Llueve y hace frío de nuevo.
No puedo salir de este estado de ánimo que me está destruyendo poco a poco. Pero finjo muy bien. Parece que no pasa nada. Parece que todo esta bien. Continuo leyendo a Patricia Highsmith como si fuera a escribir una tesis doctoral sobre su obra. Pero sólo leo para disfrutar, para evadirme, para construir mundos nuevos.
Pienso en cambios. Grandes. Pequeños. Cambios. Pero aún no me decido.
- Estoy pensando en pedir un permiso sin sueldo. Quizá sólo un mes. Creo que me lo concederían y que me vendría bien.
Reg pareció desconcertado.
- Te sientes cansada, ¿es eso? ¿Lo has notado últimamente?
- No me siento trastornada. Desorientada, no sé... Pensé que a lo mejor un mes lejos de la oficina...
Pero se suponía que el trabajo era bueno es una situación como la suya. El trabajo evitaba que la gente diera demasiadas vueltas en la cabeza a sus problemas. Pero ella no tenía un problema, sino más bien un estado de ánimo.
Patricia Highsmith. La casa negra. Alianza Editorial, 1994.
Llegué otra vez tarde, perdido en una combinación de líneas que me trajo de nuevo esa sensación de extraño en md, de la que sabe mucho Iñaki Echarte.
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
(Eduardo Laporte en El náuGrafo digital)
28 febrero 2011
26 febrero 2011
26defebrero
Es difícil encontrar literatura con la que te sientas plenamente identificado. Se seguirá intentando.
Amor rana
Le quiero porque está loquito.
Le quiero por su cabezota.
Le quiero por ser tan pesado,
por ser tan pasota.
Por vivir con retardo.
Le quiero por su pensamiento mágico,
que lee el mundo en clave de poeta.
Le quiero por los bellisimos pájaros
que pueblan su cabeza.
Óscar Sobral. Los versos reventados. Vitruvio,2008.
Amor rana
Le quiero porque está loquito.
Le quiero por su cabezota.
Le quiero por ser tan pesado,
por ser tan pasota.
Por vivir con retardo.
Le quiero por su pensamiento mágico,
que lee el mundo en clave de poeta.
Le quiero por los bellisimos pájaros
que pueblan su cabeza.
Óscar Sobral. Los versos reventados. Vitruvio,2008.
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Óscar Sobral
24 febrero 2011
24defebrero
Hay que salir a la calle. Aunque a veces diga lo contrario.
Hay que salir a la calle y dejar que el médico de cabecera te arregle el cuello cuando piensas que va a comprobar el estado de alguna parte de tu cuerpo.
Hay que salir a la calle, entrar en una cafetería cualquiera después de comprar unas sábanas bajeras y que el camarero te reconozca porque se ha leído Blues y otros cuentos.
Hay que salir a la calle y tomar cervezas con tus amigos, hablar de Geno y que Borja se postule como ministro de cultura (él seguro que no enfadará a Alex de la Iglesia, a Tita ni a nadie)
Hay que quedarse en la calle después de trabajar y saber que es lo que les ocurre en la vida diaria a tus compañeros de trabajo.
Hay que salir a la calle, presentar Viscerales, disfrutar con Jab, Mario, Eduardo, Déborah, Salem, Alberto, Adriana, Gsús, Francesco, Valdeón, Sonia, Esteban, Ana P., Bufa, Inma, La Bohe, Marcelo, Roxana. Hay que tocar a tus amigos y agradecerles que estén ahí. Hay que disfrutar con las cosas que se hacen (recordatorio).
Hay que salir a la calle. Hay que salir más. ¿Prometido? Prometido.

Hay que salir a la calle y dejar que el médico de cabecera te arregle el cuello cuando piensas que va a comprobar el estado de alguna parte de tu cuerpo.
Hay que salir a la calle, entrar en una cafetería cualquiera después de comprar unas sábanas bajeras y que el camarero te reconozca porque se ha leído Blues y otros cuentos.
Hay que salir a la calle y tomar cervezas con tus amigos, hablar de Geno y que Borja se postule como ministro de cultura (él seguro que no enfadará a Alex de la Iglesia, a Tita ni a nadie)
Hay que quedarse en la calle después de trabajar y saber que es lo que les ocurre en la vida diaria a tus compañeros de trabajo.
Hay que salir a la calle, presentar Viscerales, disfrutar con Jab, Mario, Eduardo, Déborah, Salem, Alberto, Adriana, Gsús, Francesco, Valdeón, Sonia, Esteban, Ana P., Bufa, Inma, La Bohe, Marcelo, Roxana. Hay que tocar a tus amigos y agradecerles que estén ahí. Hay que disfrutar con las cosas que se hacen (recordatorio).
Hay que salir a la calle. Hay que salir más. ¿Prometido? Prometido.
(foto: Déborah Vukušić)
20 febrero 2011
20defebrero

Días extraños en un mundo extraño.
Viernes. Salgo de trabajar. Me tomo una caña con mi amigo Borja y con Alicia. Comemos hamburguesa, tomamos algo en el Chilostra, donde descubro que quizás me atendió en ese mismo bar Alberto Ammann, tal como se atestigua en una de las paredes del bar. Acabamos en un bar en el que junto con el gintonic te sirven piruletas y gominolas. Al final somos cuatro: Alicia, Borja, Steve McQueen con un lobo como bufanda y enseñando un pecho. Quizás fuera una ilusión alcohólica pero puedo asegurar que Steve participo activamente en la conversación.
Sábado. He quedado a las 10.30 (de la mañana) con algunos Viscerales para hacernos una fotos que pronto verán la luz. Conozco así a algunos de mis compañeros. Gente interesante y singular. Cada día me gusta más formar parte de esa antología. El martes 22 de febrero invadiremos Fnac Callao, a las 18.30 de la tarde. Muchos Viscerales juntos. No os lo podéis perder. Por la tarde le regalo a Alex un diccionario etimológico de Corominas y como el mundo es un dharma continuo Mariajo me regala Tom Ripley de Patricia Highsmith (Anagrama, 2010). Por la noche me apretujo con Vitu-Sergio, Salva, Ariel y Borja en las pequeñas mesas de un restaurante japones y una cafetería en una demostración de que la realidad puede ser divertida. Vuelvo a casa en el metro, rodeado de gente absurda, después de esquivar a las prostitutas de Montera, los ladrones de Sol y las miradas esquivas de los habitantes de Madrid.
Domingo. Me levanto tarde. Arreglo la casa. Veo que el sol está detrás de los cristales. Abro mi correo y me comunica que ya no estoy en una antología que me hacía mucha ilusión. Me entristece el domingo. Pero los contratiempos de la vida no podrán conmigo. Siempre nos quedará París.
16 febrero 2011
16defebrero
No sé explicar las razones que me hacen escribir.
No sé explicar las razones que me hacen leer.
Pero leo como un loco. Escribir ya es otra historia. Sufro el síndrome Bartleby y ya no puedo escribir. Y sobre todo sólo quiero publicar, de momento, escondido entre otros nombres. No sé muy bien que significa eso. Pero es lo que quiero.
El año pasado hice un revelador viaje a Italia. Cuando contaba que iba a ir a Roma, muchas personas me decían que iba allí a escribir, a inspirarme. No. No he escrito nada sobre Roma, nada sobre Italia. Sí, habría mucho que escribir, desde las monjas que me recibieron con un alboroto juvenil a las noches naranjas de Roma. Las casualidades de Florencia y la amargura veneciana. Hay tanto sobre lo que escribir. Pero no voy a escribir ahora sobre Italia. Voy a escribir poco, levemente. De momento. Y voy a publicar menos. Sí, menos.
- (...) Roma es un sitio fabuloso para vivir. Y también para escribir. Todos los novelistas van a Roma y escriben un libro sobre Roma. Inténtalo.
- Una vez conocí a aun novelista decadente que escribía sobre Roma y sobre sus costumbres pre y post dolce vita y el ambiente del cine y del homosexualismo y los chulos y todo eso. Bien, pues ese novelista me dijo: " My darling: no vaya nunca a Roma si quiere escribir de veras. Roma le dará una especie de modorra muy dulce, le dejará adormilado y no se acordará nunca más de que, un día, quiso escribir algo serio."
Reímos juntos. Y yo crucé dos dedos en señal de asentimiento.
- Además -dijo él-, quiero disecar España. Mostrar su esqueleto, removerle las tripas: ¿qué sé yo! De todas maneras, tu Roma no me interesa.
- Eres un tonto. Escribe sobre el hombre en general. ¿Qué importa si es español o italiano? Por otra parte los nacionalismos ya no se llevan.
Terenci Moix. Cuentos completos. Booket, 2005.
No sé explicar las razones que me hacen leer.
Pero leo como un loco. Escribir ya es otra historia. Sufro el síndrome Bartleby y ya no puedo escribir. Y sobre todo sólo quiero publicar, de momento, escondido entre otros nombres. No sé muy bien que significa eso. Pero es lo que quiero.
El año pasado hice un revelador viaje a Italia. Cuando contaba que iba a ir a Roma, muchas personas me decían que iba allí a escribir, a inspirarme. No. No he escrito nada sobre Roma, nada sobre Italia. Sí, habría mucho que escribir, desde las monjas que me recibieron con un alboroto juvenil a las noches naranjas de Roma. Las casualidades de Florencia y la amargura veneciana. Hay tanto sobre lo que escribir. Pero no voy a escribir ahora sobre Italia. Voy a escribir poco, levemente. De momento. Y voy a publicar menos. Sí, menos.
- (...) Roma es un sitio fabuloso para vivir. Y también para escribir. Todos los novelistas van a Roma y escriben un libro sobre Roma. Inténtalo.
- Una vez conocí a aun novelista decadente que escribía sobre Roma y sobre sus costumbres pre y post dolce vita y el ambiente del cine y del homosexualismo y los chulos y todo eso. Bien, pues ese novelista me dijo: " My darling: no vaya nunca a Roma si quiere escribir de veras. Roma le dará una especie de modorra muy dulce, le dejará adormilado y no se acordará nunca más de que, un día, quiso escribir algo serio."
Reímos juntos. Y yo crucé dos dedos en señal de asentimiento.
- Además -dijo él-, quiero disecar España. Mostrar su esqueleto, removerle las tripas: ¿qué sé yo! De todas maneras, tu Roma no me interesa.
- Eres un tonto. Escribe sobre el hombre en general. ¿Qué importa si es español o italiano? Por otra parte los nacionalismos ya no se llevan.
Terenci Moix. Cuentos completos. Booket, 2005.
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Terenci Moix
10 febrero 2011
10defebrero
He abierto la ventana y he cantado esto:
Después he cantado esta otra:
He cerrado al ventana y me he sentado en el sofá. He tenido mi momento del día.
Después he cantado esta otra:
He cerrado al ventana y me he sentado en el sofá. He tenido mi momento del día.
09 febrero 2011
9defebrero
Ayer, creyéndome una persona como todas las demás, fui a un centrocomercial. No sé muy bien cuales eran mis intenciones. Me dejé arrastrar por escaleras mecánicas, atravesé con dignidad la sección de lencería femenina, observé el terrible desorden de la sección de libros, esquivé al dependiente de la perfumería, fui a la sección de oportunidades y todo era horroroso, bajé por unas escaleras que no tenían salida y a punto estuvede dejar caer en mi bolsillo un bolígrafo muy bonito, pero me faltó valor.
Salí del centrocomercial y lo rodeé para hacerme una idea de sus dimensiones. Si hubiera habido un policía persiguiéndome sería sospechoso de algo. Tantas vueltas, tanto mirar, tanto acabar en sitios desiertos. Pasé por delante de la estación de metro y seguí caminando. Me paré a espiar por las ventanas de un cercanías que pasaba a baja velocidad. Gente sola sentada. Delante de un cine estudié los carteles de las películas. Sólo por curiosidad, ya que nunca voy al cine.
Después caminé hasta mi casa, con las manos en los bolsillos, y la cazadora abierta, a pesar de que empezaba a hacer frío. En el portal el portero (sí, me estoy convirtiendo en un burgués, que no Burgess) me entrego un paquete. Eran mis los dos ejemplares de Viscerales que parecía que no querían llegar. Una vez en casa los toco. Uno en cada mano. No hay una sensación más placentera que tener un libro en las manos, leerlo, pasar las páginas. Pero este es un libro especial, un libro que nos hace, a lo autores, especiales (al menos a mi me hace sentir especial). Ahora toca leerlo, descubrir el mundo de mis 41 compañeros de teclado, y disfrutar. Ahora toca saber la reacción del lector.
Ahora toca dar un gran gracias a JAB y a MC por contar conmigo.
La luz se va apagando más allá de las ventanas y comienza Viscerales.

07 febrero 2011
7defebrero

Para la gatita gris, Fanny, la yegua, se había convertido en su protectora, su fortaleza, su hogar. Y Fanny nada hizo para ello. Se limitó a existir, emitiendo su calor en el frío de la noche, antes del alba. Los únicos enemigos de la gatita gris eran dos gatos mayores, y, afortunadamente, éstos decidieron comportarse sólo de una manera huraña, dispuestos a soltar un feroz resoplido o a lanzar un zarpazo con las uñas salidas. Contribuían a hacer desagradable la vida, pero no estaban dispuestos a matar, ni siquiera a echar de la casa a la gatita, lo cual ya era algo.
Patricia Highsmith. Crímenes bestiales. Anagrama, 2002.
Patricia Highsmith. Crímenes bestiales. Anagrama, 2002.
06 febrero 2011
6defebrero
De nuevo un domingo en nuestras vidas. Pasarán 24 horas y volverá a ser lunes. Todo demasiado obvio para que sea verdad.
Miro a la calle y pienso que podría salir, tomar un poco de este sol invernal que incita a la conversación y, quizás, siempre un quizás,volver a casa con la satisfacción de haber construido un día diferente.
Pero me quedo en casa. Ordenando, de nuevo, mi pequeña biblioteca. Leyendo los perversos cuentos de Highsmith en los que los animales (domésticos) se revelan contra sus dueños y los matan (Crímenes bestiales. Anagrama, 2002). Haciendo una crema de calabacín. Sentándome frente al ordenador y sintiendo como el síndrome Bartleby se apodera de mis manos. Tomando el sol tumbado en el sofá. Es domingo y es lo que me apetece hacer. Pero quizás, siempre un quizás, cambiara de opinión si alguien se empeñara en sacarme a la calle. Con un bozal y una correa.
Pero es domingo. Me quedo en casa: coloco en las estanterías Reinaldo Arenas: entre el placer y el infierno (Cursack Books, 2007), después de leer, de nuevo, los pasajes subrayados, después de intentar memorizar el catálogo de locas que Arenas escribió en Antes que anochezca. Me gusta que el autor, José Ismael Gutiérrez ponga de relieve el infierno que vivió Arenas, un infierno del que nacieron sus grandes obras. Y que no esconda que sus libros son una denuncia a los ataque sistemáticos que sufrió por parte de ese país llamado Cuba.
Definitivamente me quedo en este salón que he convertido en mi país.

02 febrero 2011
2defebrero
Voy a la deriva. Algún día llegaré a un puerto.
Voy a la deriva. Y en mitad de la travesía se me ocurre apuntarme a un concurso de microrelatos en la que los concursante se enfrentan entre sí y uno de ellos cae eliminado. No he pasado de la primera ronda. Es lo que tienen estos enfrentamientos, que sólo puede quedar uno. Pero lo graciosos son los comentarios del jurado. Dos miembros (de tres) opinan que el microrelato es "un buen homenaje a Pratchet". Así soy yo, homenajeando a Pratchet cuando no he leído una linea de ninguno de sus libros. Será que de tanto tocarlos para dárselos a los clientes se me han quedado alguna de sus palabras en las manos.
El tema del microrrelato era: Columnas. Os lo dejo aquí para que comprobeis cuanto homenaje puede haber en 50 palabras.
Voy a la deriva. Y en mitad de la travesía se me ocurre apuntarme a un concurso de microrelatos en la que los concursante se enfrentan entre sí y uno de ellos cae eliminado. No he pasado de la primera ronda. Es lo que tienen estos enfrentamientos, que sólo puede quedar uno. Pero lo graciosos son los comentarios del jurado. Dos miembros (de tres) opinan que el microrelato es "un buen homenaje a Pratchet". Así soy yo, homenajeando a Pratchet cuando no he leído una linea de ninguno de sus libros. Será que de tanto tocarlos para dárselos a los clientes se me han quedado alguna de sus palabras en las manos.
El tema del microrrelato era: Columnas. Os lo dejo aquí para que comprobeis cuanto homenaje puede haber en 50 palabras.
Mundito
Si el mundo estuviera sostenido por dos columnas, sobre las que descansa una tortuga, sobre la que descansa un elefante, sobre el que descansa el mundo, que es Europa, al lanzarme al mar sería devorado por ese elefante (sub)marino. Pero ni siquiera creo que exista el mar.
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Terry Pratchet
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