Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

22 enero 2011

22denero

Soy un hombre contradictorio, no más que otro. A veces decido salir a las calles de Madrid y perderme (solo o en compañía). Ayer, por ejemplo, fui a escuchar a Constantino Bértolo, Antonio Gómez Rufo y Gonzalo Escarpa. Intentaban aclarar que es lo que se busca en los nuevos talentos del siglo XXI. Complicada cuestión e interesantes respuestas las que se escucharon. Tengo las claves, y son muy sencillas. Ellos fueron claros y valientes. Me gustó. Después acabé en el Chilostra, el bar con mas carácter de Lavapiés con Silvia, que se está convirtiendo en un pequeño pozo de sabiduría del mundo editorial.
Otras veces salgo por Madrid sin salir de casa. Busco en todo lo que veo referencias a Madrid o referencias urbanas. El libro que estoy leyendo ha ganado el XV Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla y se titula Dicen que estás muerta. La autora es María Zaragoza y todos (bueno, casi todos) los capítulos hacen referencia a lugares madrileños. Es un pequeño placer trasladarte (mentalmente) a esos lugares y visualizarlos al tiempo que se desarrolla la acción. Y más con la exquisita prosa de Zaragoza, delicada y sugerente, deliciosa.

SAN BERNARDO
Las calles son las mismas, claro, eso no cambia. El tráfico no se para, la vida sigue. Hace calor en Madrid, un calor estático como de prólogo de tormenta eléctrica. La gente va medio descamisada. Pedro se para a observar a unas chiquillas vestidas de una forma particular. Han vuelto la laca y los lazos en el pelo, pero por qué esos falsos lunares de metal en la cara. Niñas de catorce que se agujerean bajo el labio, o peor, encima del labio, inconscientes de lo que le horrorrizará verse en las fotos dentro de unos años, cuando sean madres gordas y desnaturalizadas, virtualmente infelices. En fin, ¿pero por qué gordas, desnaturalizadas, infelices? Pedro sigue andando, le traiciona su tendencia al pesimismo. Puede que esas niñas sean las ministras del mañana, las diseñadoras de moda (pero no, qué horror, con semejante mal gusto), las arquitectas, las abogadas. ¿Quién sabe? Puede ser que de aquí a unos años, cuando ya esté a punto de jubilarse, sea él mismo, Pedro, quien mande leer a sus alumnos el libro de alguna de sus niñas. El mundo sigue sin Luján.
María Zaragoza. Dicen que estás muerta. Algaida, 2010.

Vivo y leo en Madrid.

1 comentarios:

Jesús Garrido dijo...

excelente, buena recomendación literaria