Otro muchacho, a algunos pasos de nosotros, no dejaba de mirarme. Quería decirme que conocía mi nombre por su camarada, que había leído apasionadamente el libro que me había llevado allí, y que me hacía responsable de todas las consecuencias. Se había puesto de perfil, para no atraer la atención, pero le brillaban los ojos verdes, al abrigo de los largos cabellos castaños... Una sonrisa imperceptible parecía aludir a lo que ya compartíamos.
Apenas me quedan 24 horas en esta ciudad. Pero no estoy seguro que es lo que diferencia a esta ciudad 1 de la ciudad 2. La gente que la habita, el número de calles, el clima, más fresco en este caso. Lo que si sé es que las hace igual de insoportables. La persona que veo en el espejo todas las mañanas. Esa es la única certeza que tengo.
así que borro todo lo que he escrito durante estas dos semanas, y comienzo de nuevo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada