Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

27 enero 2010

algo sobre fresán

Me acerqué a Rodrigo Fresán sin darme cuenta. Un día alguien te regala un libro que nunca comprarías y empiezas a leerlo. Alguien me regaló El fondo del cielo (Mondadori, 2009) y comencé a leerlo inmediatamente porque me gustó la primera frase. Después la prosa de Fresán me desconcertó. Como decía J. Ayala-Dip la semana pasada al termino de la reseña del Babelia: No se entiende, como toda la novela. No se entiende nada, a veces, pero mientras intentas descifrar las adivinanzas que propone, mientras intentas averiguar que tipo de novela (de ciencia-ficción, sobre ciencia-ficción, pre-ciencia-ficción), vas avanzando en la novela. Y, de repente, en la parte central te atrapa, con sus maravillosos finesdelmundo, con ese homenaje velado (pero por mí descubierto) a The end of the World News (Fin de las noticias del mundo) de mi admirado Anthony Burgess. Ahí quedé atrapado. Después todo se destensa de nuevo, la novela se pierde en sus reflexiones y deja de cautivarme. Pero intuyo que al final hay algo, que la novela va a alguna parte, que merece la pena terminarla. Las intuiciones a veces fallan, pero lo leído en este libro merece ser recordado. El fondo del cielo es una novela que, quizás, nunca deba terminarse, que, quizás deba leerse de forma initerrumpida. Por eso El fondo del cielo se queda en mi biblioteca portátil. Ahora sólo me queda pedirle a Fresán la versión extendida de la novela, que existir, existe, o al menos eso confiesa él.

(por cierto, he descubierto, en el blog el síndrome de chejov de Miguel Ángel Muñoz, una sección llamada camisa de once varas, en la que descubre cameos de escritores en el cine. En una de sus entradas descubro a Fresán en una memorable actuación en la película Martín (Hache). Recordaba esa escena, pero nunca pude imaginar que fuese Fresán.)