Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

25 junio 2010

portrait

Se produjo un silencio embarazoso. Theodore no sabía qué decir, y los dos hombres reanudaron su conversación. Theodore se acordó de otras ocasiones parecidas, en fiestas y en banquetes, en que sus palabras habían caído en el más absoluto de los vacíos, como si no las hubiesen oído o se tratase de obscenidades que era mejor pasar por alto. Se preguntó si a las demás personas les pasaba lo mismo con tanta frecuencia como a él. La verdad era que a otros individuos de aspecto más insignificante que el suyo le hacían caso, por estúpidos que fueran sus comentarios. Los dos hombres hablaban de alguien a quien él no conocía y entonces, demasiado tarde se le ocurrió que a Ortiz y Guzmán tal vez le hubiera interesado la noticia de que le habían pedido que concurriese con cuatro telas a la exposición colectiva que iba a celebrarse en mayo, en el Instituto Nacional de Bellas Artes. Dejé pasar unos momentos y se alejó de ellos, quedándose en pie junto a la pared. Tal vez a los demás les sucediera lo mismo tan a menudo como a él.
Theodore Wolfgang Schiebelhut contaba treinta y tres años, era alto y esbelto, especialmente si se le comparaba con el mejicano medio. Tenía el pelo rubio con abundantes hebras color castaño claro, peinado sin raya, liso a los dados y un tanto enmarañado encima del cráneo. Se trataba de un hombre de porte airoso, que sonreía con facilidad y cuya forma de caminar y de moverse daba sensación de juventud y alegría, incluso cuando estaba deprimido. Casi todo el mundo le tenía por un hombre alegre, pese a que la mayoría de sus pensamientos eran más propios de un pesimista.Era cortés por naturaleza y por educación y ello le llevaba a ocultar sus depresiones a ojos de los demás. Sus momentos de abatimiento solían obedecer a causas que ni él ni quienes le rodeaban conocían con certeza, así que no se creía en el derecho de imponérselas al prójimo. para él, el mundo era algo sin sentido, sin otra finalidad que no fuese la nada. Creía que los logros de la humanidad, eran, en definitiva, perecederos, una especie de broma a escala cósmica, como el mismo hombre. Precisamente esta creencia traía consigo la de que uno debía sacar el máximo partido de lo poco que encontraba a su disposición, tratando se ser feliz y de dar felicidad a los demás durante su breve paso por la vida. Theodore creía que era todo lo feliz que la lógica permitía esperar en una época en que las bombas atómicas, con su amenaza de total aniquilación, permanecían constantemente suspendidas sobre la cabeza de cada hombre, aunque, en este contexto, la palabra "lógica" le producía cierto desazón. ¿Era posible ser feliz lógicamente? ¿Podía hablarse de lógica y felicidad al mismo tiempo?
Patricia Highsmith. Un juego para los vivos. Anagrama, 1989.

24 junio 2010

jacintos y vinalia


Esta noche, en Los jacintos, se reunen algunos de los poetas más interesantes de la capital para presentar sus nuevos libros. Hay que estar allí para escucharlos y apoyarlos. Además voy a ser abducido por Vinalia Trippers: plan 9 del espacio exterior, que vuelve en un número especial, con casi 70 artistas (entre escritores e ilustradores), en el que me han hecho un hueco. !Ya soy uno de sus tripulantes!
(por cierto, podéis conseguir vuestro número de Vinalia Trippers esta misma noche en Los jacintos)

22 junio 2010

tragedia

Mi tragedia del día ha sido que se me ha olvidado coger el libro que estaba leyendo y no he podido leer mientras iba en el metro.

21 junio 2010

no hay nada más triste que lo tuyo

Nunca se saben las razones por las que los dias transcurren tal y como lo hacen. Por eso nadie me podía decir que este findesemana se iba a volver, casi de golpe, totalmente navarrico. Llamadas, encuentros casuales y la convicción de que todo puede cambiar en el momento más inesperado.
Y, en el centro de todo, el concierto de Hidrogenesse el sábado en Charada (gracias Fernando!). Desde entonces mi cabeza repite como un mantra aquella canción que dice: No hay nada más triste que lo tuyo. Hay veces que olvidamos donde y como vivimos o, más bien, como y donde podríamos vivir (tirando a lo bajo, claro). Ahora empieza la semana, con otra cara, con un poco más de calorcito, con otra mirada.

18 junio 2010

entre romanos

De repente me encuentro inmerso en un novelón de romanos de casi 600 páginas. Me pregunto hasta que punto, al menos en mi caso, sustituimos los acontecimientos de nuestra vida por los del libro que estamos leyendo. Si es así ahora estoy viviendo en la corte de Juliano, entre guerras, sangre, poder y seducción. Mi vida real es otra cosa, claro, entre las laberinticas calles de Madrid.
La novela, esta vez, es Juliano el apóstata de Gore Vidal. Hay un pasaje que me gusta mucho. Lo reproduzco a continuación, quitando parte del dialogo:
En ese momento una muchacha de extraordinaria belleza se deslizó silenciosamente en el salón. Ni Galo ni yo dimos importancia a su presencia. continuo hablando y bebiendo mientras ella lo acariciaba delante mio. fue uno de los momentos más incómodos de mi vida. Traté de no mirar. Dirigí mi mirada hacia el techo. Miré al suelo, pero mis ojos se desviaban hacia mi hermano reclinado sobre el diván, que apenas se movía mientras la mujer lo complacía con infinita habilidad y delicadeza.
(...)
Cambió de posición sobre el diván para separar las piernas.
(...)
Apenas comprendí la pregunta; mis ojos estaba fijos en lo que hacía la muchacha. Oribaso dice que soy un mojigato. Supongo que tiene razón. Yo sudaba nerviosamente mientras observaba los arrebatos de Galo.
(...)
De pronto brillaron sus ojos azules; por un instante su rostro se transfiguró por la malicia. Quiso que recordara lo que había visto en el mundo. (...) Súbitamente se detuvo y respiró profundamente. La muchacha había terminado; permaneció inmóvil frente a él, con la cabeza inclinada. Él sonrió, seductoramente. Luego se levantó y con todas sus fuerzas la golpeó de lleno en el rostro. Ella dio un traspiés, a punto de caer, pero no dijo palabra. Después, a un gesto de él, se retiró. Galo se volvió hacia mí como si nada hubiera ocurrido y retomó la frase que había empezado.
(...)
Bostezó. Se echo sobre el diván (...) y cerró los ojos.
Durante un momento esperé que continuase, pero estaba dormido.

15 junio 2010

al mirarme en el espejo siempre estoy yo

A veces no sé sobre qué escribir. A veces no se hacia dónde mirar.
Camino desde mi casa hasta la parada de metro. Entro en el mismo vagón. Me bajo en la misma parada. Tomo el café en el mismo sitio. Vuelvo por el mismo camino. Termino escuchando las mismas canciones. Leo a los mismos autores, una y otra vez. Hablo con las mismas personas. Al mirarme en el espejo siempre estoy yo.
Al mismo tiempo me da pereza (pereza es la palabra) descubrir algo nuevo, volver a empezar. El otro día decía algo así como quiero, quiero, quiero. puedo, puedo, puedo. Ahora pienso que ni puedo, ni quiero. Mañana pensaré vetetúasaberqué.
De momento hay pequeñas cosas que me alegran el día (y que pueda contar). Una de ellas versa sobre el buenhacer de Vicente Muñoz Álvarez y compañía al respecto de su esperado regreso con Vinalia Trippers. Cito textualmente: "Estas son las psicotrónicas chapas que nos hemos marcado para Plan 9 del Espacio Exterior, el esperadísimo regreso de Vinalia Trippers, a cada cual más bizarra y marciana. Son, cómo no (igual que las de Tripulantes, Resaca/Hankover & 23 Pandoras), obra de nuestro drugo hermano Paco Chapas, que desde el Ciberespacio ha realizado para nosotros este diseño exclusivo." Tengo ganas de lucirla en las mejores calles de Madrid y de darle a mi imagen una marca de distinción.

08 junio 2010

retiro

Más allá de la ventana abierta llueve. El asfalto de las calles de Madrid está mojado. Desde mi ventana se ven las ramas de un árbol sacudido por el viento. El sonido del viento y el de las gotas golpeando las ramas es indefinible. Pero existe. Y estoy escuchándolo en este momento. Sólo ese ruido, cuando durante un instante la ciudad se queda callada. Después los coches atraviesan la calle y el sonido pierde intensidad.
Hoy quería haber ido al Retiro, sentarme en un banco, tachar y añadir, leer al azar algunas de las cartas de Gil de Biedma que aparecen en El argumento de la obra (Lumen, 2010), pero la lluvia me obliga a permanecer en casa. Leeré alguna carta, tacharé y añadiré, pero no será lo mismo. Mi habitación alquilada huele a provisional. Casi todas han sido así. Paredes desnudas, muebles anónimos y una asombrosa oscuridad impenetrable (aunque el sol se cuele por la ventana). El Retiro, sin embargo, es una habitación con vistas a la vida, a la belleza y, a veces, a la descarnada realidad, que de todo hay y de todo hay que ver. Debe ser que cuando la perspectiva no es uno mismo las cosas se ven de una manera más clara.

01 junio 2010

eres como te ocultas


Madrid emana un calor insoportable. Es un hecho. Y cierta inquietud anida en mi cuerpo. A veces pienso que es hambre, pero por mucho que coma sigue ahí. Es la inquietud del miedo. Entrego un texto tarde; apenas puedo modificar errores de bulto. Corregir lo demás me parece traicionarme, aunque piense que AHORA escribiría otra cosa totalmente diferente. Leo libros de poesía y descubro que me gustan (o no me gustan), pero que no me entusiasman. Conozco por el facebook a Michael Gregg Michaud, autor de una biografía de Sal Mineo, que saldrá en Mondadori este año. Quiero ese libro. Tengo que sacar la ropa de verano, y el cuerpo, que todavía lo tengo de invierno. Quiero leer a Patricia Highsmith y a Roger Peyrefitte. Ya ves, / preferí contigo un paseo largo / de arboledas turbias. Quiero emocionarme. Quiero ir a la Feria del Libro, pasear entre las casetas y que la única tierra que pise sea la del Retiro. Quiero, quiero, quiero. Puedo, puedo, puedo.
Uno no es como se ve.
Tú eres como te ocultas.
Antonio Jiménez Paz. Los ciclos de la piel. Editorial La Palma, 1992.