Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

23 noviembre 2010

burgess es feo y la fallera cósmica



Vuelvo de noche. Rozando las doce. He mirado al cielo y he visto la luna llena. Las calles que atravieso para llegar a mi casa están vacías.
Todo lo que sé está en los libros y pegado a mi piel.
Mi piel ha sufrido estos últimos días y no sólo el frío de Pamplona. La piel se me ha caído a jirones, ha vuelto a su sitio y el frió seguía ahí.
En cuanto a los libros muchas confirmaciones. Patricia Highsmith y sus fantásticas Catástrofes (en Pamplona). Anthony Burgess y su primera parte de la autobiografía El pequeño Wilson y el gran Dios, con la portada más fea (o poco favorecedora) que he visto en mi vida y el contenido más fascinante que he leído hasta ahora (en el tren Pamplona-Madrid). Si tengo que elegir a un escritor del siglo XX, no tengo dudas, es Burgess. Por muchas cosas. Por su sentido del humor, por dejarme con la boca abierta en cada página, por demostrarme, con su sabiduría, mi total ignorancia en el 90% de los temas, por excesivo, por feo, por tener la gran novela de todos los tiempos Poderes terrenales. ¿Demasiado entusiasta? Pues sí, este pequeño entusiasmo me hace avanzar, poco a poco.


Llego al portal, cargado con una maleta y un par de bolsas, y me encuentro en mi buzón Parábolas familiares (Lamed, 2010) del eslovaco Boris Pintar. No suelo recibir libros. Este viene desde Londres y viene como palabras agradecidas; algo tengo que ver con el desembarco de Boris en España. Aunque sólo conocía un cuento de los seis que incluye el volumen puedo decir que voy a disfrutar con este libro, con sus historias llenas de sexo, ternura y realismo a fogonazos.
Una vez en casa me acomodo en el sofá y pienso en el miércoles; este miércoles 24 de noviembre la pequeña Fallera cósmica me ha engañado para que presente su blog convertido en libro. Será a las 19.30 en Fnac Callao (Madrid). Allí estaré, sumergido, de nuevo, entre los cuerpos en cursiva de esta ciudad a la que no me quedan fuerzas para odiar.