Camino por las calles de un Madrid denso y sostenido. Son las tres de la mañana de una noche de agosto. No hace calor. Pienso en que ultimamente me río de todo, pero que la felicidad no tiene nada que ver con ello. Es una risa histérica, nerviosa, una risa que roza la linea de la locura. Camino solo. Me cruzo con poca gente. Los coches pasan de largo y me dejan siempre atrás. Pienso en las lecturas de estos últimos días. El juego del escondite de Patricia Highsmith (Anagrama, 2003). Venecia de Jan Morris (RBA, 2008). Piensa que las autoras no fueron como las demás, y que tengo que aprender algo de esto. (Tengo que hablar de ellas más adelante)
Aunque mis pies pisen las aceras de Madrid, mi cabeza está en mi próximo viaje a Italia(Venecia-Florencia-Roma). Madrid sólo es el marco por el que transito, apenas significa nada más que algo temporal y frágil. Ahora me tumbaré en la cama, cerraré los ojos e ingresaré en ese estado misterioso que es el sueño. Mañana habrá otra noche por la que caminar.
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