
madrid tiene algo de estampa postapocalíptica/en el metro el tiempo se mide en un compás de tres tiempos, con un segundo de duración cada uno: luces apagadas. luces encendidas, luces de emergencias/el otro día se me paró el reloj y prescindí de él. hoy se me acabado la batería del móvil a mitad del día. y todavía no he decidido como combinar el reloj de bolsillo, tan parecido al que tenía mi abuelo, que me han regalado las hermanas sanmartín, con el resto de mis complementos. así que cuando volvía a casa esta noche, después de tomar una cerveza (una) con marco y alex. no tenía ni idea de que hora era/en el metro hay personas que te cuelan notas llenas de letras y números entre el libro que estás leyendo sin que el resto se de cuenta/dan fante se convierte en un peligro cuando tiene a una azafata cerca, a su mujer dormida y odiada al lado y a sus instintos más bajos luchando por salir/cuando todo me parece muy sencillo no tengo más que ver las series americanas y me doy cuenta de que todo puede volverse complicado (y aburrido) de repente, si anda un detective, la policía o la tia cerca. ¿dónde está jessica fletcher cuando la necesitamos?/entonces sissel encontró un trabajo, lo que me hizo pensar que no éramos distintos a los demás, todos tenían habitaciones, casas, trabajos, carreras, todos hacían lo mismo, tenían habitaciones más limpias, mejores trabajos, éramos la típica pareja que se esforzaba por mejorar. ian mcewan. primer amor, últimos ritos. anagrama, 2011/ojalá siempre fuera semana santa en madrid
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada