Pongamos que hablo de Madrid. Digamos que salgo de trabajar y que voy a comer al chino de siempre, con Borja, la pequeña Marina, Sole y Joseba. (Tenemos, me doy cuenta, un chino para comer y otro diferente para cenar. Ignoro la razón oculta.) Imagina que desafiamos al calor e iniciamos una ruta de la que no podemos escapar. El café, con hielo, siempre con hielo, en el Mamma Inés. (Aunque hoy nos ha faltado el pequeño camarero de siempre). La conversión, tan aparentemente errática como nuestros pasos por la ciudad. Hablamos de lo mismo, pero de diferente manera. Caminamos por las mismas calles, pero siempre es un paseo diferente. El ascenso por Fuencarral. Los encuentros casuales, las palabras vanas, las palabras que no existen. Sabemos que acabaremos visitando las mismas librerías de viejo, de la misma manera en que me obstino a llamar a la Plaza del Dos de Mayo, la Plaza de Santa Ana. Me hago un lío con sus nombres de la misma manera que nunca sé si debo mirar fijamente o hacerme el despistado. En Arrebato encuentro otra novela de Anthony Burgess, Enderby por dentro. (Por cierto, Arrebato es uno de los puntos de venta de Vinalia Trippers: Plan 9 del espacio exterior). En La Tarde libros Marina y yo nos sentamos, con aire cansado ante las estanterías de ciencia-ficción. Entre libros que cuestan 30 y 40 euros, entre las joyas del género del que desconozco todo, Marina encuentra el libro más extraño del mundo: Violación cósmica de Theodore Sturgeon. No duda en comprárselo. Ella es todo arte. Imagina que acabamos la tarde en una cafetería donde un chico con una camiseta de tirantes no para de pasearse de un lado a otra con las más peregrinas de las excusas. El chico es una metáfora, por supuesto. Hablamos, hablamos y hablamos. La conversación no es lo de menos, pero me hace recordar a John Cage y su acción Toda la Casa Encendida de 1996. Ese era otro Madrid, más que nada porque yo lo construí con otros materiales. Pero ya se sabe que después de la destrucción siempre está la posibilidad de la reconstrucción. Marina y yo nos separamos enfrente de Telefónica. Entre el calor descamisado de la multitud sé, estoy seguro de a veces los 4'33'' de John Cage no son necesarios. Pero otras veces sí. Nunca se puede estar seguro.
Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
26 julio 2010
24 julio 2010
24 horas
Encuentro, en mis paseos erráticos por la ciudad, dos libros de Roger Peyrefitte: Las llaves de San Pedro (Editorial Sudamericana, 1965), el controvertido libro que le lanzo a la fama del escandalo y Nuestro amor (Editorial Sudamericana, 1968), una narración romántica y autobiográfica de un amor pederasta.
Otro muchacho, a algunos pasos de nosotros, no dejaba de mirarme. Quería decirme que conocía mi nombre por su camarada, que había leído apasionadamente el libro que me había llevado allí, y que me hacía responsable de todas las consecuencias. Se había puesto de perfil, para no atraer la atención, pero le brillaban los ojos verdes, al abrigo de los largos cabellos castaños... Una sonrisa imperceptible parecía aludir a lo que ya compartíamos.
Apenas me quedan 24 horas en esta ciudad. Pero no estoy seguro que es lo que diferencia a esta ciudad 1 de la ciudad 2. La gente que la habita, el número de calles, el clima, más fresco en este caso. Lo que si sé es que las hace igual de insoportables. La persona que veo en el espejo todas las mañanas. Esa es la única certeza que tengo.
así que borro todo lo que he escrito durante estas dos semanas, y comienzo de nuevo.
Otro muchacho, a algunos pasos de nosotros, no dejaba de mirarme. Quería decirme que conocía mi nombre por su camarada, que había leído apasionadamente el libro que me había llevado allí, y que me hacía responsable de todas las consecuencias. Se había puesto de perfil, para no atraer la atención, pero le brillaban los ojos verdes, al abrigo de los largos cabellos castaños... Una sonrisa imperceptible parecía aludir a lo que ya compartíamos.
Apenas me quedan 24 horas en esta ciudad. Pero no estoy seguro que es lo que diferencia a esta ciudad 1 de la ciudad 2. La gente que la habita, el número de calles, el clima, más fresco en este caso. Lo que si sé es que las hace igual de insoportables. La persona que veo en el espejo todas las mañanas. Esa es la única certeza que tengo.
así que borro todo lo que he escrito durante estas dos semanas, y comienzo de nuevo.
20 julio 2010
humo y tormenta
Abandono en las estanterías Retrato de un artista adolescente (sin terminar) y me adentro en Realidades de humo (Belacqva, 2007) de María Zaragoza.
Dicen que uno no echa de menos las ciudades, sino la gente que deja en ellas. Pero, como le dijiste al Chico, los que dicen eso no tiene en cuenta que las personas que viven en las ciudades son producto de ellas. Parte de su Vida.
- Y sobre todo, cuando no tienes a nadie a quien echar de menos, lo que añoras son los lugares donde hiciste ciertas cosas -completó él-.
Me gusta leer a mis contemporáneos y me gusta que las ciudades sean importantes en los libros que leo. Este libro me sorprende en Pamplona, y lo leo en el sofá de casa de mis padres, en el banco de una plaza del casco viejo y tumbado sobre el césped de la piscina. Tres historias. Tres lugares de lectura. Me gustan sus historias breves, sostenidas y descarnadas.
Justo después de cerrar el libro se ha empezado a fraguar una tormenta. Me ha dado tiempo a llegar a casa, pero las primeras gotas que han caído han quedado atrapadas en mi ropa, en mi cabello y en mi piel. Ha sido un buena sensación. Además he podido ver (y oír) el resto de la tormenta desde el balcón. Después ha oscurecido y he tenido la sensación de que todo había terminado.
Pero sé (aunque intente olvidarlo) que Madrid comienza la próxima semana.
Dicen que uno no echa de menos las ciudades, sino la gente que deja en ellas. Pero, como le dijiste al Chico, los que dicen eso no tiene en cuenta que las personas que viven en las ciudades son producto de ellas. Parte de su Vida.
- Y sobre todo, cuando no tienes a nadie a quien echar de menos, lo que añoras son los lugares donde hiciste ciertas cosas -completó él-.
Me gusta leer a mis contemporáneos y me gusta que las ciudades sean importantes en los libros que leo. Este libro me sorprende en Pamplona, y lo leo en el sofá de casa de mis padres, en el banco de una plaza del casco viejo y tumbado sobre el césped de la piscina. Tres historias. Tres lugares de lectura. Me gustan sus historias breves, sostenidas y descarnadas.
Justo después de cerrar el libro se ha empezado a fraguar una tormenta. Me ha dado tiempo a llegar a casa, pero las primeras gotas que han caído han quedado atrapadas en mi ropa, en mi cabello y en mi piel. Ha sido un buena sensación. Además he podido ver (y oír) el resto de la tormenta desde el balcón. Después ha oscurecido y he tenido la sensación de que todo había terminado.
Pero sé (aunque intente olvidarlo) que Madrid comienza la próxima semana.
18 julio 2010
pasado y presente
No podemos escondernos (no puedo esconderme) del pasado. No importa lo que hagas. Ya no recuerdo cuantas caras del pasado he visto en esta última semana. Más que nunca. Lo que ha cambiado es que me he parado a reconocerlos y he hablado con ellos. He cambiado. Estoy cambiando. Antes pasaba de largo, evitaba, incluso me escondía. Ahora me paro. No sólo con las personas. Me paro en las esquinas de la ciudad, miro las fachadas, entro en los lugares. me entretengo. Y entretanto me sorprendo. Por como han cambiado las cosas, por lo poco que han cambiado. Por las ausencias. Por las presencias. por las palabras. A veces una sola palabra llena diez años de ausencia. Y, a veces, es solamente el silencio y los gestos que lo rodean.
Pamplona es tan diferente a Madrid como igual. La catedral de Pamplona está cubierta de una lona a causa de unas obras de restauración. En Madrid el edificio de Correos está en la misma situación. Ayer tuve una cena en la que personas pamplonicas se asemejaban, de una manera asombrosa a otras personas madrileñas. Fue bastante inquietante. Pero no dejó de ser, nunca, divertido.
Y no hay que olvidar las novedades que me ofrece Pamplona y su comarca. No hay que olvidarlas.
Una de las mayores diferencias es que hasta ahora Pamplona era pasado y Madrid presente. Mis esfuerzos se concentran en que ambas, Pamplona y Madrid, sean presente.
Del futuro, no hablemos.
Por cierto, no creo que logre terminar Retrato de un artista adolescente.
Pamplona es tan diferente a Madrid como igual. La catedral de Pamplona está cubierta de una lona a causa de unas obras de restauración. En Madrid el edificio de Correos está en la misma situación. Ayer tuve una cena en la que personas pamplonicas se asemejaban, de una manera asombrosa a otras personas madrileñas. Fue bastante inquietante. Pero no dejó de ser, nunca, divertido.
Y no hay que olvidar las novedades que me ofrece Pamplona y su comarca. No hay que olvidarlas.
Una de las mayores diferencias es que hasta ahora Pamplona era pasado y Madrid presente. Mis esfuerzos se concentran en que ambas, Pamplona y Madrid, sean presente.
Del futuro, no hablemos.
Por cierto, no creo que logre terminar Retrato de un artista adolescente.
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James Joyce
17 julio 2010
algunos escriben sobre la felicidad
Tenía pensado escribir sobre muchos temas. De hecho, tenía un montón de notas escritas en mi Moleskine, pero, a la hora de leerlas, me he dado cuenta que son muy personales, que hablo mucho de personas con las que he estado estos días y que apenas hablo de mi o de las ciudades que habito.
También me he dado cuenta de que el único no-lugar que habito soy yo mismo. Por esa razón no siento ni a Pamplona ni a Madrid como algo mio. Todo lugar al que vaya será un no-lugar; no hay más remedio. Al menos hasta que logre habitar mi interior. Algo que, por otro lado debería ser fácil.
Me he dedicado a leer, eso siempre. En el camino de Jack Kerouac, Pequeños cuentos misóginos de Patricia Highsmith, El tutú de Princesa Safo y, en proceso, Retrato de un artista adolescente de James Joyce. Kerouac se describe como un "hombre blanco" desilusionado y descubre que el aire estaba llenos de la vibración de una vida auténticamente feliz que no sabía nada de las ocupaciones de las "tristezas de los blancos", Highsmith se revela como una fina humorista y una observadora del detalle. Merecen la pena esos cuentos que, a mi me hubiera gustado escribir. Y habla, muy bien, de la diferencia(ción). La tribu pensó en matarle, porque estaba loco y era diferente a todos, y le temían. La Princesa Safo, nos sumerge en un mundo loco y bohemio del que no querríamos salir, pero que tampoco queda exento de la búsqueda de la felicidad. El hombre verdaderamente feliz es aquel a quien se le ha vaciado el cerebro, cortado las piernas, las manos, las orejas, arrancado los ojos y derribado el palacio. Ya no siente, ya no piensa, se animaliza, está fuera del mundo. Respecto a Joyce, es la tercera vez que comienzo a leer su novela. Espero terminarla.
Me queda una semana en Pamplona. Poco más puedo decir. Después vendrá Madrid. Y se parecen tanto que a veces las confundo. Necesito un gesto que las diferencie.
También me he dado cuenta de que el único no-lugar que habito soy yo mismo. Por esa razón no siento ni a Pamplona ni a Madrid como algo mio. Todo lugar al que vaya será un no-lugar; no hay más remedio. Al menos hasta que logre habitar mi interior. Algo que, por otro lado debería ser fácil.
Me he dedicado a leer, eso siempre. En el camino de Jack Kerouac, Pequeños cuentos misóginos de Patricia Highsmith, El tutú de Princesa Safo y, en proceso, Retrato de un artista adolescente de James Joyce. Kerouac se describe como un "hombre blanco" desilusionado y descubre que el aire estaba llenos de la vibración de una vida auténticamente feliz que no sabía nada de las ocupaciones de las "tristezas de los blancos", Highsmith se revela como una fina humorista y una observadora del detalle. Merecen la pena esos cuentos que, a mi me hubiera gustado escribir. Y habla, muy bien, de la diferencia(ción). La tribu pensó en matarle, porque estaba loco y era diferente a todos, y le temían. La Princesa Safo, nos sumerge en un mundo loco y bohemio del que no querríamos salir, pero que tampoco queda exento de la búsqueda de la felicidad. El hombre verdaderamente feliz es aquel a quien se le ha vaciado el cerebro, cortado las piernas, las manos, las orejas, arrancado los ojos y derribado el palacio. Ya no siente, ya no piensa, se animaliza, está fuera del mundo. Respecto a Joyce, es la tercera vez que comienzo a leer su novela. Espero terminarla.
Me queda una semana en Pamplona. Poco más puedo decir. Después vendrá Madrid. Y se parecen tanto que a veces las confundo. Necesito un gesto que las diferencie.
09 julio 2010
canciones del verano
"Algún día nos encontraremos y secarás todas mis lágrimas y me susurrarás cosas dulces al oído, abrazándonos, acariciándonos, oh lo que nos estamos perdiendo, amado mío, oh dónde estas..." y más que la letra es la música y el modo en que Billie canta, lo mismo que una mujer acariciando el pelo de su amante en la penumbra.
Lo leo en En el camino de Jack Kerouac (Anagrama,1996), e inmediatamente busca la canción y la escucho mientras leo la novela. Ponerle a una novela como está la banda sonora que contiene es demoledor. APuede resultar insoportable. Cada vez que la cierro para respirar y descansar me invade el sonido de una trompeta.
Cuando el presenta es incierto y es mejor no pensar en el futuro, y al pasado para qué vas a volver, escucho la canción de Astrud No tengo miedo. Es mentira, tengo miedo, estoy muerto de miedo, al futuro, al presente, a que el pasado vuelva de repente. No es malo tener miedo, me parece. Me desacostumbra de golpe el miedo que tengo, también de Astrud es una contracanción perfecta para estos momentos inciertos.
Y, a veces, uno se siente un poco Hedwig, en medio de un lugar inadecuado, rodeado de gente que no te comprende (que no te puede comprender, con la que no te puedes explicar). Un mundo en confusión y desesperación sin pausa, por el que caminar sobre las mesas mientras se cuenta lo que uno tiene dentro, ante la cara, entre fascinada y disgustada, de los demás.
Me quedo con dos buenas noticias. Por un lado La Fallera Cósmica ha concedido a este blog el premio en cadena Dardo y blog de oro. ¡Muchas gracias, querida Fallera Cósmica!
Y por otro Blues y otros cuentos, publicado en Baile del Sol, ha sido seleccionado para el Premio Setenil Al Mejor Libro de Relatos Publicados en España. Podéis ver a todos los seleccionados aquí.
Por lo demás creo que voy a dejar este blog en stand by hasta que está cancióndeje de resonar por las calles de mi vieja ciudad (en todos los vídeos aparece la Barcina, es inevitable, uffff):
Lo leo en En el camino de Jack Kerouac (Anagrama,1996), e inmediatamente busca la canción y la escucho mientras leo la novela. Ponerle a una novela como está la banda sonora que contiene es demoledor. APuede resultar insoportable. Cada vez que la cierro para respirar y descansar me invade el sonido de una trompeta.
Cuando el presenta es incierto y es mejor no pensar en el futuro, y al pasado para qué vas a volver, escucho la canción de Astrud No tengo miedo. Es mentira, tengo miedo, estoy muerto de miedo, al futuro, al presente, a que el pasado vuelva de repente. No es malo tener miedo, me parece. Me desacostumbra de golpe el miedo que tengo, también de Astrud es una contracanción perfecta para estos momentos inciertos.
Y, a veces, uno se siente un poco Hedwig, en medio de un lugar inadecuado, rodeado de gente que no te comprende (que no te puede comprender, con la que no te puedes explicar). Un mundo en confusión y desesperación sin pausa, por el que caminar sobre las mesas mientras se cuenta lo que uno tiene dentro, ante la cara, entre fascinada y disgustada, de los demás.
Me quedo con dos buenas noticias. Por un lado La Fallera Cósmica ha concedido a este blog el premio en cadena Dardo y blog de oro. ¡Muchas gracias, querida Fallera Cósmica!
Y por otro Blues y otros cuentos, publicado en Baile del Sol, ha sido seleccionado para el Premio Setenil Al Mejor Libro de Relatos Publicados en España. Podéis ver a todos los seleccionados aquí.
Por lo demás creo que voy a dejar este blog en stand by hasta que está cancióndeje de resonar por las calles de mi vieja ciudad (en todos los vídeos aparece la Barcina, es inevitable, uffff):
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Jack Kerouac
06 julio 2010
días iguales
Iba a pasar otro día sin escribir, pero me he dado cuenta, de repente, del día que era y me ha dado vergüenza. Hoy es uno de esos días que parece igual a cualquier otro y que tiene que ser diferente. Es igual porque ha hecho un calor horrible en Madrid, porque el cansancio es el mismo que cualquier otro día (o más, el cansancio se acumula), porque es el enésimo día en el que se comprueba que TODO es un desastre, se mire como se mire. Iba a ser un día como otro cualquiera (sibn serlo) y se me iba a olvidar señalarlo en este blog. Tal y como se me ha olvidado señalar tantas y tantas cosas estos últimos días.
Cosas que no he contado:
- que he sido abducido por Vinalia Trippers (aquí),
- que he sacado miles de fotos en el orgullo , pero que sólo se pueden ver dos en mi fb (ya saben dónde),
- que en breve saldrá Al otro lado del espejo con mi cuento Elvis (aquí),
- que he compartido un recital, lleno de versos, cerveza y cerezas con José Ángel, Marina, Antonio, Fran y Laura (fotos al final),
- que adoro los reencuentros íntimos en medio de el ajetreado y festivo Madrid.
El día de hoy iba a ser igual que a cualquier otro, decía, pero he conseguido rescatar estos pequeños recuerdos que lo han hecho diferente. Lo que no he conseguido ha sido ver el txupinazo en directo. Me ha pillado en otra cosa y ni siquiera me ha sido posible rescatar el momento, en directo, desde Internet. Puedo recordar cuando lo veía, casi siempre desde fuera de Pamplona, y me tomaba un vermut o algo. No sé que ha pasado en el último año, pero todo me pilla de forma más atropellada, tengo menos tiempo y ganas para hacer lo que quiero. Podría culpar a Madrid, es lo fácil, pero ese transito hacia al absurdo dirio ha sido madrileño. La ciudad ha cambiado, es cierto, pero no es la única que lo ha hecho. Me temo que queda poco de Pamplona en mí, pero tampoco hay mucho de Madrid.
Fotos del recital:


Marina Sanmartín.

Francisco Brives

Cosas que no he contado:
- que he sido abducido por Vinalia Trippers (aquí),
- que he sacado miles de fotos en el orgullo , pero que sólo se pueden ver dos en mi fb (ya saben dónde),
- que en breve saldrá Al otro lado del espejo con mi cuento Elvis (aquí),
- que he compartido un recital, lleno de versos, cerveza y cerezas con José Ángel, Marina, Antonio, Fran y Laura (fotos al final),
- que adoro los reencuentros íntimos en medio de el ajetreado y festivo Madrid.
El día de hoy iba a ser igual que a cualquier otro, decía, pero he conseguido rescatar estos pequeños recuerdos que lo han hecho diferente. Lo que no he conseguido ha sido ver el txupinazo en directo. Me ha pillado en otra cosa y ni siquiera me ha sido posible rescatar el momento, en directo, desde Internet. Puedo recordar cuando lo veía, casi siempre desde fuera de Pamplona, y me tomaba un vermut o algo. No sé que ha pasado en el último año, pero todo me pilla de forma más atropellada, tengo menos tiempo y ganas para hacer lo que quiero. Podría culpar a Madrid, es lo fácil, pero ese transito hacia al absurdo dirio ha sido madrileño. La ciudad ha cambiado, es cierto, pero no es la única que lo ha hecho. Me temo que queda poco de Pamplona en mí, pero tampoco hay mucho de Madrid.
Fotos del recital:

José Ángel Barrueco.

Antonio Calvo Elorri.
Laura Cancho.

Marina Sanmartín.

Francisco Brives

Iñaki Echarte Vidarte
01 julio 2010
esta tarde, poesía
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