(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
29 enero 2011
29denero
Me quedo en el sofá con el regusto de la conversación, del zumo, de algunas revelaciones nocturnas y de la última lectura: La jaula de cristal de la Highsmith. Me gusta ese título para un ensayo que estoy pretendiendo escribir. De momento sólo lo pretendo y apenas puedo pasar de la tercera linea. Sé lo que quiero decir, pero no encuentro la manera de decirlo. Así que lo comienzo una y otra vez hasta que encuentre la manera.
En la novela de la Hihgsmith, el protagonista, cuando está en prisión, se le castiga colgándole de los pulgares durante 48 horas. Las secuelas le acompañan durante toda esta novela inquietante, algo misógina y llena de tensión. En los Cuentos completos (Booket, 2005) de Terenci Moix, que leo antes de ir a dormir, un personaje desolla vivas a sus víctimas. Ellos son depravados y yo me convierto en depravado al leerlos.
Ya tengo ganas de leer otra novela de la maestra. Pero también tengo que dedicar mi tiempo a Reinaldo Arenas, ese subversivo cubano al que la desdicha nunca dejo de perseguir. Estoy leyendo Reinaldo Arenas: entre el placer y el infierno (Cursak Books, 2007) un ensayo que el autor, José Ismael Gutiérrez me ha enviado amablemente. Quiero terminarlo antes de decir nada, pero, de momento, confirma mis propias tesis sobre el origen de ese gran libro titulado Antes que anochezca.
De momento seguiré sentado aquí, viendo como los coches avanzan por la M40 en ambas direcciones, como los pájaros atraviesan el cielo llenos de nubes. seguiré aquí, pensado en si hoy puede ser ese día en el que las cosas van a cambiar de repente.
27 enero 2011
27denero
Carter apagó su cigarrillo.
- Deja de decir lugares comunes. Comprendo que te guste hablar con Sullivan, comprendo que seáis amigos, desgraciadamente comprendo también que a una mujer le apetezca echar un poco de sal al guiso acostándose con un amigo, si este se lo pide. Y comprendo muy bien que Sullivan te lo pidiera. ¿Qué hombre no lo haría? Pero, ¿es que no pueden entender que estás casada conmigo? ¿Es demasiado difícil?
- Eso sucedió cuando estabas en la cárcel. ¿Acaso fuiste tú tan inocente en la cárcel? Nunca te lo he preguntado, ¿verdad?
Carter sonrió.
- En chirona no hay ligues. A no ser que te encapriches con un hombre. De esos los hay en abundancia.
- ¿Y tú y Max?
- ¿Qué pasa con Max?
- Eso, ¿qué pasa con Max?
Carter advirtió que se estaba ruborizando.
- Yo le quería, efectivamente, pero no de la manera que estás insinuando.
- ¿Ni siquiera pensaste en ello alguna vez?
Carter entornó los ojos y en ese momento la odió. Esto era ruin y mezquino, repugnante, malintencionado.
- Ni siquiera te voy a contestar a eso.
- Quizá sea suficiente esa respuesta. En todo caso lo que ocurrió es que quizá se muriese Max demasiado pronto.
- Cállate, Hazel, estás empeorando las cosas.
- ¡Ah, ya! ¡Conque estoy empeorando las cosas!
- Lo que quieres es castigarme. Hacerme pensar en ello. Naturalmente que se me paso por la mente, y quizá a Max también. ¿pero es que quieres que te de una vulgar explicación de las cosas de ese tipo que ocurrían continuamente en la cárcel porque no había nada mejor que hacer? Pues no te la voy a dar. ¿Cómo puedes comparar a Max con Sullivan? Max fue lo mejor que tuve en ese hediondo lugar, fue más agradable y mejor que pensar en que te estabas acostando con Sullivan, o en que quizá lo estuviste haciendo. Entonces te concedía un margen de confianza. Para que sepas la verdad, te diré que me flipaba para dejar de pensar en ti y en Sullivan. Para no mortificarme pensando todos estos años en que estabas acostándote con él, pues eso habría acabado conmigo.
- Muy bien, pero te drogabas.
Patricia Highsmith. La celda de cristal. Alianza editorial, 1984.
22 enero 2011
22denero

20 enero 2011
20denero

19 enero 2011
19denero
11
(Impotencia del amor mercenario)
¿Y cómo no compartir un cuerpo que se vende?
¿No sigue siendo el mismo argumento
de la historia, intentar penetrar el alma
del amante? Pero el alma no existe;
sólo existe el deseo. Y su apremiante voz
que no se sacía nunca. Sólo somos
la pasión que siempre arde, que jamás
se consume, como la hoguera
que se alimenta sola y jamás se termina.
José Infante. El dardo en la llaga (Poemas porno satíricos). Ediciones Vitruvio, 2011.
18 enero 2011
18denero
La polilla está contenta.
Alrededor de la bombilla
presume da dar la vuelta al sol.
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Tristes dicen que son mis ojos.
Pero más que tristes
los ojos del mundo
y nadie dice nada.
Tristes son mis ojos.
Y tristes los ojos que me miran.
Antonio Jiménes Paz. Zoo sin fauna (poemas escogidos). 23 escalones e-ditores independientes, 2011.
15 enero 2011
16denero
Camino, al tiempo que enseño a mi hermano el Madrid nocturno, hasta el Espacio Canarias, justo al borde del Retiro, Allí se presenta una nueva editorial canaria, 23 escalones e-ditores independientes. Y allí presenta su nuevo libro, rodeado de escritores de novelas y poemarios de terror, Antonio Jiménez Paz. Su libro se titula Zoo sin fauna (poemas escogidos), una personal recopilación de sus cinco poemarios anteriores.
Es una presentación divertida, y está claro que eso es lo que tienen que hacer las presentaciones, divertir, entretener y presentar un producto de calidad. En esta nueva editorial consiguen ambas cosas. Mi hermano, que no está acostumbrado a estos actos y que ha aguantado con una bendita paciencia que lo lleve a dos consecutivas se ha divertido en las dos (la anterior fue la de José Infante en Berkana). Y lo segundo está claro en cuanto se curiosea la pagina web de la editorial. Unas portadas originales y muy cuidadas. Después está la feliz combinación de e.book y libro físico y el hecho de que cuando coges el libro se adapta a tu mano (al menos a mi mano) como un guante. Me gusta; es así de fácil.
Mis encuentros con Antonio han sido pocos (de momento) y breves. Pero me ha demostrado ser todo un caballero, paciente y divertido. tengo ganas de que la vida diaria no nos ponga implemento para alargar nuestros encuentros. Suerte que no soy un tipo impaciente.
Después de la presentación vuelo a casa en autobús. Durante el camino le enseño los edificios iluminados que vamos dejando atrás. Una vez en casa me pregunto porque algunos edificios no están iluminados, que es lo que ocultan dentro de ellos. Pero este pensamiento no me perturba durante demasiado tiempo. me preocupa más el camino hacia la cama.
14 enero 2011
15denero
Acudo a la presentación del libro, en Berkana, con La fallera cósmica y con mi hermano, de visita en Madrid. Me he leído el libro de una sentada y estoy fascinado. Es una visión cruel, terrible y realista de lo que tenemos ante los ojos. Pero creo eso que no lo había leído hasta ahora. Al menos de una menera tan clara. Infante es un hombre irónico y divertido. Y si lo sientas junto a Eduardo Mendicutti, que presentaba el acto, el aire se convierte en una fiesta.
Me gusta cuando alguien hace un relato amargo de la vida, cuando demuestra que el talento es inmune a los avatares del destino. Me ha gustado escuchar a Infante, y estoy dispuesto a volver a escucharlo mientras leo, de nuevo, sus poemas porno satíricos.
Estoy seguro de que cuando camine por Chueca (y si se da el caso, por Torremolinos o por La Habana) recordaré a José infante, que como Scott Fitzgerald habla con la autoridad del fracaso, con la sonrisa sucia de tristeza, como Adrían González de Sousa.
13 enero 2011
13denero

10 enero 2011
10denero
08 enero 2011
8denero
El protagonista de Desvarío amoroso es un hombre que tiene una relación estable con dos mujeres al mismo tiempo. Él quiere elegir a una de ellas, o dejarlas a las dos, o seguir como hasta ahora. Pero no sabe elegir. Ambas mujeres tienes cosas muy buenas y no sabe que hacer. Mientras toma la decisión se dedica a observar a la gente que le rodea y a dar seminarios sobre el apocalipsis. En todo está la señal del apocalipsis. Y nuestro protagonista analiza todos los actos de las personas con las que se cruza y todos los hechos desde ese punto de vista.
Me está gustando la novela; me siento identificado con el protagonista, aunque no tengo que elegir entre dos amores.
- No es el agotamiento lo que puede conmigo, aunque estoy agotada cada noche -dice Judith, sino el conflicto de no querer ser profesora particular y sin embargo cumplir cada día con mi trabajo.
Comprendo de maravilla a Judith, pero no se me ocurre ninguna respuesta adecuada y que al mismo tiempo (de algún modo) le procure alivio. Judith tiene cincuenta y un años; todo el mundo sabe que a esa edad no se empieza así como así una nueva vida.
- Pero es esta situación vivimos todos -digo.
- ¿Que quieres decir?
Para divertir a Judith, digo:
- Es la dialéctica del delirio en el que vivimos
Por fin se ríe Judith un poco y dice:
- Nunca he oído hablar de esa dialéctica.
- LA dialéctica del delirio funciona así: casi nadie hace nada, casi nadie consigue nada, casi nadie gana nada, y sin embargo todo continúa dale que dale.
Judith no dice nada.
- Lo misterioso de la dialéctica -digo-, consiste en que pese a las numerosas negaciones, al final resulta una afirmación que nadie comprende.
- Eres mi salvador -dice Judith en voz baja.
Siento un escalofrío y me alegro de que Judith no vea mi pequeño sobresalto. Dice que hoy le quedan aún dos clases, una de latín y otra de piano.
- Después sentiré asco, como un vendedor que va de puerta en puerta -dice.
- Pero cuando estés sentada en el tranvía camino de tu casa, de pronto estarás contenta -respondo.
- ¿Ésa es la fase final de la dialéctica del delirio?
- Exacto -digo.
Judith se ríe. Por el sonido de su voz noto que ha superado el desaliento. Suave y aterciopelada se despide al teléfono.
Wilhelm Genazino. Desvarío amoroso. Galaxia Gutenberg. 2006.
05 enero 2011
5denero
La noche anterior estuve leyendo, como de costumbre uno de los ensayos de Gore Vidal. El señor Vidal fue un tipo fascinante y tuvo la suerte de poder vivir al lado de grandes personalidades americanas. Además tuvo el buen gusto de hablar de ellos, incluso mal. Yo, que soy un escritor que no escribe (bueno, más bien que sólo escribe para este blog), y cuya vida social literaria es pequeña, por decisión propia, leo atentamente sus palabras y subrayo pasajes como este:
Todas las mañana Tennessee se ponía a trabajar en lo que tuviera a mano. Si no tenía ninguna obra por terminar o un nuevo diálogo que enviar al teatro, abría un cajón, sacaba el borrador de un relato ya terminado y empezaba a escribirlo de nuevo. Una vez lo encontré revisando un relato que acababa de publicar. "¿Por qué reescribes algo que ya está publicado?", le pregunté. Me miro sin comprender y luego dijo: "Bueno, es evidente que no está terminado." Y siguió tecleando.
Gore Vidal. Sexualmente hablando. Debolsillo, 2004.
Creo que voy a imprimirme este fragmento y me lo voy a poner en el escritorio para que no se me olvide. Quizás así consiga ser un escritor que escriba.Una persona que viva.
03 enero 2011
3denero

02 enero 2011
2denero
Leo el periódico, arreglo la casa y al filo de la una voy a dar un paseo con Fernando. Tomaremos algo en el bar de siempre, comeremos en el japones de siempre y, por último, tomaremos un café en el bar de siempre. Subimos y bajamos las mismas calles, nos sentamos en las mismas sillas. Me gusta. Hablamos de política, siempre acabamos hablando de política. Todo es un siempre con Fernando. Por un momento se me olvida el dolor de cabeza. Le dejo un libro de fotos de Madrid en el 1900. Fotos color sepia en el que faltan muchos edificios. Lo rellenamos con nuestras memoria. Y hablamos del Pasapoga, que ya no está, de algunas personas que ya se fueron y de lo que quizás vendrá.
Después voy a Vallecas. No me adentro mucho, me quedo en el límite. Conozco a Michel. Tiene los ojos verdes y vivió los tres primeros meses de su vida en París. Todo suena lejano, pero él está cerca.
Michel se va a ver un musical y yo me adentró en los misterios del barrio. Paso por debajo de un puente ferroviario y aparezco frente a un granalmacén, abierto en domingo. Subo una cuesta y veo unos cines. Miro la cartelera. Entraría a verlas todas, pero hay demasiada gente y me pone nervioso entrar en un cine y pensar en el exterior. No me concentro en los cines y me pierdo la mitad de la película. Pero apunto mentalmente la idea de convencerme de que puedo hacerlo.
Vuelvo al granalmacén y entro solo para sentirme dentro de la masa. Está lleno de gente que trastea sin pudor con los ordenadores, se prueba colonias y descoloca las cosas de su sitio. No aguanto mucho allí dentro y salgo. En esos momentos un tren pasa por encima del puente y me da la sensación de que estoy en otra ciudad.
Vuelvo a casa. No hay nadie.
Me siento en mi sofá de lectura y ojeo el libro que estoy leyendo en busca de una frase que ha resonado en mi cabeza desde que la leí. Creo que encierra toda la problemática de la intolerancia humana. La leo para grabármela con letras de piedra en mi maltrecha memoria. Después comienzo a escribir este post.
Lo que hace que ciertas personas prefieran el sexo con los de su mismo sexo deriva de lo que sea que impulsa o condiciona a ciertas personas a preferir el sexo con el sexo opuesto.
Gore Vidal. Sexualmente hablando. Debolsillo, 2004.
01 enero 2011
2010 en 14 títulos
Todos los años digo que no lo voy a hacer. Todos los años hago la lista y no la publico. Este año me desobedezco a mi mismo. Es una buen manera de empezar. Aquí va la lista de los libros que más me han gustado este año. Mes a mes. Uno por mes. Más dos extras de los que no podía prescindir. Catorce libros en total que han hecho que el 2010 haya sido un año lleno de lecturas fantásticas. Ahí va:
Enero: El fondo del cielo (Mondadori, 2009) de Rodrigo Fresán.
Febrero: El amor ya no es contemporáneo (Poemas y relatos 1997-2004) / El amor sigue sin ser contemporáneo (Poemas escogidos 2005-2009) (Ediciones de Baile del sol, 2009) de David González.
Marzo: El momento del unicornio (Tropo editores, 2009) de Norberto Luis Romero.
Abril: A sangre fría (Anagrama, 2007) de Truman Capote.
Mayo: La casa del rojo. Diarios, 1995-1998. (Península, 2001) de Miguel Sánchez-Ostiz.
Junio: Un zulo propio (Melusina, 2009) de Itziar Ziga.
Julio: Pequeños cuentos misóginos (Anagrama, ¿???) de Patricia Highsmith.
Agosto: Venecia (RBA, 2008) de Jan Morris.
Septiembre: Extraños en un tren (Anagrama, 1990) de Patricia Highsmith.
Octubre: Diarios. (Emecé, 2004) de John Cheever.
Noviembre: Catástrofes (Mosaico bolsillo, 2010) de Patricia Highsmith / El pequeño Wilson y el gran Dios. (Planeta, 1987) de Anthony Burgess.
Diciembre: No hay camino al paraíso. (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009) Javier Das y José Ángel Barrueco. / El sueño eterno, incluido en Todo Marlowe. (Rba, 2010) Raymond Chandler.