pene, pene, pene
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David me dice que en la presentación de Viscerales en el Fnac, el otro día, se decía mucho pene, esperma y esas cosas del querer. En una de las reseñas que se han publicado se hacía referencia a las veces, muchas, que las chicasViscerales se referían al esperma. No sé muy bien si es algo reseñable o no. Si es escandaloso o no.
No debe serlo. En el libro que estoy leyendo, La mujer de tu prójimo (Debate, 2011) de Gay Talese hay una página entera dedicada a los penes, de todo tipo y condición. Así que no debe haber nada malo en ello.
Sin duda parece provisto de voluntad propia, de un ego superior a su tamaño y resulta frecuentemente molesto debido a sus necesidades, apasionamientos e impredecible naturaleza. A veces, hay hombres que sienten que su pene les domina, les hace perder el control, les obliga a pedir favores de rodillas de noche a mujeres de las que de día preferirían no recordar ni el nombre. Ya sea insaciable o inseguro, exigen pruebas constantes de su potencia introduciendo en la vida del hombre complicaciones no requeridas o frecuentes rechazos. sensible y elástico al mismo tiempo, disponible tanto de día como de noche con un mínimo de ayuda, lleva actuando porfiada aunque no siempre hábilmente durante muchos siglos, incesantemente a la búsqueda, sensible, expandiéndose, probando, penetrando, palpitando, encogiéndose y queriendo siempre más. Sin jamás esconder su interés lascivo, es el órgano más honesto del hombre.
También es un símbolo de la imperfección masculina. Es desequilibrado, asimétrico, caído, a menudo feo. Mostrarlo en público es un "acto indecente". Es sumamente vulnerable aunque esté hecho de piedra; los museos del mundo están llenos de figuras hercúleas que exhiben penes que han sido reducidos, angostados o suprimidos por completo. Los únicos penes indemnes parecen ser los desporcionadamente pequeños creados por escultores, en un intento quizás de no querer intimidar los pequeños órganos de sus mecenas. (...)
Si bien la fuerza moral de la tradición judeocristiana y la ley han tratado de purificar el pene y restringir su semilla a la santificada institución del matrimonio, el pene no es un órgano monógamo por naturaleza. No conoce ningún código moral. Fue diseñado por la naturaleza para la abundancia; deseoso de la variedad, nada, salvo la castración, puede eliminar su fascinación por la prostitución, la fornicación, el adulterio y la pornografía.
Gay Talese. La mujer de tu prójimo. Debate, 2011.
A mí lo que me gustaría es hablar de penes con la misma elegancia natural que tiene el Sr Talese en la portada de este libro.