Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

28 marzo 2010

ya no hacía sonreír a nadie

Cada día que salía de los bares me preguntaba qué coño hacía yo aguántandole la charla a ese despojo humano, y la respuesta me la daba la gente con la que me cruzaba diariamente, trepadores sin escrúpulos y criticones que matarían a su padre por forzar una sonrisa de sus mandamases y para quienes esos lazdores borrachos y harapientos eran tan sólo un error del Creador. Yo nunca había hecho sonreír a Ponz, y el pobre Edelmiro ya no hacía sonreír a nadie, sólo a mí, y era un hombre que ya carecía de ambiciones, tan sólo echarse unos tragos al coleto con los que poder resistir la mierda de vida que llevaba y averiguar, supongo que para vengarse, el porqué había pasado tanto tiempo en la trena. Creo que fue la absoluta falta de vanidad del personaje lo primero que me acercó a él. Luego me separó el hedor a chotuno que expelía su roñosa gabardina, que no se quitaba ni para dormir. Pero las historias que me contó y su natural humildad me hicieron apreciarlo, aunque en no pocas ocasiones tentado estuve de mandarle a la mierda.
José María Mijangos. Braille para sordos. Martinez Roca, 2006.

1 comentarios:

Águeda Torrado dijo...

pues a mi me ha hecho reir ésa lengua desparpajo del narrador...

buen estracto, un saludooo