Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

29 noviembre 2010

sentarse en todas las sillas



Juan viene a la librería y se compra mi Blues y otros cuentos. Se lo dedico en un restaurante de la calle Fuencarral donde me sirven unos spaguettis más sosos que los que me hago en mi casa, no tienen tiramisú, aunque la carta diga que sí, y las empleadas se empeñan en enseñar esa parte de cuerpo donde comienzan las nalgas. Podemos ver como pasan por la calle Fuencarral hombres y mujeres con la suficiente categoría para hacer un Sartorialist madrileño. Me abstraigo en esa observación porque siempre me ha fascinado la belleza. Después Juan y yo hablaremos de la belleza, del exceso de belleza que se convierte en no-belleza, de las no-posibilidades de contactar con ella y de esas cosas que hablan los pesimistas y solitarios. Bajamos por Fuencarral y terminamos en el Mamma Ines, el centro social de este Chueca que se está resquebrajando, que debería resquebrajarse definitivamente y empezar de cero de otra manera.
A partir de entonces Juan y yo iniciamos una tarea imposible en Madrid: buscar una cafetería con wifi. Problemas estructurales de los edificios, el hecho de estar en mitad del fin de semana, según nos cuentan, nos impide conectarnos a la red , aunque supongo que se debe, en realidad al atraso tecnológico de la capital. Es triste que el centro de Madrid no tenga un wifi en condiciones.
Atravesamos Gran Vía y Sol. La gente se agolpa en el centro en busca de... no sé, la verdad. Nosotros estamos de paso, esquivamos los grupos de adolescentes, las prostitutas, las mujeres con abrigos de visón, las maricas modernas, las chicas que van agarradas de la mano, algunos monumentos, los hermanos heavys de Gran Vía, la policía, los mimos, los señores solitarios que huelen como demonios, los autobuses asesinos que barren los bordillos de las aceras y el frío que cubre Madrid con determinación asesina.
Nos perdemos en la tienda del Caixa Forum y me pregunto que tengo que hacer para trabajar allí; son cuatro dependientes en apenas 30 metros cuadrados. Pero no hablemos de trabajo
Después nos adentramos en la Almadén. Juan ha quedado con Ramón García Alcaraz de la galería My Names`s Lolita Art. Una de esas personas a las que hay que escuchar, con una vida maravillosa, apasionante y con unas ideas simplemente fabulosas. Ellos hablan de arte. Yo no sé mucho del tema, pero me concentro en escuchar, en imaginar lo que están contando. Eso se me da bien. Tomamos un té en Marrackech, también en la calle Almadén. Los camareros marroquíes fuman en una de esas pipas enormes y se sumergen entre el humo que expulsan por la nariz. Es como un sueño; su tez morena, sus miradas tan sugerentes como una incógnita atravesando el humo. A veces no hace falta tocar a alguien para tener sexo.
My Name`s Lolita Art inaugurá en breve (el 2 de diciembre) una exposición muy inquietante de Juan Cuellas, Suburbial song. Pude ver los cuadros, todavía apoyados en el suelo, y creo que voy a volver. Quiero volver a ver esas familias sin rostro, esos inquietantes cuadros que recuerdan a Los pájaros de Hitchcock o ese pequeño cuadro de la boda de Micky y Minnie.
Al final encontramos un wifi en condiciones justo delante de la galería. Entramos en el Bar & Cocktail Matilda, un lugar muy berlinés, según Juan, en el que descubrimos que trabaja uno de los actores de Al salir de clase, esa serie mítica de nuestra adolescencia. Allí, rodeados de gente, nos sumergimos en ese mundo fascinante que llamamos internet pero que podríamos llamar de cualquier otra manera.
Mientras el metro me arrastra hacia casa descubro la visión que tiene un Burgess adolescente sobre su familia y me estremezco. Podría haber sido el frío, algo tiene que ver ciertamente, pero es la autobiografía de Burgess. Leerla me está haciendo entender que la vida es sucia, absurda e irrepetible, así que hay que sentarse en todas las sillas que encuentres, leer todo lo que puedas y besar a ese chico que te gusta sin pensarlo dos veces, pase lo que pase después. Lo malo es que no solemos ser capaces de ello.

Mi padre, su esposa,
demasiado viejos para tomar decisiones,
aunque sí para urdir revisiones
de su vida.
Pero tampoco esta esperanza
podría ser más vana,
pues tuve que ser yo
quien les enseñara la puerta del horno.
Anthony Burgess. El pequeño Wilson y el gran Dios. (Planeta, 1987)

25 noviembre 2010

sucede que me canso de ser hombre


Ayer, en el bar de Nacho, después de la presentación de la Fallera cósmica, Fernando T. entonó, a su manera Sucede que me canso de ser hombre. Pensé que iba a recitar, cerveza en mano, el poema de Pablo Neruda. Pero no, era una canción de Extremoduro que yo desconocía. Mientras la escuchaba/descubría en casa recordé mi mala suerte. Acabo de volver de Pamplona y no he podido ir a ver a Patxi Irurzun a la presentación de Simpatía por el relato, antología de cuentos escritos por rockeros. Ha sido esta mañana en bar La Cepa, en pleno Casco Viejo de Pamplona, así que hasta el anuncio llega tarde. Pero el libro está disponible en las tiendas desde ya y tiene una pinta estupenda. La verdad es que de repente hay un montón de antologías más que apetecibles en las librerías. y parece que se aproximan más. Habrá que estar atentos...



23 noviembre 2010

burgess es feo y la fallera cósmica



Vuelvo de noche. Rozando las doce. He mirado al cielo y he visto la luna llena. Las calles que atravieso para llegar a mi casa están vacías.
Todo lo que sé está en los libros y pegado a mi piel.
Mi piel ha sufrido estos últimos días y no sólo el frío de Pamplona. La piel se me ha caído a jirones, ha vuelto a su sitio y el frió seguía ahí.
En cuanto a los libros muchas confirmaciones. Patricia Highsmith y sus fantásticas Catástrofes (en Pamplona). Anthony Burgess y su primera parte de la autobiografía El pequeño Wilson y el gran Dios, con la portada más fea (o poco favorecedora) que he visto en mi vida y el contenido más fascinante que he leído hasta ahora (en el tren Pamplona-Madrid). Si tengo que elegir a un escritor del siglo XX, no tengo dudas, es Burgess. Por muchas cosas. Por su sentido del humor, por dejarme con la boca abierta en cada página, por demostrarme, con su sabiduría, mi total ignorancia en el 90% de los temas, por excesivo, por feo, por tener la gran novela de todos los tiempos Poderes terrenales. ¿Demasiado entusiasta? Pues sí, este pequeño entusiasmo me hace avanzar, poco a poco.


Llego al portal, cargado con una maleta y un par de bolsas, y me encuentro en mi buzón Parábolas familiares (Lamed, 2010) del eslovaco Boris Pintar. No suelo recibir libros. Este viene desde Londres y viene como palabras agradecidas; algo tengo que ver con el desembarco de Boris en España. Aunque sólo conocía un cuento de los seis que incluye el volumen puedo decir que voy a disfrutar con este libro, con sus historias llenas de sexo, ternura y realismo a fogonazos.
Una vez en casa me acomodo en el sofá y pienso en el miércoles; este miércoles 24 de noviembre la pequeña Fallera cósmica me ha engañado para que presente su blog convertido en libro. Será a las 19.30 en Fnac Callao (Madrid). Allí estaré, sumergido, de nuevo, entre los cuerpos en cursiva de esta ciudad a la que no me quedan fuerzas para odiar.

18 noviembre 2010

palabras perdidas

Aquí iban unas palabras sobre la novela de Émili Ajar (o Romain Gary) La vida ante sí.
Aquí iban unas lineas sobre la curiosa presentación, el lunes pasado en Tipos Infames, de la última novela de Micah P. Hinson, No voy a salir de aquí, publicada en Alpha Decay.
Aquí iban unas lineas sobre el homenaje a Jesús Munarriz que se celebro el martes en la Biblioteca Nacional, y sobre el encuentro con la escritora Julia Montejo, la pintora Nuria Armendariz y un peculiar periodista inglés.
Aquí iban unas lineas sobre el estupendo cuento Moby Dick II, o la ballena misil de Patricia Highsmith, incluido en Catástrofes (Mosaico bolsillo, 2010).
Aquí iban unas lineas sobre el encuentro que se celebrará el viernes en el Fnac, en el que participarán Inma Luna, Ana Pérez Cañamares y Roxana Popelka, y en el que me encargaba de presentarlas, en sustitución de La Fallera Cosmica. El viernes a las siete de la tarde ellas estarán en el Fnac de Callao. Se presentarán solas y lo harán estupendamente. Si estáis en Madrid acudid a la cita; son mujeres maravillosas y con talento. Valdrá la pena.
Aquí iban palabras que no tengo fuerzas para escribir. Palabras perdidas en la vida cotidiana que te sorprende y te arrastra. Pero ya habrá más palabras en breve.


12 noviembre 2010

entre las cosas que creamos para que les sirvieran de consuelo, el amanecer da buen resultado

Desear un libro, que te guste su portada, que la sinopsis te atrape, que tengas ganas de leer algo de autor, y que, después, con las manos en la harina el libro no te guste y tengas que dejarlo antes de acabarlo no es lo mejor que me puede ocurrir en estos momentos. Pero me ha ocurrido con Los infinitos (Anagrama, 2010) de John Banville. Es cierto que tiene frases tan acertadas que no puedo más que reescribirlas:
A ella, las personas en general le resultaban desconcertantemente repulsivas, sobre todo los hombres. Si se encuentra a alguno, con traje y cinturón, corbata pulcramente anudada y flor en el ojal, hablando en torno grandilocuente y haciendo gestos, como hacen todos, se lo imagina de pronto sentado en el retrete, con los codos sobre las rodillas y los calzoncillos en torno a los tobillos, y debajo de él esas cosas horrendas en forma de budín colgando sobre la taza humeante. Piensa en anos fruncidos, sobacos cebollinos, repelentes crestas de pelo lustroso y ensortijado -no puede pararse-, esa materia bajo los alerones del prepucio, dentro de las narices, entre los dedos de los pies.
(...)
Hay algo que les pasa, sin embargo, a todos ellos. Es un enigma para él, esa misteriosa certeza, inquietud, premonición o lo que sea esa desgracia que los aflige, y por mucho que lo ha intentado jamás ha conseguido resolverlo. Tienen miedo de algo, algo que está siempre ahí aunque hacen como si no estuviera. A todos les pasa lo mismo, esa cosa tremenda y pavorosa, salvo a los muy jóvenes, aunque es sus ojos también le parece detectar, un súbito y horrendo despertar. Percibe ese secreto y su aterradora conciencia en todo lo que hacen. Incluso cuando están contentos algo falla en su felicidad.
Me gusta también su primera frase, una de las mejores primeras frases que he leído ultimamente:
Entre las cosas que creamos para que les sirvieran de consuelo, el amanecer da buen resultado.
¿Y qué es lo que no me gusta? Creo que la novela no ha conseguido atraparme, a veces no percibo dónde están los dioses y dónde los humanos. Es perturbadora y extraña, dice en la contraportada. Demasiado, para mi gusto. Quizás demasiado complicada para el momento en el que vivo.
Ahora estoy más pendiente de la bufanda que me está haciendo Margarita Campari. Quería una desde el momento en el que las vi colgadas de los Tipos infames. Un poco de envidia sí que hay en el asunto. La mía se va a parecer a esta:



04 noviembre 2010

decían

Lo más importante son los detalles, decía Nabokov.
Si fuera un rancho me llamaría Tierra de nadie, decía Rita Hayworth en Gilda.
Me sentía tan hueco y vacío como el espacio entre las estrellas, decía Chandler.

Ellxs decían y todo queda recogido, junto con multitud de datos y anécdotas en Guía de novela negra de Héctor Malverde (errata naturae, 2010).
Entre lo que dicen y entre lo que escriben la lista de libros y películas pendientes de ver asciende. Una buena introducción a la novela negra, al cine negro y a la oscura vida de sus autores.


01 noviembre 2010

una ventana, unos huesos de santo y un encuentro sorpresa

Vuelvo.
Estos días que ha estado desaparecido he podido buscar el lugar adecuado para las cosas en el nuevo espacio que voy a habitar. He mirado por la ventana del salón. Desde ella puedo ver las casas de enfrente, con sus ventanas encendidas conforme se acerca la noche, con Vallecas escalonada al fondo y con las nubes avanzando con lentitud por el cielo. Miro por la ventana y veo como la lluvia forma una capa que difumina el barrio madrileño. Podría mirar por esta ventana durante todo el tiempo de este mundo.
Hoy he ido con mi padre a la azotea del Circulo de Bellas Artes, otro lugar en el que acomodarse para ver hasta donde se extiende Madrid. ¿Tiene fin Madrid? A veces parece que no. Después hemos comido en el restaurante, hemos comprado buñuelos y huesos de santo y hemos vuelto a casa para comerlos acompañados de café y pacharan. Parecíamos cumplir un rito milenario.
Ayer quería enseñarle a mi padre la librería de mis queridos Tipos Infames, quería enseñarle, con cierta envidia, la librería que a cualquiera le gustaría tener. Y una cadena de casualidades hizo que conociera a Virginia Jiménez, que pertenece a al Taller de diseño editorial Zoografico, y que ilustró el texto que publiqué en el último Vinalia Trippers, Quince errores comunes en torno al fin del mundo. De manera que el local se convirtió en una reunión improvisada, en una sorpresa, en una tarde acogedora y feliz. Volveré a Tipos Infames. Todos, aunque no hayamos estado, tenemos que volver allí

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