Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
20 septiembre 2010
17 septiembre 2010
vinalia en madrid
Me gustaría estar en Madrid y dejarme abducir por los chicos de Vinalia. Pero los giros de mi vida son como son y Madrid no es una ciudad en la que mi cuerpo esté durante le segunda quincena de este mes. De todas maneras no es impedimento para que os paséis por allí y conozcáis a algunos de los escritores/ilustradores más fascinantes de la literatura española. La cita es en La casa de los Jacintos (Arganzuela 11, La Latina, Madrid), el 18 de septiembre a las 21horas, y contará con música en directo, jam de lecturas, proyecciones de vídeo y otras sorpresas marcianas. ¡No faltéis!
16 septiembre 2010
relatos de leavitt
De alguna manera, sabía que tenía que volver a leer a David Leavitt. Cuando era adolescente saqué de la biblioteca todos los libros de Leavitt, desde El lenguaje perdido de las grúas, el primer libro que me descubrió que no estaba tan sólo, hasta Arkansas, del que apenas recuerdo su turbia portada. Después leí algo más de él, pero no logró interesarme tanto: no logró descubrirme nada.
En uno de mis múltiples viajes a librerías de segunda mano encontré Un lugar en el que nunca he estado. A pesar del regusto amargo que me había dejado me apetecía volver a leer los primeros libros de Leavitt.
Hoy he comenzado a leer los relatos y he comprendido que necesitaba leerlos, que han llegado en el momento justo. Son relatos muy tristes, llenos de confusión sentimental, con personajes que tienden a darse cuenta de que nunca podrán dejar de estar sólos; pero optimistas, al fin y al cabo, en algún recóndito rincón de sus frases. Uno de los relatos esta ambientado por una canción de Eartha Kitt, I love man, que no conocía y que voy a ir cantando por la calle.
En uno de mis múltiples viajes a librerías de segunda mano encontré Un lugar en el que nunca he estado. A pesar del regusto amargo que me había dejado me apetecía volver a leer los primeros libros de Leavitt.
Hoy he comenzado a leer los relatos y he comprendido que necesitaba leerlos, que han llegado en el momento justo. Son relatos muy tristes, llenos de confusión sentimental, con personajes que tienden a darse cuenta de que nunca podrán dejar de estar sólos; pero optimistas, al fin y al cabo, en algún recóndito rincón de sus frases. Uno de los relatos esta ambientado por una canción de Eartha Kitt, I love man, que no conocía y que voy a ir cantando por la calle.
Etiquetas:
David Leavitt
13 septiembre 2010
tres
No sabía, cuando empecé a leerlo, que la trama de La insensata geometría del amor de Susana Guzner (Debolsillo, 2002) transcurría entre Madrid, ciudad en la que vivo y Venecia, ciudad que visitaré a final de mes. Debe ser algo más que casualidad. No lo sé, pero, sin quererlo, me he encontrado inmerso, otra vez, en los callejones de Venecia y entre los majestuosos edificios venecianos. Más vale que no habla de la tercera ciudad en discordia. Tendría que pensar en una conspiración.

Etiquetas:
Susana Guzner
07 septiembre 2010
morirse de
Suelo quedarme fascinado con las palabras, pero esa fascinación, a veces desmedida, no surge en mi vida real.
Del estante de librosporleer he recogido La insensata geometría del amor de Susana Guzner (Debolsillo, 2002). No sé porque me ha dado ahora por este libro, pero desde que lo compré me han fascinado sus primeras líneas:
-Pidamos pronto -dijo sin alzar la vista del menú- porque me muero de hambre.
- Sí, pidamos pronto porque me muero de amor -me oí responder mientras cerraba la carta y la dejaba sobre el mantel con gesto negligente.
No guardo recuerdo de haber dicho frase semejante o similar. Pero si tengo el deseo de estar sentado en una mesa y utilizar frases parecidas. Sé que si fuera real podría parecer la conversación más cursi del mundo, pero como a la protagonista de la novela estas palabras me sorprenderían (para bien) y avergonzarían al mismo tiempo.
Tengo tiempo. Aún tengo tiempo. Sé que mi vida no es como antes. Que desde hace tiempo me he metido en un agujero negro. Que le hago responsable de todo, sin un atisbo de razón, a Madrid.
Pero sé que tengo tiempo (siempre tendré tiempo) de morirme de amor. Y de decírselo a quien lo merezca. De salir de mi propio agujero de la mano de.
Del estante de librosporleer he recogido La insensata geometría del amor de Susana Guzner (Debolsillo, 2002). No sé porque me ha dado ahora por este libro, pero desde que lo compré me han fascinado sus primeras líneas:
-Pidamos pronto -dijo sin alzar la vista del menú- porque me muero de hambre.
- Sí, pidamos pronto porque me muero de amor -me oí responder mientras cerraba la carta y la dejaba sobre el mantel con gesto negligente.
No guardo recuerdo de haber dicho frase semejante o similar. Pero si tengo el deseo de estar sentado en una mesa y utilizar frases parecidas. Sé que si fuera real podría parecer la conversación más cursi del mundo, pero como a la protagonista de la novela estas palabras me sorprenderían (para bien) y avergonzarían al mismo tiempo.
Tengo tiempo. Aún tengo tiempo. Sé que mi vida no es como antes. Que desde hace tiempo me he metido en un agujero negro. Que le hago responsable de todo, sin un atisbo de razón, a Madrid.
Pero sé que tengo tiempo (siempre tendré tiempo) de morirme de amor. Y de decírselo a quien lo merezca. De salir de mi propio agujero de la mano de.
Etiquetas:
Susana Guzner
05 septiembre 2010
otro tipo de historias
A veces los libros no contienen las historias que el autor escribió o que el lector lee. A veces otro tipo de historias rodean al libro.
Hace unos meses compré, en la Feria del Libro Antiguo, la novela que leo ahora: El juego del mentiroso de Lluís Mª Todó (Anagrama, 1995). Por las marcas hechas en el libro y por cierta documentación que le acompaña puedo saber a quien perteneció el libro y otros datos adicionales.
El libro se compró, según la pegatina pegada en la primera página en Marcial Pons. Librero. Pl. Conde Valle Suchil, 8 280015 Madrid-España. En la misma página aparecen dos precios: los cinco euros que pagué yo y 1650, que supongo que es el precio, en pesetas, que supongo que pagó su anterior propietario. En la tercera página, justo debajo del título, la firma del propietario junto a la fecha de compra (95).
Perdidos entre las páginas del libro encuentro dos recibos. Uno es el ticket que salió del datafono al hacer la compra. Con el ticket en la mano puedo saber que el libro lo compró D. A. R. el 08/05/95 a las 11.27, por 1650 pesetas, que el banco era el Banco Exterior Argentaria y que su tarjeta número **** ***** ***** **** ***** caducó en marzo del 96. También sé que dicho señor fue ese mismo día la Óptica 2000, en Princesa 56 y eligió un producto de la tienda, o quizás un arreglo, que tenía que recoger dos días después, el 10/05/1995. Y, por último puedo comprobar que la firma que marca el libro es la misma firma de los recibos.
Es cierto que es una reconstrucción un poco inexacta, pero me he imaginado a nuestro hombre caminando por las calles de Madrid, pidiendo consejo para el libro, comprándolo, consultando al óptico como solucionar su problema de visión . Me lo he imaginado llegando a casa, abriendo el libro y leyéndolo a la misma velocidad que yo lo leo, parando las mismas veces que yo, suspirando y excitándose con los mismos episodios que yo. De alguna manera me he imaginado a nuestro hombre dentro de mi.
(Y sí, he tecleado su nombre en google y no hay ninguna información sobre él. Una pena.)
Hace unos meses compré, en la Feria del Libro Antiguo, la novela que leo ahora: El juego del mentiroso de Lluís Mª Todó (Anagrama, 1995). Por las marcas hechas en el libro y por cierta documentación que le acompaña puedo saber a quien perteneció el libro y otros datos adicionales.
El libro se compró, según la pegatina pegada en la primera página en Marcial Pons. Librero. Pl. Conde Valle Suchil, 8 280015 Madrid-España. En la misma página aparecen dos precios: los cinco euros que pagué yo y 1650, que supongo que es el precio, en pesetas, que supongo que pagó su anterior propietario. En la tercera página, justo debajo del título, la firma del propietario junto a la fecha de compra (95).
Perdidos entre las páginas del libro encuentro dos recibos. Uno es el ticket que salió del datafono al hacer la compra. Con el ticket en la mano puedo saber que el libro lo compró D. A. R. el 08/05/95 a las 11.27, por 1650 pesetas, que el banco era el Banco Exterior Argentaria y que su tarjeta número **** ***** ***** **** ***** caducó en marzo del 96. También sé que dicho señor fue ese mismo día la Óptica 2000, en Princesa 56 y eligió un producto de la tienda, o quizás un arreglo, que tenía que recoger dos días después, el 10/05/1995. Y, por último puedo comprobar que la firma que marca el libro es la misma firma de los recibos.
Es cierto que es una reconstrucción un poco inexacta, pero me he imaginado a nuestro hombre caminando por las calles de Madrid, pidiendo consejo para el libro, comprándolo, consultando al óptico como solucionar su problema de visión . Me lo he imaginado llegando a casa, abriendo el libro y leyéndolo a la misma velocidad que yo lo leo, parando las mismas veces que yo, suspirando y excitándose con los mismos episodios que yo. De alguna manera me he imaginado a nuestro hombre dentro de mi.
(Y sí, he tecleado su nombre en google y no hay ninguna información sobre él. Una pena.)
Etiquetas:
Lluís Mª Todó
03 septiembre 2010
respuestas parciales
Me atasco. Me paralizo. Me asusto.
Y, como siempre, encuentro respuestas parciales en los libros que leo.
- (...)Y oye, ¿de que va la novela?
- De momento no tiene mucho argumento, ni debe tenerlo. Debería ser como un gran monólogo, en el que entraría todo, todo lo que sé y lo que sabré a medida que escriba... Si me permites que me ponga un poco pedante, quiero que sea una novela sobre el lenguaje de la novela. Pero, de momento, lo que llevo escrito no me gusta nada, por eso estoy de tan mal humor.
Lluís Mª Todó. El juego del mentiroso. Anagrama, 1995.
Y, como siempre, encuentro respuestas parciales en los libros que leo.
- (...)Y oye, ¿de que va la novela?
- De momento no tiene mucho argumento, ni debe tenerlo. Debería ser como un gran monólogo, en el que entraría todo, todo lo que sé y lo que sabré a medida que escriba... Si me permites que me ponga un poco pedante, quiero que sea una novela sobre el lenguaje de la novela. Pero, de momento, lo que llevo escrito no me gusta nada, por eso estoy de tan mal humor.
Lluís Mª Todó. El juego del mentiroso. Anagrama, 1995.
Etiquetas:
Lluís Mª Todó
01 septiembre 2010
extraños
La estación de Atocha tiene una belleza crepuscular que me hunde en la miseria. Voy buscando la belleza, todo tipo de belleza. Y cuando la encuentro, cuando puedo verla, tocarla, cuando puedo sentirla sé que no es para mí. Así no hay manera de ser feliz.
Una de las nuevas apuestas de Taschen es American swings, un libro que se ha presentado esta tarde en FNAC Callao. Naomi Harris, una bella fotógrafa canadiense, se ha ganado la confianza de los swingers y ha realizado unas fotos demoledoras y extravagantes, en la que se representa el perfil medio del norteamericano. Blanco, heterosexual y feo. A partir de ahí descubrimos un desfile de personas normales practicando sexo. Es extraño ver las fotos del libro, en la planta del FNAC, mientras la gente pasa por tu espalda, pero es más extraño aún verlo en una pantalla gigante, que entre un niño con su padre y que contemplen el autorretrato de Naomi Harris rodeada de los Mandingos (un grupo de hombres afroamericanos que prestan servicios a las esposas blancas) con sus vergüenzas al viento. Es extraño, pero luego salgo a las calles de Madrid y me encuentro con gente que podría aparecer en esa fotos. Me encuentro a un hombre sin piernas que pide en Sol y me pregunto como volverá a casa. Cuando camino por la calle Espoz y Mina descubro a su mujer escondida entre los coches y sentada en una silla de ruedas.
Sólo las luces de Atocha pueden consolarme. Pero frente al Ministerio de Agricultura un hombre me pide dinero. Le falta una pierna. No le doy dinero, porque siempre acostumbro a decir que no. Y los remordimientos no me ayudan.
Todos son/somos extraños, en el sentido de que desconocemos a quien tenemos al lado. Un día te fotografía Naomi Harris vestido de cuero y horas más tarde estás haciendo erdodoncias en la consulta. Conoces a alguien desde hace mucho tiempo y al volverlo a ver descubres que ha cambiado y que lo que sospechabas era cierto. Y lo peor es que la revelación habitaba en una inocente frase. Descubres a alguien y te da miedo conocerlo más porque sabes que va(s) a cambiar. Sabes que noconoces a alguien, que te miente sin parar y que usa tus palabras en tu contra. Te cruzas con alguien en un tren, hablas para no sentirte solo y el desconocido acaba matando a tu mujer y obligándote a que asesines a su padre.
El camino a casa no es como esperaba (tampoco). La tormenta no ha estallado; tenía la ilusión de mojarme un poco y quitarme la ropa empapada. Quería sentir sobre mi piel algo que no fuera este calor capitalino.
Ahora lo único que me queda hacer por hoy es terminar Extraños en un tren (Anagrama, 1990) de Patricia Highsmith, bajar la basura y cenar viendo la tele. Mañana será otro día.
Una de las nuevas apuestas de Taschen es American swings, un libro que se ha presentado esta tarde en FNAC Callao. Naomi Harris, una bella fotógrafa canadiense, se ha ganado la confianza de los swingers y ha realizado unas fotos demoledoras y extravagantes, en la que se representa el perfil medio del norteamericano. Blanco, heterosexual y feo. A partir de ahí descubrimos un desfile de personas normales practicando sexo. Es extraño ver las fotos del libro, en la planta del FNAC, mientras la gente pasa por tu espalda, pero es más extraño aún verlo en una pantalla gigante, que entre un niño con su padre y que contemplen el autorretrato de Naomi Harris rodeada de los Mandingos (un grupo de hombres afroamericanos que prestan servicios a las esposas blancas) con sus vergüenzas al viento. Es extraño, pero luego salgo a las calles de Madrid y me encuentro con gente que podría aparecer en esa fotos. Me encuentro a un hombre sin piernas que pide en Sol y me pregunto como volverá a casa. Cuando camino por la calle Espoz y Mina descubro a su mujer escondida entre los coches y sentada en una silla de ruedas.
Sólo las luces de Atocha pueden consolarme. Pero frente al Ministerio de Agricultura un hombre me pide dinero. Le falta una pierna. No le doy dinero, porque siempre acostumbro a decir que no. Y los remordimientos no me ayudan.
Todos son/somos extraños, en el sentido de que desconocemos a quien tenemos al lado. Un día te fotografía Naomi Harris vestido de cuero y horas más tarde estás haciendo erdodoncias en la consulta. Conoces a alguien desde hace mucho tiempo y al volverlo a ver descubres que ha cambiado y que lo que sospechabas era cierto. Y lo peor es que la revelación habitaba en una inocente frase. Descubres a alguien y te da miedo conocerlo más porque sabes que va(s) a cambiar. Sabes que noconoces a alguien, que te miente sin parar y que usa tus palabras en tu contra. Te cruzas con alguien en un tren, hablas para no sentirte solo y el desconocido acaba matando a tu mujer y obligándote a que asesines a su padre.
El camino a casa no es como esperaba (tampoco). La tormenta no ha estallado; tenía la ilusión de mojarme un poco y quitarme la ropa empapada. Quería sentir sobre mi piel algo que no fuera este calor capitalino.
Ahora lo único que me queda hacer por hoy es terminar Extraños en un tren (Anagrama, 1990) de Patricia Highsmith, bajar la basura y cenar viendo la tele. Mañana será otro día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)