Regresé a mi despacho, me senté en la silla giratoria y traté de recuperar todo el atraso acumulado en materia de balanceo de pies. Había un viento racheado que entraba por las ventanas y las carbonillas de los quemadores de gasoil del hotel vecino venían a parar a mi despacho y corrían por encima de la mesa como plantas rondadoras moviéndose sin rumbo por un solar vacío. Estaba pensando en salir a almorzar y en que la vida tenía muy pocos alicientes y en que probablemente no mejoraría si me tomaba un whisky y en que tomarse un whisky completamente solo a aquella hora del día no me iba a resultar, en cualquier caso, nada divertido, cuando llamo Morris.
Raymond Chandler. El sueño eterno, incluido en Todo Marlowe. Rba, 2010.
2 comentarios:
Excelente elección, Iñaki. Tanto Chandler como Burguess son géneros literarios en sí. Uno fue su co-fundador, (Chandler), y el otro es un titán en toda su prosa. Pero los dos nos regalan la ficción perfecta salida de unas mentes tan, repito, tan necesitadas de compasión, entendimiento, aplauso, como premiadas con pasmo e indiferncia. Tanto uno como otro fueron naúfragos pidiendo socorro en una sociedad (literaria) sorda. Y se quemaron, regalándonos antes su genialidad. Y no sigo, que mañana curro y me voy al catre.
Saludos
JMM
Esta todo dicho. Solo añadire:
FELIZ AÑO NUEVO.
Publicar un comentario en la entrada