Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

29 abril 2010

brazos al aire

El calor se ha instalado sobre nuestras pieles y Madrid se ha convertido en una terraza interminable. Pantalones cortos, brazos al aire y la belleza instalada en cualquier esquina. Así si me gusta Madrid (aunque me dure poco esta pulsión).
Esta semana me he comprado muchos libros, pero me he prometido leerlos todos en seguida. De momento estoy con El hombre del traje gris de Sloan Wilson (Libros del Asteroide, 2009). Si algún día escribo una novela me gustaría que se pareciera a esta. Personajes con profundidad y con pasado, sorpresas en cada episodio. Me gusta, me gusta mucho. También me gusta su portada, al estilo de la de la última novedad de la editorial: Diario de una ama de casa desquiciada de Sue Kaufman.
Por lo demás ando un poco traumatizado: he descubierto en una librería de viejo un ejemplar de Blues y otros cuentos. ¡Más vale que no estaba dedicado! ¿Cómo habrá llegado hasta ahí?



"Yo no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo poner mi vida en orden." Sloan Wilson. El hombre del traje gris. Libros del asteroide, 2009.


27 abril 2010

historias dentro de historias

Ayer terminó la primera temporada de Glee. Durante estas últimas semanas Glee ha sido una historia dentro de mi historia. Un pequeño cuento dentro de la gran historia que voy construyendo día a día. Al estilo de Las mil y una noches o de Emma Roulette, es usted, un desconcertante libro de Norberto Luis Romero, construido con historias dentro de historias dentro de historias, con personajes en busca de autor, con reinterpretaciones sorprendentes; un libro atrevido y sugerente.
Pero la vuelta a la realidad es dura. La entrada al metro de Tirso de Molina huele a orina recién descargada, la gente invade Gran Vía y abandona las calles adyacentes, que se convierten en mi pequeño paraíso, ciertas personas que me rodean se autodenominan egoístas, aunque de esa manera fastidien la vida a los demás, y tengo demasiados comienzos para tan pocos finales.


24 abril 2010

camino de casa

Acostumbro, si ya no funciona el metro, a volver a casa andando. A veces me cuesta hasta una hora. Pero aprovecho ese paseo para pensar (para repensar). Hoy no me he encontrado con la barca que Xavier Moscardó había instalado al principio de la Cuesta de Moyano. Me gustaba pasar mi mano sobre su rugosidad abrupta. Decir que ese contacto me hacía sentir vivo sería, quizás, demasiado decir.
Repensaba la conversación que, poco antes, había tenido con Borja. Ante mis quejas (sobre el aislamiento en el que vivo, sobre lo inhóspito que es Madrid, sobre, definitivamente, los mismos rollos de siempre) respondía que era una etapa. Pues será una etapa, pero no me gusta un pelo. Necesito que me sorprendan, que me hagan creer que estoy/soy.
Otra de las frases que resonaba en mi cabeza, en el largo camino a casa, se refería a la novela A sangre fría de Truman Capote. Borja, que es una base de datos increíble que se activa al menor estimulo, afirmó, sin contemplaciones que el pequeño Truman estaba enamorado de uno de los asesinos. Me lo creo, no me queda más remedio.
La novela de Capote ya está entre mis preferidas y eleva a su autor, muy denostado en mis listas varias, a los primeros puestos en talento narrativo.
Justo antes de llegar a casa me di cuenta que mis esquinas, a diferencias de las de las calles de las ciudades no tienen un letrero que indiquen su nombre. Así que cuando alguien gira y se enfrenta a mí no sabe lo que le espera ni el lugar que pisa. Normal que todos acaben desorientados y terminen desapareciendo.
Por cierto, ¡¡feliz restodelaño entrelibros!!

22 abril 2010

capote entre poetas

Estoy atrapado entre las hojas de A sangre fría, la gran novela del pequeño (Truman) Capote. No puedo soltarlo.
Pero he tenido pequeños escarceos con la poesía; no puedo evitarlo. El pasado fin de semana recibí varios libros de poesía.


Fuera o fuese corazones o huellas empecinadas
entre pisada y pisada no abundan espacios blancos.

Estoy a salvo
noche y día
sobre un montón de cadáveres.


Diminuta figura.
Antonio Jiménez Paz. Casi todo es mío. Baile del sol, 2008.


Marcas
No tengo palabras lo suficientemente afilados
como para arañarte la espalda
y dejártela marcada


para siempre.
Siracusa Bravo Guerrero. Indigesta. Cangrejo Pistolero Ediciones, 2009.


Estaré atrapado, la noche de los libros, entre libros, a mi pesar. Así que no podré acudir a la fiesta infame (y mira que les tengo ganas a estos tipos!), y tampoco podré acompañar a David González y a sus chicas en la presentación de La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger. (Bartleby Ediciones, 2010), a las 19.00 en Fnac Callao (Preciados 28).
Supongo que tendré que esperar a disfrutar de la poesía cuando la tenga entre mis manos.


18 abril 2010

crónica cangreja de sevilla

Sevilla tiene más encanto desde que sé que por sus calles caminan el Cangrejo Pistolero y compañía.
Después de un viaje en tren Madrid-Sevilla junto con el poeta Lawrence Schimel. Javier Gato, nuestro anfitrión de lujo se ocupó de que todo fuera perfecto. Casi sin darnos cuenta estábamos en El Perro Andaluz, el lugar dónde se celebran las Noches del Cangrejo. La nuestra era la 104, la penúltima. En ese escenario mítico Gato sorprendió, como siempre, con su perfopoesía, Lawrence con su delicadeza y yo... yo no recuerdo muy bien todo lo que hice (sobre todo en la segunda parte del recital), pero me divertí, conté lo que quería contar y por primera vez desde hace mucho tiempo (desde aquellos tiempos de Pamplona) sentí que el escenario y el público eran mios. Y todo ello ante la atenta mirada del publico sevillano y con la respiración de Buñuel García Lorca y Dalí, esa triada, en la nuca.



Después vino el Urbano, uno de esos bares indescriptibles, curiosos, llenos de detalles. No puedo estar más que agradecido a la gente que encontré en Sevilla. A Antonio Garcia Villarán, Nuria Mezquita y Javier Gato por invitarme a su casa. A Siracusa Bravo Guerrero, Marga López Morales y Mari Joe por la compañía. A Leire Olkotz, una poeta navarra en Sevilla, una sorpresa inesperada.
Quizás las Noches del Cangrejo acaben (aunque perduren para siempre), pero para mí ha sido el (un) comienzo.

17 abril 2010

sevilla

Sevilla es una maravilla, cuando llueve y cuando no.
Sevilla me recuerda, no sé la razón, a otras ciudades.
Me recuerda a la Sevilla que conocí, de mano de aquel chico, hace casi quince años. Ese recuerdo me ha desbordado cuando hemos descubierto, por pura casualidad, en un deambular errático, la placa que marca la casa dónde nació Luis Cernuda, una de las paradas obligadas de mi anterior visita. En ese momento Sevilla se me ha vuelto familiar y he podido reconocer, con una extraña exactitud las calles de alrededor.


Me recuerda, también a Bilbao, sobre todo en la parte del río y los puentes. Siempre que viajo a una ciudad me gusta ir al río y ver el río desde las dos orillas. Y no sé explicar el poder hipnótico que tiene el curso del agua sobre mí. Me relaja.
Sevilla, me recuerda, por otro lado a Barcelona, quizás por esas palmeras de tronco rugoso y que me resultan tan exóticas, quizás por ese centro urbano tan caótico, laberíntico, tan a punto de desprenderse, tan lleno de turistas con cámaras de fotos, tan misterioso y tan estimulante.
Sevilla me recuerda a otras ciudades, pero no olvido las particularidades que la hacen única. El frescor de la primavera temprana, el rumos de las voces de la gente, sus mezcla de culturas, sus iglesias acechando desde cada esquina, las placas que decaran cada una de las casas y los misterios que encierran sus muros centenarios.


Sevilla también me ha recordado a Cadiz, otra de esas ciudades a las que me trasladaría a vivir para perderme entre los entramados de sus pliegues. Sevilla es una de esas ciudades múltiples que permiten transformarse es lo que uno quiera.
Y, por último en Sevilla he podido ver de cerca a dos de los iconos del siglo XXI. A el gran Lobezno, durante hora y media, cómodamente sentado en la butaca del tren y a La Duquesa, durante una milésima de segundo mientras entraba en SU Palacio de Dueñas. Momentazo histórico, sin duda.



14 abril 2010

un extraño en sv

Llevo toda la tarde ordenando mis poemas por enésima vez me doy cuenta de que los ponga como los ponga los últimos suenan mejor que los primeros; tendré que empezar a recitar antes de salir.
Mañana en vez de ser un extraño en Md seré un extraño en Sv. Por unas horas jugaré a ser otro, habitaré otra ciudad y seré feliz en un espejismo diferente al habitual.


Poetas en el perro.
Noche de poesía gay.
Javier Gato, Lawrence Schimel e Iñaki Echarte Vidarte.
Jueves 15 de abril de 2010. 22.00h.
El perro andaluz.
C/ Bustos Tavera 11.
Sevilla.

13 abril 2010

la cabra y el cangrejo

Es martes y llueve. Madrid huele a humedad y por la ventana se cuela el ruido de los neumáticos sobre la lluvia. En breve pasaré el camión de la basura. Madrid puede llegar a ser la ciudad del mundo. Pero ese momento tendrá que esperar.
He pasado la tarde con Borja. Sálvame diario, siesta, cervezas en La cabra en el tejado y vuelta a los temas de siempre. Volver a hablar de lo mismo puede resultar doloroso, pero a veces es necesario.
Me he comprado una camiseta para estrenarla en Las noches del cangrejo, este jueves en Sevilla. Me gustaría que me acompañara mucha gente, pero la mayoría se quedara en Madrid. Si estuviera este finde en Madrid iría a ver a Daniel Aldaya, que viene desde Pamplona a presentar Poema York, este jueves, 15 de abril, a las 19,30 horas en el Salón de Actos de la Biblioteca Manuel Alvar (calle Azcona 42, metro Diego de León). O iría a ver a Antonio Jiménez Paz, que recitará poemas este viernes 16 de abril en la Casa de Canarias (calle Jovellanos 5) a las 20.30 horas. Pero las visitas de amigos me pillarán en otra ciudad o viajando.
El silencio se va haciendo un poco más profundo. Mi cabeza se adormece. Y espero que esta noche las pesadillas no vuelvan. Ya he tenido suficiente, incluso despierto, estos últimos días.

12 abril 2010

nadie puede salvarnos (el vértigo de la caida)

Nadie puede salvarnos. La frase que resuena en mi cabeza podría haberla dicho (y quizás la haya dicho) La fallera cósmica, influencia principal de la nueva etapa de esta blog. Es cierto. Nadie puede salvarnos.
Madrid es una ciudad extraña. El sábado pasado por la noche, pasadas las tres de la mañana, atravesando la parte alta de Lavapies, camino de casa, me crucé con una mudanza y con dos hombres que trasladaban hierros en carros de la compra. Había algo inaudito en ambas imágenes; pero pensé que Madrid siempre es inaudito y seguí caminando.
El domingo Madrid se redujo a mi habitación y a un duermevela incomodo y premonitorio.
El lunes Madrid se ha convertido en mi tumba. Desde temprano, desde antes de salir de casa incluso. Ahora mientras la luz se va haciendo más tenue me doy cuenta de que en esta vida los mismos que utilizan tus palabras para demostrar su cultura pueden utilizar tu imagen, anónima pero reconocible, para denunciar a otros. Tan absurdo como suena, tan doloroso como lo siento.
No son buenos momentos para mi lírica; sé que nadie puede salvarme.


La gente pese a todo, vive. Vive en celdillas de pisos más o menos uniformes o en casas parecida a agujeros. Se han acostumbrado a la rutina de vivir y cocinar de esa manera suya tan rara, tan familiar, no cambian. Vinieron por seis meses y se han quedado a vivir veinte años. Si alguien les ofreciese la posibilidad de partir, rehusarían. No tienen prisa, no piensan, están allí con sus cuatro chismes, ellos también son como coches de carreras varados en el asfalto que no hay forma de rescatar. Van hundiéndose poco a poco en compañía del barrio, del ruido, en el vértigo de la caída, no hay nada que discutir. Se quedan.
Eloy Tizón. Labia. Anagrama, 2001.

10 abril 2010

anarquistas,cuentos como nubes y un word sin abrir

Hoy ha sido un día raro. He sido protagonista indirecto (y de mala gana) de una acción política que podría haber sido bonita y justa si no implicarán a gente que no se lo merece. Veremos el tratamiento que la prensa independiente da al acto. Veremos si era un acto simbólico o aprovechan para aumentar su pequeña biblioteca anarquista.
Pero el día ha dado para más y mejor. He devorado los cuentos idénticos a nubes de Ana Pérez Cañamares, que llevaban meses en mi estantería de pendientes de leer y me han acompañado en una tarde soleada en el Retiro. Cuentos turbios y (sobre) adolescentes. Me han sentado muy bien.
He vuelto a casa despacio por las calles anchas del barrio Pacífico, como si no quisiera volver a mi habitación, como si quisiera caminar eternamente por estas calles de Madrid que nunca terminan de pertenecerme. pero he llegado, me he sentado frente al ordenador y, para no variar, no he hecho ni abrir el word que alberga el comienzo de la novela. Quizás mañana. Quizás pasado.