la comparsa como si los pamplonicas no fueran a darse cuenta de que era un gigante falso. Mucho más sencillo habría sido utilizar el gigante europeo, por ejemplo. Al menos vinieron a Pamplona a rodar.

Y me viene a la memoria también el memorable episodio de McGiver en el País Vasco. No tiene desperdicio.

Me da la sensación de que los americanos deberían preguntar más e inventar menos. que para algo tiene que servir que nos invadan la ciudad una vez al año.

02 diciembre 2009

casas

Ayer entré a mi antigua casa. La de Paseo de Extremadura, no. La de la La latina, tampoco. La de Tirso de Molina, sí, esa. La historia es complicada, pero voy a intentar contarla.

Hace un mes fui al medico. Al salir solicité una nueva cita. La señora que me atendió me avisó de que mi tarjeta sanitaria estaba caducada, la buscó entre las que tenía allí y no la encontró. "¿No se la han mandado a casa?". "No.", mentí yo; era imposible que lo supiera, pues no vivo en la casa que figura en mi ficha desde hace, por lo menos, cinco años. "Vamos a mandarsela otra vez." "Puedo recogerla aquí.", tenía que intentarlo. Pero no, ella quería mandarla a esa casa que ya no era mi casa, avisándome ademas que con mi tarjeta sanitaria caducada podía tener problemas. Económicos, desde luego. Podrían cobrarme el tratamiento si, de repente, acababa en un hospital. Así que sólo me quedaba una salida. Empadronarme en mi casa de Menendez Pelayo y cambiar de médico. Ninguna de las dos cosas me apetecian. Ambas era un engorro.

Pero se me encendió una bombillita en la cabeza. Ya que la tarjeta sanitaria iba a llegar a mi antigua casa podría ponerme en contacto con el nuevo inquilino y pedirle que me la guardara. Era un acto desesperado que no tenía por que acabar bien. ¿Quién en su sano juicio respondería a una carta de un antiguo inquilino solicitando que le guardaran una carta que iba a llegar a su nombre? La gente es desconfiada por definicion. La señora que me atendió en la consulta lo era; había notado algo raro en mi conversación, estor seguro. ¿Por qué no ba a serlo el nuevo inquilino, ese desconocido?

Pero ayer, cuando ya me había hecho a la idea de que tendría que empadronarme y cambiarme de médico, recibí la llamada del nuevo inquilino. Había llegado la carta y me la enviaba a la dirección que quisiera. Fue una gran sorpresa darme cuenta que aún queda gente que, sin conocerte, te hace un pequeño favor. Le sugerí que, para mayor comodidad de ambos, podría pasarme por la casa a recoger el sobre. Aceptó y me fuí para allí.

Cuando entré en mi antigua casa me di cuenta de que ya no quedaba nada de mi en aquel lugar, ninguna pista de mi paso. No reconocí el sitio. Y no fue por la decoración. Tampoco había reconocido el ascensor, que no había cambiado. Ni reconoci, tampoco, el baño, que se veia a traves de la puerta entreabierta y tampoco había cambiado. No reconocí el sitio porque, en realidad, no me había pertenecido.

En el, apenas, minuto y medio que pasé dentro de la casa resonó en mi cabeza el título del nuevo libro de Melusina, cuya publicidad, me llegó ayer al correo: No tendrás casa en tu puta vida, una frase que tengo instalada en la cabeza, pero que me empeñaba en tomar a broma. No tendrás casa en tu puta vida, a pesar de que después viva en Pacífico, en Quevedo o, soñando un poco, en el barrio de los Austrias.



«Cuando uno nace (a muy temprana edad, como decía el gran Groucho) descubre que en contadas ocasiones de su vida dejará de ser un «compañero de piso» en este mundo superpoblado. Es algo que sabemos incluso antes, cuando éramos un espermatozoide raramente solitario, en un piso de protección genital.»

01 diciembre 2009

sobre la tristeza

Acabo de recibir una bateria de preguntas para una entrevista que llevaba esperando desde hace tiempo. entre todas las preguntas posible he detectado una que, me da la sensación, ha aparecido entodas las entrevistas que he hecho desde la aparición de Blues y otros cuentos.
La pregunta en cuestión se interesa por la desesperanza, por la tristeza, por la no-alegria de los cuentos. Ya no sé cuantas veces me la han hecho. No recuerdo que he contestado en cada ocasión que he sido preguntado. Pero si recuerdo que ayer, mientras me tragaba unos cuantos anuncios de televisión (en este caso uno de una compañia de telefonia movil) se me ocurrio un par de versos, o una pequeña reflexión con la que podría contestar a la pregunta dichosa.

No entiendo como pueden mostrar una vida tan feliz.
Salgo a la calle y la vida no es así.
Quizás no sea estrictamente triste,
pero si es sostenida, tensa, lejana de lo alegre.

Como yo escribo literatura de no-ficción (termino acuñado por David González), simulacros autobiográficos (al estilo Francisco Umbral) o como se quiera denominar, tiendo a reflejar lo que me ocurre, lo que veo. Si hiciera ficción a secas quizás transformaría la realidad y podría convertirme en el nuevo Sharpe, por poner un ejemplo facilón.
Pero mi visión de las cosas no coincide con la de los anuncios. Para mi la vida es otra cosa . Y la alegría es un estado de excepción.
Por supuesto no contestaré todo esto en la entrevista. Veré que me invento.