Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

24 agosto 2010

lugares solitarios

Por más que se esfuerzen con valentía, el mundo se está apoderando de estos lugares solitarios y espectaculares.
Jan Morris. Venecia. RBA, 2008

21 agosto 2010

noche por la que caminar

Camino por las calles de un Madrid denso y sostenido. Son las tres de la mañana de una noche de agosto. No hace calor. Pienso en que ultimamente me río de todo, pero que la felicidad no tiene nada que ver con ello. Es una risa histérica, nerviosa, una risa que roza la linea de la locura. Camino solo. Me cruzo con poca gente. Los coches pasan de largo y me dejan siempre atrás. Pienso en las lecturas de estos últimos días. El juego del escondite de Patricia Highsmith (Anagrama, 2003). Venecia de Jan Morris (RBA, 2008). Piensa que las autoras no fueron como las demás, y que tengo que aprender algo de esto. (Tengo que hablar de ellas más adelante)
Aunque mis pies pisen las aceras de Madrid, mi cabeza está en mi próximo viaje a Italia(Venecia-Florencia-Roma). Madrid sólo es el marco por el que transito, apenas significa nada más que algo temporal y frágil. Ahora me tumbaré en la cama, cerraré los ojos e ingresaré en ese estado misterioso que es el sueño. Mañana habrá otra noche por la que caminar.

12 agosto 2010

lolitas y lolitos

Lolita (Funanbulista, 2004) es un pequeño cuento del escritor alemán Heinz Von Lichberg, un oscuro autor que pasó sin pena ni gloria por el panorama literario, pero que alimentó hace unos años una curiosa polémica acerca del plagio, del homenaje o de las coincidencias en la que se veía mezclada la Lolita de Nabokov y el Tadzio de Mann.
Pero Lo-li-ta no hay más que una (aunque haya muchas lolitas) y Tadzio es rubio mar amoroso cuya presencia es cántico, que diría Cernuda.
Nombrar a Tadzio me hace recordar dos cosas. La primera es el brillante juego literario de Luisge Martín con La muerte de Tadzio, una turbadora y profunda novela en la que se demuestra que las historias se repiten y los lugares se intercambian. Un novela al estilo de los cuentos de Los oscuros, el libro que más me gusta del autor. Una novela que mitifica, aun más, Venecia, esa ciudad.
Y la segunda es que ya no quedan lolitas, o mejor dicho, que hay tantas lolitas, tanto masculinas o femeninas y sin limite de edad, que han perdido el misterio de antaño. Y si no lo crees así, no necesitas más que salir a las calles de Madrid y comprobar que la mitad de la población tiene actitudes (e incluso físico) de lolita o lolito. Y así no hay manera de identificar a los verdaderos objetos de deseo, que pasan desapercibidos entre las imitaciones. No hay manera de encontrarlos, si no es prestando mucha atención. Hay que tener cuidado, porque no es lo mismo que te conquiste un autentico lolito (una autentica lolita), que una burda imitación. Creo que por eso, ahora que preparo mi primer viaje a Venecia volveré a leer Muerte en Venecia.





11 agosto 2010

jane (y paul) en madrid


No puedo evitarlo. Me imagina a los personajes de la Bowles (incluso a la propia Jane) (y también a Paul) perdidos por las calles de Madrid. Me los imagino en los bares que hay alrededor de Sol, en alguno de los que hay en la calle Espoz y Mina. Me los imagino adentrándose en Lavapies, conociendo gente en la barra de los bares, hablando, dejándose arrastrar a otros bares, acostándose en camas ajenas, siempre en movimiento. Cambiando, deambulando, buscando algo y no encontrándolo jamas.
Me los imagino. Es posible que hasta los haya visto. Una vez me encontré en mi habitación de Tirso de Molina a una chica desnuda, sentada en mi mesa, escribiendo su novela, que podría haber sido Jane. Alguna vez, en una presentación en el Hotel Kafka, he charlado, con el autor del libro que se presentaba, sobre temas lúbricos; podría haber sido Paul.
Podrían ser ellos. Y aunque no lo fueron son un reflejo de la pareja americana. Lo cierto es que creo que les hubiera gustado este Madrid del siglo XXI, en el que yo sólo consigo ser un autómata. En el que me gustaría ser un poco más Bowles.

09 agosto 2010

el sirviente

He visto, en esta tarde madrileña, ardiente y absurda, la película El sirviente de Joseph Losey, escrita por Harold Pinter y basada en una novela de Robin Maughan, publicada recientemente por Cabaret Voltaire y protagonizada por Dirk Bogarde y James Fox.
Ya no se hacen películas como las de antes. Ahora se hacen películas como las de ahora. Y es más malo que bueno, desde luego.







08 agosto 2010

encuentros que no lo son

Es tan obvio como cierto. Si sales a la calle te encuentras con gente. A mi me suele pasar en la calle Fuencarral. Nada más poner los pies en ella, comienzo a encontrarme con amigos, algún que otro ex, personas a las que quisiera conocer, personas que parecen querer conocerme y el espécimen más complicado: aquellas personas que has dejado de ver mediante el acuerdo bilateral de tenemosquequedar. Allí están todos, como si la calle Fuencarral fuera el centro del universo madrileño. Es verdad que me encuentro con gente por otras calles, pero los encuentros de la calle Fuencarral no tienen nombre.
Por eso, a veces prefiero quedarme en mi habitación de paso, que tiene un balcón al que no puedo salir. Hoy es domingo. A las diez de la mañana a través de mi ventana abierta he escuchado el tímido inicio de una tormenta de verano. Se ha quedado en eso; apenas se han mojado las calles. quiero que llueva, coger un paraguas y dar una vuelta por mi barrio, dónde es poco probable que me encuentre con nadie. por eso me gusta este barrio, porque soy tan nadie como cualquiera. Pero de momento no llueve, así que me quedaré en casa, leyendo los cuentos de Jane Bowles y escuchando a Chopin. De momento es suficiente.

El señor y la señora Copperfield se fueron unos días a Pánama City. El primer día, después de comer, el señor Copperfield propuso que fueran a dar una vuelta por los suburbios. Era siempre lo primero que hacía cuando llegaba aun sitio nuevo. La señora Copperfield detestaba tener que enterarse de lo que había a su alrededor, porque siempre resultaba aun más extraño de lo que había temido.

Pasearon durante largo rato. Las calles no tardaron en parecer todas iguales. A un lado, subían gradualmente cuesta arriba, y al otro, descendían abruptamente hacia los barrios enfangados próximos al mar. Las casas de piedra aparecían completamente descoloridas por el tórrido sol. Todas las ventanas estaban protegidas por pesadas rejas, y apenas se veía algún signo de actividad. tras cruzarse con tres chiquillos desnudos, que se disputaban una pelota, bajaron la colina en dirección al mar. Una mujer vestida de seda negra caminaba lentamente hacia ellos.Después de pasar junto a ellos, la mujer se volvió, mirándoles fijamente con el mayor descaro. Volvieron la cabeza varias veces, y ella seguía allí, inmóvil, observándoles.

Jane Bowles. Dos damas muy serias & Placeres sencillos. Anagrama, 2010.