Hay días en los que Madrid se despliega ante uno como un libro vacío que hay que llenar.
Dejo a María esperando en Bilbao, a Raquel con sus chicas en Tribunal, llamo a Jose Miguel para darle buenas noticias (para ambos), me convence para cenar en un italiano del Barrio de las letras, le espero sentado ante la estatua de Federico García Lorca leyendo, devorando, La casa del rojo de Sánchez-Ostiz, se una a la cena Manuel, una pequeña delicia, comemos una parillada, descubro en la mesa de al lado el chico que me mira, y me sonríe, desde el otro lado de las mesas de la librería, comemos un tiramisu delicioso, entra, de repente Ramón, me reconoce del facebook y me besa muy cerca de los labios, salimos del restaurante, me despido, siempre me voy antes, me siento a esperar el metro, 10 minutos, leo La casa del rojo, me obsesiona de verdad, lo he leído en el Retiro, en el baño, en la cama, mientras espero que se abra el ordenador, mientras cocino, en cafeterías, en Pamplona, en Madrid, en el alvia. Conforme avanzo en sus páginas, lleno las páginas vacías de mi vida en Madrid. Recuerdo que en un libro de Felipe Alfau, alguien se dedicaba a espiar al protagonista y trazando los caminos que este hacía por la ciudad formaba unas frases claves para su investigación. Tengo que encontrar ese libro de Alfau. Tengo que perderme más por las calles de Madrid. Tengo que escribir, palabra tras palabra, todo lo que tengo que escribir.
1 comentarios:
Todos los dietarios de Sánchez-Ostiz son maravillosos, así como su blog http://vivirdebuenagana.blogspot.com
Un día estuve comiendo unas albóndigas en LA Servi con él y fui feliz.
patxi
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