Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)

27 enero 2011

27denero

- Tú no comprendes a las mujeres. O no me comprendes a mí. Nunca me comprendiste.
Carter apagó su cigarrillo.
- Deja de decir lugares comunes. Comprendo que te guste hablar con Sullivan, comprendo que seáis amigos, desgraciadamente comprendo también que a una mujer le apetezca echar un poco de sal al guiso acostándose con un amigo, si este se lo pide. Y comprendo muy bien que Sullivan te lo pidiera. ¿Qué hombre no lo haría? Pero, ¿es que no pueden entender que estás casada conmigo? ¿Es demasiado difícil?
- Eso sucedió cuando estabas en la cárcel. ¿Acaso fuiste tú tan inocente en la cárcel? Nunca te lo he preguntado, ¿verdad?
Carter sonrió.
- En chirona no hay ligues. A no ser que te encapriches con un hombre. De esos los hay en abundancia.
- ¿Y tú y Max?
- ¿Qué pasa con Max?
- Eso, ¿qué pasa con Max?
Carter advirtió que se estaba ruborizando.
- Yo le quería, efectivamente, pero no de la manera que estás insinuando.
- ¿Ni siquiera pensaste en ello alguna vez?
Carter entornó los ojos y en ese momento la odió. Esto era ruin y mezquino, repugnante, malintencionado.
- Ni siquiera te voy a contestar a eso.
- Quizá sea suficiente esa respuesta. En todo caso lo que ocurrió es que quizá se muriese Max demasiado pronto.
- Cállate, Hazel, estás empeorando las cosas.
- ¡Ah, ya! ¡Conque estoy empeorando las cosas!
- Lo que quieres es castigarme. Hacerme pensar en ello. Naturalmente que se me paso por la mente, y quizá a Max también. ¿pero es que quieres que te de una vulgar explicación de las cosas de ese tipo que ocurrían continuamente en la cárcel porque no había nada mejor que hacer? Pues no te la voy a dar. ¿Cómo puedes comparar a Max con Sullivan? Max fue lo mejor que tuve en ese hediondo lugar, fue más agradable y mejor que pensar en que te estabas acostando con Sullivan, o en que quizá lo estuviste haciendo. Entonces te concedía un margen de confianza. Para que sepas la verdad, te diré que me flipaba para dejar de pensar en ti y en Sullivan. Para no mortificarme pensando todos estos años en que estabas acostándote con él, pues eso habría acabado conmigo.
- Muy bien, pero te drogabas.
Patricia Highsmith. La celda de cristal. Alianza editorial, 1984.