
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
24 agosto 2010
lugares solitarios

21 agosto 2010
noche por la que caminar
Aunque mis pies pisen las aceras de Madrid, mi cabeza está en mi próximo viaje a Italia(Venecia-Florencia-Roma). Madrid sólo es el marco por el que transito, apenas significa nada más que algo temporal y frágil. Ahora me tumbaré en la cama, cerraré los ojos e ingresaré en ese estado misterioso que es el sueño. Mañana habrá otra noche por la que caminar.
12 agosto 2010
lolitas y lolitos
Pero Lo-li-ta no hay más que una (aunque haya muchas lolitas) y Tadzio es rubio mar amoroso cuya presencia es cántico, que diría Cernuda.
Nombrar a Tadzio me hace recordar dos cosas. La primera es el brillante juego literario de Luisge Martín con La muerte de Tadzio, una turbadora y profunda novela en la que se demuestra que las historias se repiten y los lugares se intercambian. Un novela al estilo de los cuentos de Los oscuros, el libro que más me gusta del autor. Una novela que mitifica, aun más, Venecia, esa ciudad.
Y la segunda es que ya no quedan lolitas, o mejor dicho, que hay tantas lolitas, tanto masculinas o femeninas y sin limite de edad, que han perdido el misterio de antaño. Y si no lo crees así, no necesitas más que salir a las calles de Madrid y comprobar que la mitad de la población tiene actitudes (e incluso físico) de lolita o lolito. Y así no hay manera de identificar a los verdaderos objetos de deseo, que pasan desapercibidos entre las imitaciones. No hay manera de encontrarlos, si no es prestando mucha atención. Hay que tener cuidado, porque no es lo mismo que te conquiste un autentico lolito (una autentica lolita), que una burda imitación. Creo que por eso, ahora que preparo mi primer viaje a Venecia volveré a leer Muerte en Venecia.

11 agosto 2010
jane (y paul) en madrid

09 agosto 2010
el sirviente
Ya no se hacen películas como las de antes. Ahora se hacen películas como las de ahora. Y es más malo que bueno, desde luego.
08 agosto 2010
encuentros que no lo son

El señor y la señora Copperfield se fueron unos días a Pánama City. El primer día, después de comer, el señor Copperfield propuso que fueran a dar una vuelta por los suburbios. Era siempre lo primero que hacía cuando llegaba aun sitio nuevo. La señora Copperfield detestaba tener que enterarse de lo que había a su alrededor, porque siempre resultaba aun más extraño de lo que había temido.
Pasearon durante largo rato. Las calles no tardaron en parecer todas iguales. A un lado, subían gradualmente cuesta arriba, y al otro, descendían abruptamente hacia los barrios enfangados próximos al mar. Las casas de piedra aparecían completamente descoloridas por el tórrido sol. Todas las ventanas estaban protegidas por pesadas rejas, y apenas se veía algún signo de actividad. tras cruzarse con tres chiquillos desnudos, que se disputaban una pelota, bajaron la colina en dirección al mar. Una mujer vestida de seda negra caminaba lentamente hacia ellos.Después de pasar junto a ellos, la mujer se volvió, mirándoles fijamente con el mayor descaro. Volvieron la cabeza varias veces, y ella seguía allí, inmóvil, observándoles.
Jane Bowles. Dos damas muy serias & Placeres sencillos. Anagrama, 2010.