Pero Lo-li-ta no hay más que una (aunque haya muchas lolitas) y Tadzio es rubio mar amoroso cuya presencia es cántico, que diría Cernuda.
Nombrar a Tadzio me hace recordar dos cosas. La primera es el brillante juego literario de Luisge Martín con La muerte de Tadzio, una turbadora y profunda novela en la que se demuestra que las historias se repiten y los lugares se intercambian. Un novela al estilo de los cuentos de Los oscuros, el libro que más me gusta del autor. Una novela que mitifica, aun más, Venecia, esa ciudad.
Y la segunda es que ya no quedan lolitas, o mejor dicho, que hay tantas lolitas, tanto masculinas o femeninas y sin limite de edad, que han perdido el misterio de antaño. Y si no lo crees así, no necesitas más que salir a las calles de Madrid y comprobar que la mitad de la población tiene actitudes (e incluso físico) de lolita o lolito. Y así no hay manera de identificar a los verdaderos objetos de deseo, que pasan desapercibidos entre las imitaciones. No hay manera de encontrarlos, si no es prestando mucha atención. Hay que tener cuidado, porque no es lo mismo que te conquiste un autentico lolito (una autentica lolita), que una burda imitación. Creo que por eso, ahora que preparo mi primer viaje a Venecia volveré a leer Muerte en Venecia.

1 comentarios:
hermosa fotografia el tiempo nos hara ocupar los mismos lugares guillo
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