Amélie Nothomb es la única autora capaz de dejarse querer con un libro y hacerse odiar con el siguiente; la puedes querer por escribir una historia fascinante o por escribir una historia terriblemente mala (y ser como el resto de los escritores mortales), o la puedes odiar por idénticas razones. No sé si me explico.
Es, además capaz de comenzar uno de sus pequeños libros de una manera atroz y convertirlo de repente en una obra maestra. Este es el caso de El sabotaje amoroso (Anagrama, 2003), una pequeña fábula multicultural ambientada en China. Pertenece al grupo de novelas (semi)autobiográficas y en ella cuenta la perversa fascinación que produce Elena, una niña italiana, que lo mismo es adorable u odiosa (muy en plan la escritura de Nothomb), sobre la protagonista, que tiene una visión del mundo tremendamente particular. Me animaré a seguir leyéndola; siempre me sorprende para bien o para mal.
A menudo los ridículos niños me enseñaban aquel objeto, lo que tenía como efecto infalible hacerme reír hasta que se me saltaban las lágrimas. Aquella reacción los dejaba perplejos.
Un día no pude evitar decirle a uno de ellos, con una sincera amabilidad:
- ¡Pobrecito!
- ¿Por qué? -me preguntó atónito.
- Debe de ser desagradable.
- No -me aseguró.
- Seguro que sí; la prueba, cuando os golpean la...
- Sí, sólo que es práctico.
- ¿Sí?
- Puedes hacer pipí de pie.
- ¿Y?
- Es mejor. escapatoria, ¿pero cuál? La encontraría pasado el tiempo.
- ¿Te lo parece?
- Escucha, para mear en los yogures de los alemanes, es necesario ser un chico.
Aquel argumento me hundió en una profunda reflexión. No dudaba de que existía una
escapatoria, ¿pero cuál? La encontraría pasado el tiempo.

1 comentario:
No la soporto desde que leí "Ácido sulfúrico". No creo que vuelva a tocar un libro suyo. No se puede jugar con algunas cosas ni hacer ciertas comparaciones por pura dignidad humana, ni siquiera si eres la Nothomb y ves un filón (¿filómb?, deberían ser sinónimos), y ves un filón, decía para parecer más ingeniosa que nadie. Y para vender, vender, vender, con poquííííísimo esfuerzo.
¿Se nota que me cae mal? ;)
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