Regresé a mi despacho, me senté en la silla giratoria y traté de recuperar todo el atraso acumulado en materia de balanceo de pies. Había un viento racheado que entraba por las ventanas y las carbonillas de los quemadores de gasoil del hotel vecino venían a parar a mi despacho y corrían por encima de la mesa como plantas rondadoras moviéndose sin rumbo por un solar vacío. Estaba pensando en salir a almorzar y en que la vida tenía muy pocos alicientes y en que probablemente no mejoraría si me tomaba un whisky y en que tomarse un whisky completamente solo a aquella hora del día no me iba a resultar, en cualquier caso, nada divertido, cuando llamo Morris.
Raymond Chandler. El sueño eterno, incluido en Todo Marlowe. Rba, 2010.
Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
22 diciembre 2010
21 diciembre 2010
postburgess
Después de Burguess no hay nada. Nada me calma. Ya notaba algo mientras leía El pequeño Wilson y el gran Dios. Cada vez que terminaba una página levantaba la cabeza y tenía que mirar al infinito. Notaba que algo zozobraba en mi interior. Miraba la foto de portada y sentía lastima por Anthony. No hay nada peor que sentir lastima. Pero sentía lastima al tiempo que intentaba entrever en sus ojos la fuerza que le impulsó a continuar viviendo y a escribir como un autentico loco. Después de su autobiografia vinieron las Parábolas familiares (Lamed, 2010) de Boris Pintar, el Billy Budd (Cátedra, 2004) de Herman Melville, el ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (Anagrama, 2005) de Raymond Carver. Pero no me han calmado, no han logrado centrarme, no he podido perderme en ellos y olvidarme un poco de la realidad. Algo está pasando; esta noche me he despertado varias veces, he mirado al cielo y tenía un color rojizo realmente sospechoso.
Sólo dos libros me han sacado de esta especie de sopor. Uno es El sueño eterno de Raymond Chandler, incluido en el Todo Marlow (RBA, 2010), un volumen que, dadas sus dimensiones no puedo sacar de casa, así que va ser mi compañero de cama durante bastante tiempo. El otro es un libro de poesía al que no me atrevía a hincar el diente. Lo tenía en la estantería de librosporleer desde que lo compré y leí el prólogo de David González. No me atrevía con él. Pensaba que iba a dolerme. Ahora que lo he leído puedo decirlo: me ha dolido. Es No hay camino al paraíso (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009) de Javier Das y José Ángel Barrueco. Es tan duro, se me ha quedado tan dentro que cada vez que recuerdo lo que he leído veo los ojos de los autores, a los que conozco personalmente, y me estremezco. Hay tanta verdad en esos versos, hay tanta dureza en ese camino que no lleva al paraíso, que me quedo sin palabras. Tendré ocasión de mirar a los ojos a Javier y a José Ángel, miraré a los ojos de las fotos de Burgess, me miraré fijamente mis propios ojos en el espejo y recitaré mentalmente este poema, por ejemplo:
Si no tengo cuidado
acabo en la cuneta.
Y de ser así,
todo lo que toque
o todo a lo que me acerque
acabará lleno de barro.
Javier Das. No hay camino al paraíso. Ya se lo dijo Casimiro Parker, 2009.
Miraré a los ojos de la gente y me daré cuenta que dentro de cada uno hay un libro de poemas, vida y que es la fuerza que tenemos dentro la que nos impulsa hacia delante yhace brillar los ojos.
Sólo dos libros me han sacado de esta especie de sopor. Uno es El sueño eterno de Raymond Chandler, incluido en el Todo Marlow (RBA, 2010), un volumen que, dadas sus dimensiones no puedo sacar de casa, así que va ser mi compañero de cama durante bastante tiempo. El otro es un libro de poesía al que no me atrevía a hincar el diente. Lo tenía en la estantería de librosporleer desde que lo compré y leí el prólogo de David González. No me atrevía con él. Pensaba que iba a dolerme. Ahora que lo he leído puedo decirlo: me ha dolido. Es No hay camino al paraíso (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009) de Javier Das y José Ángel Barrueco. Es tan duro, se me ha quedado tan dentro que cada vez que recuerdo lo que he leído veo los ojos de los autores, a los que conozco personalmente, y me estremezco. Hay tanta verdad en esos versos, hay tanta dureza en ese camino que no lleva al paraíso, que me quedo sin palabras. Tendré ocasión de mirar a los ojos a Javier y a José Ángel, miraré a los ojos de las fotos de Burgess, me miraré fijamente mis propios ojos en el espejo y recitaré mentalmente este poema, por ejemplo:
Si no tengo cuidado
acabo en la cuneta.
Y de ser así,
todo lo que toque
o todo a lo que me acerque
acabará lleno de barro.
Javier Das. No hay camino al paraíso. Ya se lo dijo Casimiro Parker, 2009.
Miraré a los ojos de la gente y me daré cuenta que dentro de cada uno hay un libro de poemas, vida y que es la fuerza que tenemos dentro la que nos impulsa hacia delante yhace brillar los ojos.
17 diciembre 2010
buscando a marc jacobs

Ayer fui a la fiesta de Taschen y Marc Jacobs en busca de Marc Jacobs. Sabía que si me lo encontraba mi vida iba a cambiar. Ni lo encontré, ni mi vida ha cambiado. Pero me divertí mucho. Algo tiene que ver Fernando y Borja, dos de los seres más divertidos que habitan Madrid. Con el primero pude cantar, con nuestras voces aterciopeladas, esa gran canción Mira una moderna. Y es que la fiesta de Taschen y Marc Jacobs estaba llena de modernas, con ponchos, con botas altas, con pantalones sobaqueros, con hombreras en las camisetas, con gorros peruanos, con camisetas de tirantes en pleno invierno, con pelos imposibles llenos de laca, con chaquetones de piel de... zorro, digamos y abrigos con inspiraciones chinas ( ay, que este era yo). Lo de Borja es algo que no puede resumir con palabras.
Después, hambrientos ante la falta de canapés en la fiesta, nos adentramos en la noche madrileña. Acabamos en ese bonito bar llamado The paso, llenos de humo, testosterona y hombres con ojos lujuriosos. Más vale que me retiré a tiempo. Una buena retirada a tiempo hace a un hombre elegante.
Marc Jacobs no estaba, es cierto, en la fiesta. Pero, a veces, los destellos de las grandes estrellas no son necesarios para tener una vida luminosa. Mi vida es luminosa por si misma y gracias a mis amigos.
Para no quiero ponerme sentimental. Os dejo con Mira una moderna, una bonita y poética canción.
15 diciembre 2010
(des)hacer
Madrid me ma(r)ta, tenía que utilizarlo en algún momento, tarde o temprano. Malasaña me ma(r)ta. Todo está, ahora, en Malasaña. Quedo con La fallera cósmica (o con Marina Sanmartín, ya no sé) en Tipos infames. El tipo infame uno libra, el tipo infame tres está enfermo y tiene una voz de hombre que impresiona, el segundo tipo infame, en su linea, es el más desconcertante de todos. Salimos a las calles frías de Malasaña y nos perdemos para llegar a La Via Lactea (a veces nos cuesta ser normales). Allí María Zaragoza presenta su nueva novela Dicen que estás muerta y cierra ciclo. Con este libro ha ganado el Ateneo joven de Sevilla y está radiante. Fue una de esas presentaciones rápidas y extrañas, gracias entre otras cosas al peculiar presentador Alberto García Alix. Y después nos fuimos a la calle de La Palma a ver a nuestra amiga María en El sexo que tienes en tu cabeza de 4lunes teatro. Su actuación fue la más contenida, llena de matices, en una obra alocada y sexual, sobre todo, muy sexual. Al final toco consiste en hacer y (des)hacer calles, una y otra vez. Perderse. Sin parar. Mientras los locales cambian y uno envejece. La vida, a veces, no es más que eso.
11 diciembre 2010
el escritor como un "tipo original"
Me daba cuenta de que ahora no era un ser anónimo con esmoquin blanco, como había sido en el Willem Tuys. Era conocido por estos funcionarios coloniales y comerciantes de Oriente. Había escrito una novela leída por muchos de ellos. No era Willie Maugham, pero sí un epígono aceptable. Incluso se me oía escribir a máquina en mi camarote, redactando algo en aquel mismo momento e incluyendo probablemente a mis compañeros de travesía en una novela bien pagada. Daban por sentado, en especial las esposas, que eran dignos de esta transferencia, o por lo menos las esposas más frívolas intentaban ser dignas, o en cualquier caso, memorables. Asimismo daban por sentado que un escritor debía ser un "tipo original", y quizá también su esposa. Lynne y yo respondimos a sus expectativas insultando a los egipcios de Port Said, por el motivo muy razonable de que había destruido la estatua de Lesseps. Protagonizamos una pelea e una zapatería de Port Said cuando uno de los lascivos vendedores, sabiendo que las mujeres blancas eran más que abordables, deslizó la mano por el muslo izquierdo de Lynne. Nos emborrachamos y peleamos en Adén. Nos serenamos en Penang, donde ofrecimos un almuerzo a bordo a una de mis antiguas colegas de Kota Bahru. Era una profesora de educación física de intensa belleza tamil, cristiana, convencida de que en realidad era blanca y de que su oscuridad era una especie de bronceado hereditario. Deseaba casarse con un inglés y afirmaba no poder soportar el roce con una piel negra, cobriza o amarilla. Había tenido amantes blancos que le prometieron el matrimonio y se fueron después a sus casa para encontrar a una novia llamada Enid o Ethel.
Anthony Burgess. El pequeño Wilson y el gran Dios. Planeta, 1988.
Anthony Burgess. El pequeño Wilson y el gran Dios. Planeta, 1988.
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Anthony Burgess
10 diciembre 2010
cuando vuelvo a casa
Cuando vuelvo a casa eligo el camino menos transitado. Siempre suelo hacerlo. Evito la Avenida del Mediterraneo y me sumergo en las calles residenciales y sin tiendas. Ha oscurecido y apenas se oye, a lo lejos, el ruido de algún tren de cercanías. Camino sólo. Me suelo encontrar con algunos coches aparcados y con gente dentro. Supongo que están esperando a los que trabajan en la residencia de ancianos, pero pueden estar esperando otra cosa. Pueden estar esperándome para asestarme una puñalada por la espalda. Pero creo que no tengo enemigos y eso no va a pasar. Aunque quien necesita enemigos para acabar así. No, no hace falta tenerlos. Puede pasar. Pero voy reconociendo los coches y siempre suelen de los mismos. En los primeros contenedores de papel he visto a veces como una persona, provista de una linterna, urga dentro buscando no sé muy bien que. El primer día me asusté, pero ahora me imagino a esa persona, que debe ser pequeña, removiendo los periódicos, los papeles y los cartones buscando algo que pueda vender. No me alegra ese pensamiento. Cuando voy caminando por la parte de atrás de la residencia de ancianos, veo a dos chicas revolver en la basura. Si he pasado un poco más tarde he visto como comían los restos ahí, mismo, de pie y con ansiedad. He podido observar dónde esconden la comida si les sobraba para el día siguiente y he visto su enfado cuando alguien ha robado la comida que habían escondido. A partir de entonces me cruzo con los gatos. Estoy empezando a reconocerlos. Loas vecinos les dejan comida por todos los lados. Hay uno que se parece a Leo. Pero no me dejan acercarme a ellos, me miran fijamente mientras caminan con lentitud y, de repente, echan a correr y desaparecen debajo de un coche. Cuando estoy llegando a mi calle comienzo a escuchar la voz de los grupos de gente que beben cerveza en la calle. Mi portal está rodeado de varios bares y aunque haga frío grupos de hombres (apenas hay mujeres) beben cerveza n la calle. A veces me gustaría unirme a ellos, pero temo al ser humano y su orgullo desmedido. No soy nadie y me mirarían con cara rara, dejarían de hablar de lo que estuvieran hablando y no disfrutarían tanto como antes.
Abro la puerta del portal y me encuentro con un árbol de Navidad, lleno de adornos y luces. Me parece espantoso. tengo ganas de sacarlo a la calle y que se lo lleve alguien. Pero paso de largo, haciendo como si el árbol no existiera. Subo en el ascensor y entro en mi casa. Ceno. Me siento en el sofá a leer a Burgess. Quiero terminarlo ya porque leer su autobiografía me hace sentir una tristeza desmedida. Pero sé que después de terminarlo no voy a poder leer nada que me lo pueda quitar de la cabeza.
Termino a Burgess, miro por el ventanal del salón. Veo algunas luces encendidas en el bloque de enfrente. Pienso en Burgess. Pienso en mí. Pienso en La fallera cósmica. Pienso en Jose María Mijangos. Allá al fondo está Vallecas. Y pienso que mejor me voy a la cama y dejo de pensar.
Abro la puerta del portal y me encuentro con un árbol de Navidad, lleno de adornos y luces. Me parece espantoso. tengo ganas de sacarlo a la calle y que se lo lleve alguien. Pero paso de largo, haciendo como si el árbol no existiera. Subo en el ascensor y entro en mi casa. Ceno. Me siento en el sofá a leer a Burgess. Quiero terminarlo ya porque leer su autobiografía me hace sentir una tristeza desmedida. Pero sé que después de terminarlo no voy a poder leer nada que me lo pueda quitar de la cabeza.
Termino a Burgess, miro por el ventanal del salón. Veo algunas luces encendidas en el bloque de enfrente. Pienso en Burgess. Pienso en mí. Pienso en La fallera cósmica. Pienso en Jose María Mijangos. Allá al fondo está Vallecas. Y pienso que mejor me voy a la cama y dejo de pensar.
04 diciembre 2010
llegar tarde
Últimamente llego tarde a todos los sitios. El jueves llegué tarde la primera fiesta de aniversario de la librería gastronómica A punto. Más vale que quedaba un poco de jamón recién cortado, unos pastelillos de postre que estaban deliciosos y que el cava no se terminaba nunca. Me alegra que proyectos personales como estos vayan cumpliendo años. Y si son de amigos, me alegra mucho más. Ayer llegué tarde a la última sesión, de este año de Llamando a la tierra con María Zaragoza y Jordi Corominas i Julián. Entre en Matador en plan fans, dispuesto a que los autores me firmaran el libro y a tomarme dos copa de vino blanco. Pude hacer ambas cosas y charlar al mismo tiempo con la gente que se había juntado alrededor de los autores. A veces es un placer conversar con desconocidos como si fuéramos amigos de la infancia. Hoy volveré a llegar tarde. No tengo remedio. A las 21h comienza la presentación de A veces, cuando llueve, nos llega el olor de la sal (La compañia de versos, 2010), el poemario de María Zarazaga (el parecido entre los dos apellidos es totalmente casual). Llegaré tarde, por tercera vez consecutiva, gracias a mis horarios de trabajo, incompatibles con la vida en general. Pero llegaré, estaré y disfrutaré de esos segundos como si mañana mi vida pudiera cambiar a peor.

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