Nunca me ha gustado ponerme delante del público. Me invade una mezcla de pudor, inseguridad, miedo y tristeza que me cuesta asimilar. Pero el pasado viernes todo fue diferente. No sé la razón, pero fue diferente.
Quedé con Raúl Portero e Itziar Ziga en Tipos Infames, ese lugar que nunca podré dejar de visitar, incluso con excusas peregrinas. Allí nos vendieron una botella de vino blanco que descorchamos teatralmente y después bebimos durante la charla que dimos en Fnac.
Todo fue bien. Una introducción fluida y con sentido acerca de lo que llamo el efecto bisagra: en este caso consistía en hacer que Raúl e Itziar se conocieran con la excusa de la charla. Cuando me dijeron que eligiera compañeros para la charla no lo dudé. Ellos tenían que conocerse. Y lo logré. Yo conocí hace mucho tiempo a Raúl gracias a mi amigo David. No recuerdo los detalles, pero debió ser una de esas noches madrileñas llenas de vino blanco y devenir callejero. A Itziar la conocí gracias a mi amigo Juan, en una terraza veraniega a la sombra de la Catedral de Pamplona, un lugar muy adecuado para lo nuestro.
Tenía que presentarles, que se conocieran, que desplegaran sus alas para el público.
Fue una tarde extraña, había poco público, pero estaba Juanma Carrillo, aunque no lo conocí hasta después, había unas chicas muy combativas y muy escritoras que siguieron atentamente nuestras intervenciones, había una fotógrafa estupenda que se llama María, estaba Julia, que tuvo la amabilidad de acudir a la cita, había chicos guapo y estaban los cubreactos del Fnac, que no se pierden una.
Me gustó la charla porque hubo risas, silencios emocionados, una botella de vino vaciándose y mucha participación por parte del público. Me gusto la charla porque quería contar cosas muy personales y lo hice sin perder el hilo, sin tener que leer la chuleta y sin ponerme nervioso.
Después nos fuimos a beber un poco, que es lo que se tiene que hacer después de un acto perfecto y descubrí una galería de personajes que no deberían faltar en una novela costumbrista. Prometo incluir a algunos de ellos en esa posible novela que siempre estoy intentando escribir.
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